Javier Pardo, jefe de Neurología de la Jiménez Díaz, prioriza investigación a tratamiento en esclerosis múltiple

Javier Pardo, jefe de Neurología de la FDJ cuestiona la medicalización excesiva en enfermedades como esclerosis múltiple
Javier Pardo.


21 mar. 2023 8:00H
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Desde pequeño siempre ha sentido atracción por los misterios sin resolver. Este afán detectivesco es lo que ha llevado a Javier Pardo a plantearse la Neurología como una especie de juego de ingenio en el que cada caso y cada paciente suponen un reto, especialmente aquellos en los que resulta difícil establecer un diagnóstico. Como jefe del Servicio de esta especialidad, espera algún día ganar la partida de enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis múltiple o el alzheimer.

Mientras tanto, su estrategia y la de su equipo de neurólogos en la Fundación Jiménez Díaz, se dirige a intentar reducir el comodín de la medicalización de la sociedad y incentivar la investigación social para recopilar todas las piezas clave del paciente y hacer que el puzzle encaje. Así lo contaba en esta entrevista realizada para el pódcast 'Jefatura de Servicio'

Asumía el cargo de jefe de Servicio en un momento delicado, en mayo de 2021, con el Covid-19 todavía presente en nuestras vidas. ¿Qué obstáculos había que sortear entonces en esta área de Neurología en un contexto pandémico?
 
Efectivamente, como bien dice, fue en mayo del 2021, ya teníamos un año de experiencia con la pandemia. No era marzo del 2020, que fue cuando nos pilló de sorpresa. Venía de la dirección médica del Hospital Rey Juan Carlos, donde nos tuvimos que organizar para hacer frente a aquello que era desconocido para todos, tanto a nivel político como a nivel clínico, como a nivel de gestión sanitaria. Había que establecer una serie de medidas como son intentar evitar las hospitalizaciones desde el manejo más domiciliario, implantar las teleconsultas o consultas telefónicas...Yo creo que la pandemia ha sido el catalizador de la tecnología de la teleasistencia. Quiero decir, la teleasistencia es una tecnología que ya estaba implantada y que no tenía mucho desarrollo. Nosotros sí que hacíamos teleictus, pero no era un recurso al que recurríamos habitualmente. Y como ocurre, insisto, en las curvas de evolución de todas las tecnologías, hay un elemento catalizador que de repente produce una disrupción, que hace que se implemente de manera masiva. Un elemento catalizador ha sido la pandemia. ¿Qué es lo que hizo? Pues que toda esta atención no presencial -a través de consulta telefónica, videoconsulta, formularios vía portal web- o bien evitar hospitalizaciones que tradicionalmente llevamos a cabo, un manejo más domiciliario, de repente, más que introducirse, nos atropelló y fue la manera que tuvimos de adaptarnos.
 
Con lo cual podríamos decir que la telemedicina también ha venido para quedarse en el área de Neurología, ¿no?
 
Sí, por supuesto. El teleictus era una realidad asistencial que ya existía. Quiero decir la posibilidad, sobre todo en un proceso dependiente del tiempo como es el código ictus y con la escasez de Recursos Humanos que tenemos. Me refiero, no hay posibilidad de tener un neurólogo a las puertas de Urgencias de todos los lugares de Madrid, España y el mundo. Disponer de una tecnología, una cámara que permita al médico que está en la urgencia, mostrarle lo que le está pasando al paciente a 700 kilómetros de distancia. Y tú, bueno, indicar el tratamiento, ya que tienes una ventana temporal estrecha para aplicarlo. Obviamente, esto ya se estaba realizando, pero la situación ha hecho que eso esté ya absolutamente implantado. Y luego, algo que todavía no estaba especialmente desarrollado, como era el seguimiento de algunas patologías crónicas vía no presencial, vía consulta telefónica o vía portal de paciente, etc. La necesidad de no acudir a los centros hospitalarios por el riesgo de contagio y sobre todo porque estábamos atendiendo pacientes con covid. Esa necesidad hizo que estas medidas de telemedicina se implantaran con mucha mayor profusión. 
 
¿De qué patologías podríamos estar hablando?
 
