Durante años, Ann sintió que estaba llegando tarde a una meta que parecía tener fecha de caducidad

Captura de pantalla del vídeo de Ann en Instagram.


Cuando Ann no consiguió la nota necesaria para entrar en la universidad quería, esta estudiante decidió matricularse en Psicología a través de la UNED. "Me daba mucho miedo perder un año de mi vida", reconoce a Redacción Médica. Pero lo que parecía una solución provisional, acabó convirtiéndose en un viaje de siete años marcado por la soledad, los suspensos y la presión de no cumplir las expectativas ajenas. 

"Yo no sabía lo que se me venía encima", afirma. Acostumbrada a estudiar siempre de forma presencial, se encontró de repente sola frente a una pantalla. Además, el inicio de la carrera coincidió con la pandemia. "No tenía compañeros con los que desahogarme o estudiar. Estaba pasando todo eso yo sola, aunque soy consciente de que la UNED es así", cuenta a sus cientos de seguidores. 





Entre suspensos y etiquetas 


Las dificultades académicas no tardaron en aparecer. "Empecé a suspender y todas esas cosas que me habían dicho de pequeña me las empecé a creer", relata. Hubo incluso un año en el que repitió casi todas las asignaturas, lo que acabó reforzando todavía más su sensación de fracaso.  

Pero la estudiante explica que la presión no venía únicamente de los exámenes. También pesaban los comentarios que había escuchado desde niña. "Siempre me habían dicho que no tenía capacidad para estudiar, que era tonta y que tenía que estar en un nivel inferior", recuerda. 

Ann explica que, cuando esa mala etapa se mezcla con los comentarios acumulados, llega un punto en el que se replantea si de verdad esos comentarios son ciertos


"Empecé a suspender y todas esas cosas que me habían dicho de pequeña me las empecé a creer" 




Aprender al ritmo de cada uno 


Durante años, Ann sintió que estaba llegando tarde a una meta que parecía tener fecha de caducidad. "Claro que me hubiera gustado acabar la carrera en cuatro años, ojalá; pero hay veces que la vida no sale como la planeamos", defiende. Sin embargo, con el tiempo llegó a una conclusión: el valor de una persona no puede medirse por el tiempo que tarda en conseguir un objetivo.

"No merezco ser castigada, juzgada o menospreciada por no haber cumplido con el tiempo estipulado para terminar una carrera", reivindica. Una reflexión que comparte ahora en redes sociales, donde cientos de estudiantes se han sentido identificados con su historia. 

Para ella, el punto de inflexión llegó cuando decidió dejar de medir su valía por los resultados. "Hubo un momento en el que me cansé de fracasar, de creer lo que los demás decían de mí y de que fueran otros quienes decidieran cuándo tenía que rendirme". Entonces cambió su mentalidad y quiso seguir hacia delante. "Me adapté, me esforcé el doble y empecé a aprobar poco a poco", afirma. 


"No merezco ser castigada, juzgada o menospreciada por no haber cumplido con el tiempo estipulado para terminar una carrera" 




Un camino lleno de aprendizajes 


Lejos de arrepentirse del camino recorrido, asegura que estos años le han dejado aprendizajes que van mucho más allá de los apuntes. "He aprendido a caerme y levantarme tantas veces como haga falta, que mi valor como persona no depende de una nota y que tardar más no significa valer menos", recalca. 

Por eso, hoy defiende que cada estudiante tiene que avanzar a su propio ritmo. "No importa que tardes cuatro, cinco o doce años. Tu proceso es tuyo, tu vida es tuya y nadie tiene derecho a decirte cómo debes vivirla ni cuándo debes rendirte", señala. Y aunque el trayecto haya sido más largo de lo esperado, tiene claro que seguirá adelante: "Para mí, ser psicóloga ha sido importante toda mi vida y no me veo siendo otra cosa".
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