Los tomates cuentan con un antioxidante muy importante para la salud cardiovascular
El tomate es uno de los ingredientes estrella de la cocina mediterránea, y no es para menos, ya que ofrece múltiples opciones a la hora de cocinarlo y es la base de algunos de los platos más emblemáticos de la gastronomía. Pero, más allá de su uso culinario, este alimento contiene uno de los
antioxidantes naturales más potentes que conoce la ciencia: el licopeno. Se trata de un pigmento que da al tomate su característico color rojo y que, según la evidencia acumulada, tiene una
capacidad real de proteger el corazón.
Lo que no todo el mundo sabe es que la forma en que se consume el tomate determina, en gran medida, cuánto licopeno llega a aprovecharse realmente. En este sentido, el cardiólogo
Aurelio Rojas ha comentado en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram (@doctorrojass) los
beneficios cardiovasculares del tomate a raíz de los resultados de una revisión sistemática publicada en 2019 en la revista
Critical Reviews in Food Science and Nutrition.
Este informe analizó la relación entre el consumo de tomate, los niveles de licopeno y el riesgo cardiovascular en múltiples estudios. En él los investigadores descubrieron que “las personas con una mayor ingesta de tomate o con niveles más altos de licopeno presentaban un
menor riesgo de problemas de corazón, como un infarto”, detalla Rojas.
¿Por qué el licopeno protege el corazón?
El licopeno es un componente que protege el corazón gracias a que actúa sobre
dos de los procesos clave en el desarrollo de la
enfermedad cardiovascular. “Es uno de los antioxidantes naturales más potentes que conocemos y
ayuda a reducir la oxidación del colesterol LDL, uno de los primeros pasos en la formación de las placas de colesterol”, cuenta Rojas.
Pero no solo eso, pues también “
mejora la función de nuestras arterias, contribuyendo a disminuir la inflamación; dos procesos fundamentales para proteger nuestro corazón”, explica el especialista. No obstante, según el cardiólogo, este efecto puede variar en función de si el tomate está cocinado o no. “
El tomate cocinado contiene un licopeno mucho más fácil de absorber que el tomate crudo”, señala Rojas.
Pero hay un segundo factor igual de importante. El
licopeno es liposoluble, lo que significa que necesita grasa para absorberse correctamente, “y la mejor es
aceite de oliva virgen extra”, afirma el médico. “Por eso, una salsa de tomate casera cocinada con aceite de oliva virgen extra puede aportar más licopeno aprovechable que un tomate crudo por sí solo”.
Como orientación práctica, incluir una ración de tomate al día de entre
100 y 200 gramos, ya sea en ensalada, triturado o en salsa casera con aceite de oliva, es una forma sencilla de incorporar este compuesto dentro de un patrón de alimentación saludable, según detalla el propio Rojas en el texto que acompaña al vídeo.
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