Cefaleas, deterioro cognitivo, seguimiento analítico en pacientes epilépticos y seguimiento analítico de tratamiento en pacientes con esclerosis múltiple. Es decir, el abanico o el espectro de patologías de la Neurología que permiten un seguimiento no presencial es amplio. Ya la Academia Americana de Neurología había publicado un documento acerca de cómo hacer esta valoración no presencial antes de la pandemia y luego han salido varios documentos de la Sociedad Española de Neurología. Y hemos discutido los jefes de Servicio al respecto: la valoración síncrona, la valoración asíncrona, los medios, los canales de comunicación entre nosotros y los pacientes, para que sea un acto clínico efectivo y que sea eficiente. Y bueno, insisto, ha venido para quedarse.
 
Es responsable de un Servicio reconocido a nivel nacional e internacional. De hecho, neurólogos de España y otros países vienen a rotar a las unidades de epilepsia y de movimientos anormales aquí en la Fundación Jiménez Díaz. ¿Cuáles diría que son los pilares sobre los que descansa el prestigio de esta área?
 
Con respecto a la Fundación Jiménez Díaz y su tradición investigadora, yo fui alumno de este centro y viví en sesiones académicas, en aulas, anfiteatradas que daban un aura y una aureola de majestuosidad y de excelencia a lo que se hacía. Obviamente esa tradición ha perdurado y persiste. Además de en epilepsia, en trastornos de movimiento y deterioro cognitivo, somos una referencia nacional e internacional por los estudios o por las investigaciones en genética de determinadas enfermedades. Y esto sigue siendo así.
 
Y a la vista de ese potencial investigador, ¿hay alguna técnica o algún procedimiento en el que este centro haya sido puntero o pionero en su aplicación?
 
Ahora mismo ensayos en Terapias Avanzadas, terapias génicas para la enfermedad de Lafora, para enfermedad de Huntington, etcétera. Nosotros participamos en ello y esto es absolutamente novedoso, vanguardista y de primera línea de investigación.
 
Sí, de hecho, el laboratorio de Neurología de este centro es uno de los más importantes en el mundo en la investigación de esa enfermedad que citaba, la enfermedad de Lafora, una forma de epilepsia rara que aparece en adolescentes y niños. ¿Qué líneas investigadoras se han llevado a cabo en concreto?
 
Esto lo lidera el médico José María Serratosa, que es una referencia nacional internacional en enfermedad de Lafora y terapias génicas. Pero no sólo son líderes a nivel de investigación, son referentes a nivel asistencial en el manejo de pacientes complejos con una Unidad de epilepsia, por la que, como bien ha comentado antes, rotan residentes de toda España para aprender las técnicas. Para aprender el manejo y conocer de primera mano qué es lo que hace un Servicio, una Unidad de epilepsia excelente, con estos pacientes difíciles y complejos, donde en otros sitios a lo mejor no se les puede dar solución o salida a su problema. Son muchos los años que llevan trabajando en investigación y tratamiento de estas enfermedades raras y complejas, y son, sin duda alguna, una de las referencias y orgullo de nuestro Servicio.
 
Después de haber sido jefe de Servicio en otros tres hospitales, ¿qué diferencias encuentra entre la Neurología de la Fundación Jiménez Díaz y la que se practica en el resto de centros?
 
Yo era jefe de Servicio de los hospitales Rey Juan Carlos, Infanta Elena de Valdemoro y General de Villalba, que era una red de hospitales de un menor nivel asistencial y como tal, con menor Recurso Humano. Pero lo que hicimos fue intentar que el paciente de las áreas sanitarias asignadas, ya sea la zona de Móstoles que le correspondía al rey Juan Carlos, Valdemoro o Villalba respectivamente, no tuviera que moverse o desplazarse a un hospital de mayor nivel asistencial. Porque, por poner un ejemplo, si en el hospital de Valdemoro había dos o tres neurólogos, pues no podía haber unidades de todas las subespecialidades de Neurología y a lo mejor, no tenía cómo tratar su patología neuromuscular. Si tienes una ELA, tendrías que ir al 12 de Octubre o al Hospital Clínico San Carlos. ¿Qué es lo que hicimos nosotros? Juntamos o hicimos un equipo conjunto de los neurólogos de los tres hospitales y el especialista de cada una de las subespecialidades, era el que se iba moviendo entre los tres centros, de tal manera que, una persona, en vez de tener los cinco días su actividad laboral en el mismo sitio, un día estaba en un sitio y otro día estaba en otro. ¿Esto que permitía? Que hubiera la oferta de todas las subespecialidades en todos y cada uno de los centros. Evitabas que los pacientes tuvieran que ser derivados a otro centro de mayor nivel asistencial. Eso es por la especial característica de cada uno de los centros que dan un nivel asistencial inferior. Aquí es diferente, porque este es un hospital con 26 neurólogos, donde todas las subespecialidades están presentes y por lo tanto no hay necesidad de que, ni que venga nadie de fuera, ni que los pacientes tengan que ir a ningún otro lado porque contamos con todos los recursos posibles. Es más, por ejemplo, se hace Neuroncología, que también se hace en el Rey Juan Carlos, en Valdemoro y en Villalba. Una Oncología que no se hace en otros centros de la Seguridad Social aquí en Madrid. Es decir, que la diferencia es el volumen, el tamaño, el nivel asistencial de los centros. Pero bueno, no dejaba de ser un reto interesante el integrar y formar el equipo que se moviera. Fue una experiencia muy enriquecedora.


"Creo que lo más difícil para alguien que tenga que dirigir es el recurso humano"


 
¿Diría que esa gestión de equipos es lo más complicado?
 
Sin duda, pero creo que esto es absolutamente transversal, independientemente del sector. Yo creo que lo más difícil, lo más complejo para alguien que tenga que dirigir, es el Recurso Humano y gestionar un equipo con sus diferentes sensibilidades. Te toca hasta gente del Atleti.
 
Tenemos entendido que es una especie de Sherlock Holmes de la Medicina al ser un apasionado de los casos sin diagnóstico. ¿Cuál es su estrategia con estos pacientes?
 
Me encanta la literatura y desde pequeñito siempre me ha encantado jugar a juegos de ingenio: Cluedo, juegos de tipo estrategia, etcétera. Entonces, yo la Medicina me la planteo como la resolución de un caso, como si de una novela negra se tratase. Y Sherlock Holmes, perdón por la petulancia, quizá es el parangón o el símil más cercano. Sus dotes fundamentalmente eran de observación y deducción. Él, a partir de los escritos de Sir Arthur Conan Doyle evidentemente, lo que hacía era, viendo al denunciante o al que le venía a proponer el caso y todos los los rasgos o las características que podía tener y con una serie de preguntas dirigidas, proceder a la resolución del mismo. Yo lo que intento transmitir a los residentes y a los médicos adjuntos jóvenes, es la importancia de observar y escuchar muchísimo a los pacientes, que a su vez, fue lo que a mí me enseñaron mis maestros de aquí Gonzalo Marín en la Fundación Jiménez Díaz y Antonio Vázquez en el Clínico San Carlos. Escuchar, escuchar, escuchar. Porque a partir de lo que los pacientes te digan y a partir de lo que tú puedas ver, en cómo se mueven, cómo se relacionan con la familia, etc, puedes llegar a comprender o a entender algunas cosas que son inexplicables con las pruebas que les has realizado. No deja de ser cada caso un reto diagnóstico y un desafío. Con lo cual, en la medida en la que te gusta jugar, pues esto no es más que una actividad detectivesca. Te pones a ello y ya está.
 
¿Y que sensación crea el hecho de resolver el enigma y hallar una solución?
 
Alguna vez, en una comida informal o una tertulia, algún amigo o algún familiar me ha planteado "¿Oye tú has tenido la sensación de haber salvado la vida a alguien?", que es algo muy trascendente. Y cuando esto pasa, pues por ejemplo cuando diagnosticas una meningitis bacteriana que es un cuadro que es mortal en pocas horas o un trastorno, que de no haber puesto un suplemento dietético o un suplemento hormonal hubieran tenido unas consecuencias importantes, la sensación de bienestar, de confort, de haber hecho bien el trabajo, como cualquier persona, pues es grandísima, claro.
 
Cuenta también con una experiencia consolidada en el campo de los trastornos neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer. ¿Qué retos ha conseguido alcanzar el servicio en este sentido?
 

Aquí la Unidad de patología cortical, liderada por Estrella Gómez Tortosa, lleva muchísimos años trabajando también en genética familiar de demencias. Está compuesta por Pablo Agüero, María José Saez, como la neuropsicóloga... Somos de los pocos Servicios de Neurología en el ámbito público español, donde la neuropsicóloga está en nómina, es decir, está dentro del staff y no está financiada por otras vías, como ocurre en muchas otras unidades. Me preguntaba acerca de la patología neurodegenerativa. Bueno, la epidemia del siglo XXI es la enfermedad de Alzheimer. Tú ves las predicciones, lo que se supone que va a ocurrir y es un drama, porque es una enfermedad que está asociada al envejecimiento y el envejecimiento, gracias a Dios viene porque como hemos aumentado la esperanza de vida, han mejorado nuestras condiciones de vida, hemos mejorado mucho en el diagnóstico y tratamiento de otras entidades que antaño podían ser mortales. Esto hace que lo que está asociado al envejecimiento, Parkinson, ictus o alzheimer, evidentemente vaya a estar mucho más presente. Ya la Organización Mundial de la Salud recomienda esto y nosotros estamos trabajando en este tema. En la enfermedad de Alzheimer hay que identificar tres roles que yo creo que son fundamentales. Hay que intervenir sobre los tres y en la mayoría de ocasiones debe ser intervención no farmacológica. Se trata del rol del paciente, el rol del cuidador principal, que no hay que olvidar que suele ser en muchas ocasiones el cónyuge de la misma edad y que tiene otra serie de patologías que él o ella olvida pero los que están alrededor del paciente con esa enfermedad también nos olvidamos que él o ella tiene 83 años y cuando este desaparece, de repente se viene todo encima para esta otra persona, el cónyuge. Y en tercer lugar, la familia. Es decir, hay que trabajar sobre los tres roles porque cada uno de ellos tiene un papel determinado, porque cada uno de ellos necesita nuestra ayuda y a cada uno de ellos hay que intentar acompañarle en este, que es un trastorno que por desgracia a día de hoy no tiene cura, pero que podemos mejorar mucho la calidad de vida de este conjunto si somos todos conscientes de que todos tenemos una o todos tienen una cierta responsabilidad y una necesidad de tratamiento desde el principio.


"En la enfermedad de Alzheimer hay que identificar tres roles fundamentales: el paciente, el cuidador principal y la familia"




Hoy en día es extremadamente frecuente que, de la familia, uno viva en Londres, otro viva aquí...Entonces, el que viene de Londres dice "Pero si yo cuando veo a mi padre está fenomenal. No sé lo que dice mi hermana que es". Y en realidad la que está aquí todo el día y vive esa realidad es ella. Entonces, que todo el mundo sea consciente desde el principio. Y esto es lo que pasa, esto es lo que va a ir pasando y esto es a lo que yo creo que nos debemos anticipar. La institucionalización, la serie de síntomas que requiere un trastorno conductual...No habla el paciente, habla la enfermedad cuando hay agresividad, cuando hay reproches, cuando hay delirios, que muchas veces el cónyuge lo sufre porque, de repente, oye de su marido o de su mujer palabras que no había oído en la vida e insultos. Todo esto hay que manejarlo desde el principio y anticiparse a ello para que todo el mundo sea consciente.
 
Por tanto, teniendo en cuenta estos tres roles ¿hasta qué punto las condiciones socioeconómicas y culturales pueden afectar no solo al desarrollo de la enfermedad, sino también a la esperanza de vida?
 
Me encanta que me haga esta pregunta, porque yo soy un fiel creyente de todo esto. Es decir, si de algo adolece, creo, la Medicina española o la Medicina en general es de investigación social. En 1970, Marc Lalonde, que era ministro de Sanidad, abogado y canadiense, que estableció el concepto de campo de salud y los determinantes de la salud que incidían en la esperanza de vida. Y resulta que la genética, pero sobre todo las condiciones socioeconómicas y las condiciones socioculturales son las que más determinan el número de años que uno vaya a vivir. Mientras que la provisión de servicios sanitarios, el diagnóstico y el tratamiento, lo que hacemos nosotros, ya sea público, privado o mediopensionistas, si se me permite la expresión, es un 10 por ciento, pero sin embargo consume el 90 por ciento de los recursos. Si nosotros invertimos muchísimo más en educación, en formación, en concienciación de la población de hábitos -ahora cada vez se implica más a los factores de riesgo cerebrovascular como potenciales responsables de la enfermedad neurodegenerativa- , como hábitos alimentarios saludables, deporte, no fumar, no ingesta de tóxicos... Y luego ha habido un factor neuroprotector ya demostrado que es esencial: el ejercicio. Y se ha publicado, yo creo que fue el verano pasado, el ajedrez como la terapia o el juego o la intervención no farmacológica más neuroprotectora que hay con respecto a la enfermedad de Alzheimer. Entonces yo a mis pacientes les hablo de estimulación cognitiva y la estimulación cognitiva es en el ámbito social, personal y familiar. Salir todo lo que uno pueda, relacionarse todo lo que uno pueda: tertulias, cines, teatros, viajes, hablar... Y a nivel personal, si no puede salir por las condiciones climatológicas, pues actividades manuales, lectura, escritura, pintura, costura, corsetería y marquetería, es decir, lo que sea. Intentar estar activo lo máximo posible. Y el juego, que es planificación, que es anticipación, que es atención como terapia. En la medida en la que somos conscientes de que todos estos hábitos y que leer te da una reserva cognitiva, etcétera todo esto incide positivamente en la menor incidencia, valga la redundancia, del alzheimer. Estoy convencido.
 
Sin salir de este compartimento de las enfermedades neurodegenerativas. ¿Qué avances se han conseguido en el campo de otras como la esclerosis múltiple en estos últimos años? Tenemos entendido que actualmente se están investigando biomarcadores de respuesta celular y molecular a tratamientos...
 
La esclerosis múltiple es uno de los grandes problemas que tenemos en el futuro de la Medicina, porque es un ejemplo perfecto de lo que, a mi modo de ver, y esta es una opinión personal, no se debe hacer. En la esclerosis múltiple creo que hay un excesivo sobrediagnóstico y, por tanto, un sobretratamiento. Sobrediagnóstico es establecer una etiqueta precozmente a una entidad que, a lo mejor, sin poner ningún tipo de tratamiento, no va a evolucionar de ninguna de las formas. Pero ahora, tenemos el mantra del 'sooner the better', cuanto antes mejor. No sólo es aplicable a la esclerosis múltiple, sino que es aplicable a muchas otras disciplinas y lo que hace es, desde el principio, etiquetar a alguien como enfermo y medicalizarle. Y bueno, un consumo de recursos que probablemente sea innecesario y que en aras de la sostenibilidad hay que manejarlo. Entonces, volvemos otra vez a lo mismo. En la mayoría de las ocasiones no tenemos un tratamiento curativo porque no sabemos la causa. Por lo tanto, intentemos avanzar en la investigación de las causas, no de los hipotéticos remedios que son los tratamientos. No. Vamos a intentar que la gente no enferme. No diagnosticarla antes, no. Que la gente no enferme. Porque si tú diagnosticas precozmente una entidad que no tiene a día de hoy tratamiento, lo que estás haciendo es que vean a un enfermo que está medicalizado con un estigma. E insisto, en aras de la sostenibilidad financiera del sistema, consumidor de recursos probablemente innecesarios. Y la esclerosis múltiple está en esta línea. Hay que tener cuidado con ello.
 
Entonces, ¿habría que centrarnos en investigar el principio, las causas, y no tanto el final, los tratamientos para hacer que una persona no enferme?
 
Esta es la cuestión. Es donde hay que investigar. Investigación social, hábitos de conducta, genética... Trabajemos por ahí. Démosle una oportunidad a esto. A esto, hasta ahora no nos hemos dedicado. Nos hemos dedicado a todo lo demás. Y efectivamente, hay muchos otros tratamientos y tratamientos que parecen más eficaces de los que teníamos. Esto nadie lo discute. También, insisto, al tener mayor número de casos diagnosticados y sin base poblacional, y el efecto es el mismo, pues evidentemente los resultados son mejores, pero es una cuestión estadística matemática, no es una cuestión real.
 
¿Y qué hay de esos trastornos que llegan un poco a veces "sin avisar"? Hablábamos antes del ictus, también la aneurisma. ¿Cómo ha mejorado su diagnóstico?
 
A ver, en procesos que dependen del tiempo, es decir, que son súbitos y en los que la intervención médica en una ventana terapéutica temporal más o menos estrecha modifica el pronóstico tanto de mejora de la morbilidad, es decir, de la discapacidad asociada al problema, como de la mortalidad -aparte de que, el antes es hábitos de vida saludables, no fumar, no vida sedentaria, una dieta saludable, control del azúcar y la hipertensión en caso de que seas diabético o hipertenso-  un circuito asistencial marca la diferencia. Establecer un circuito asistencial que funcione coordinadamente y que haga que efectivamente llegues a tiempo. Esto está perfectamente trabajado y desarrollado en la Comunidad de Madrid y en el resto de España con el Código Ictus que está vigente, donde el paciente, ante una determinada sintomatología de instauración, más o menos brusca, llama. Luego, primero hay que empezar con campañas de concienciación a la población, a la sociedad, de que si alguien pierde bruscamente la visión, el habla o la fuerza, que no se vaya a la cama y diga "Ya iré mañana al médico", sino que demande atención sanitaria inmediatamente. Y, una vez que se pone en marcha ese Código Ictus detectado por una persona que está al otro lado del teléfono, pues que todo -el transporte extrahospitalario, el manejo intrahospitalario hasta el escáner, la administración del tratamiento-, todo ese circuito asistencial funcione perfectamente coordinado, que esté todo engrasado. Todo eso permite que la administración del tratamiento sea en esa ventana terapéutica y eso es lo que impacta en el pronóstico. Un ejemplo. Tú puedes ser la persona más potentada del mundo, con los mejores recursos y perfectamente controlados tus factores de riesgo. Tienes un ictus en una zona de España, donde a lo mejor la orografía es dificultosa, como Galicia o una isla. Si no está establecido un circuito en el que alguien te puede teleasistir, de ahí el teleictus, y va una ambulancia y te lleva al centro donde te van a poner el tratamiento...El resultado es infausto. Ahora, sí esto está establecido, el circuito asistencial funciona, llegarás a tiempo y se te podrá poner el tratamiento. Por lo tanto, no es solo diagnosticar bien el ictus, sino tener un circuito coordinado de todos los actores que participan en ello. Desde el celador que transporta al paciente, la enfermera que coge la vía, el técnico de Radiología que hace la prueba, el radiólogo que informa, el neurólogo que valora... Que todos estén perfectamente coordinados, que todos sepan exactamente lo que tienen que hacer y que cada uno se sienta muy importante en lo que hace.


"En procesos que dependen del tiempo, un circuito asistencial marca la diferencia"


 
Hablábamos antes de esa genética, ¿qué sabemos de la relación hoy en día entre el código genético y las epilepsias, o por ejemplo, las posibilidades de heredar una demencia degenerativa?
 
La genética es en un 25 por ciento la responsable de la esperanza de vida. Estaba en los determinantes de salud que comentábamos antes descritos por Lalonde. En la medida en la que hemos avanzado en investigación, cada vez se están implantando más terapias génicas, porque efectivamente pueden ser estos los tratamientos etiológicos, es decir, los que curen enfermedades determinadas genéticamente. Obviamente también influye mucho el ambiente, las condiciones, los factores exógenos para que alguien con una determinada constitución genética desarrolle una enfermedad. Pero si conocemos esa base y si avanzamos en el tratamiento de terapias técnicas, indudablemente estaremos mucho más cerca de la solución.
 
¿Qué hallazgos le gustaría ver en manos de los pacientes antes de que acabe su etapa como jefe de Servicio?
 
Pues a mí me encantaría que acabáramos con esta medicalización de la sociedad. Si hay algo que ha traído la pandemia, que es muy malo y que el otro día leía en un libro de Javier Cercas, es la dependencia. La herramienta que tienen los malos para controlar al resto es el miedo. En la medida en la que acabemos con el miedo, en la medida en la que volvamos a la normalidad, en la que nos abracemos, nos demos la mano, nos saludemos y convivamos como antes, yo creo que habremos mejorado. Ya hay datos de que la salud mental ha empeorado muchísimo y esto tiene que ver sin duda alguna con lo que nos ha pasado. Entonces, a mí me encantaría volver a la situación anterior, por lo menos a vivir como vivíamos.
 
A esa antigua normalidad, ¿no?
 
Exacto.
 
Como profesor, tutor y autor también de varios manuales CTO para la preparación del MIR, ¿a qué retos cree que deberán hacer frente los futuros neurólogos?

Los futuros neurólogos, los futuros enfermeros, los futuros carpinteros... El reto principal es un reto demográfico, la escasez de recursos. Es decir, hay poco de todo. Y bueno, por la parte que nos toca, de neurólogos, tendremos que ser capaces de no medicalizar la sociedad, no estigmatizar y entonces, si ante una escasez de oferta inhibimos la demanda será útil. Si verdaderamente tratamos a quien tenemos que tratar y además lo hacemos de la manera que lo debemos hacer, evitaremos hacer cosas innecesarias. No estaremos en inferioridad de condiciones. Hay que volver a tratar pacientes y no pruebas. Hay que recuperar la conversación y la Medicina eminentemente clínica. En las guardias, es una coletilla excesivamente instaurada, cuando de repente nos llaman a Neurología para comentar un paciente y a lo mejor alguno de los residentes contesta "Avísame con el escáner". ¡No! Bajamos y vemos al paciente. Ya veremos si necesita un escáner. Es a eso a lo que me refiero. Tenemos que avanzar en volver a hacer una Medicina mucho más clínica. Verdaderamente considerar enfermedad lo que es enfermedad y evitar el sobrediagnóstico. Y si evitamos el sobrediagnóstico, evitaremos la medicalización de la sociedad. Disminuirá ese miedo que hace que todo el mundo piense que ante cualquier mínima historia tiene algo que es irremediable y que genera una demanda que hace que las listas de espera sean mayores. Porque los recursos médicos somos los que somos y en un futuro van a ser menos. Por eso les interesa, desde luego, cambiarlo, porque si no va a ser insostenible.


"Hay que volver a tratar pacientes y no pruebas. Hay que recuperar la conversación y la Medicina eminentemente clínica"


 
Pasamos del futuro al pasado para hablar de su etapa como residente. Cabe reseñar que tuvo una gran cantidad de opciones a elegir tras quedar el número 64 en el MIR. ¿Por qué Neurología?
 

Por aquello de la Medicina y la Neurología como un juego, intentar resolver un caso, un juego de ingenio. Y yo tuve un maestro, Jorge Rábano, que era un neurólogo de esta casa, que era eso, eminentemente clínico y te transmitía su pasión por intentar averiguar lo que le pasaba al paciente. La Neurología tiene tres niveles diagnósticos: el semiológico, es decir, lo que te cuenta el paciente y lo que observas en la exploración, los signos y los síntomas; un diagnóstico topográfico, es decir, donde está localizada la lesión -esto no es que sea matemática, pero tiene un nivel de precisión alto y a mí, como amante de las matemáticas, me atraía-; y luego el diagnóstico etiológico, la causa, que es donde más tienes que escuchar al paciente, porque en un mínimo detalle puede estar la clave del asunto. Entonces, la que más me parecía que podía ser propia de un detective es esta especialidad.
 
¿Hay alguna historia que se le haya quedado especialmente grabada en su trayectoria como jefe de Servicio?
 
Bueno, yo creo que alegrías como la que nos llevamos cuando estaba en el Hospital Rey Juan Carlos, que nos acreditaron para la formación de residentes. En la gestión del conocimiento hay dos patas: la generación del mismo, que es la investigación y luego la difusión, que es la docencia y la formación. Entonces yo, que soy un convencido de que hay que cambiar las cosas, creo que los que las tienen que cambiar son los que llegan. Me gustaría intentar transmitirles lo que yo creo que se debería hacer. Luego ya evidentemente cada uno decidirá, pero sí sembrar esa semilla. Eso en aquel entonces, o aquí, por ejemplo recientemente, que la Fundación Jiménez Díaz  haya entrado  la Red de Atención al Ictus de la Comunidad de Madrid con Código Ictus prehospitalario, etc, son situaciones que me han hecho muy feliz. 

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