La clave para sospechar un origen hormonal no está en un síntoma aislado, sino en su persistencia y su evolución

Cristina López de la Torre, directora del área de Biomedicina y Odontología de la Universidad Europea.


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Cansancio persistente, cambios inexplicables de peso, alteraciones del estado de ánimo o problemas de sueño son algunos de los síntomas que afectan a una gran parte de la población y que, a menudo, se atribuyen al estrés o al estilo de vida. Sin embargo, Cristina López de la Torre, directora del área de Biomedicina y Odontología de la Universidad Europea, explica que detrás de estas señales “puede esconderse un desequilibrio hormonal leve, una alteración funcional que, pese a no manifestarse como una enfermedad evidente en las analíticas convencionales, tiene un impacto real en la calidad de vida y en la salud a largo plazo”.

Estos desajustes, como el hipotiroidismo subclínico, la resistencia a la insulina o las fases iniciales del síndrome de ovario poliquístico, representan desviaciones discretas que pueden pasar desapercibidas en un primer examen. “Una de las cuestiones más frecuentes es por qué muchas analíticas aparecen dentro de la normalidad cuando el paciente continúa con síntomas”, explica López de la Torre. La experta aclara que los rangos de referencia se construyen a partir de promedios estadísticos y no siempre reflejan el nivel hormonal óptimo para cada individuo. "Existe una importante variabilidad biológica individual y cada persona tiene su propio ‘punto de ajuste’ hormonal", señala.

Las hormonas que con mayor frecuencia presentan estas alteraciones sutiles son las tiroideas, la insulina, el cortisol, la testosterona y los estrógenos. Según López de la Torre, sus desajustes tienen consecuencias directas como “pequeñas elevaciones de la TSH (hormona estimulante de la tiroides) que se han relacionado con un mayor riesgo cardiovascular, la resistencia a la insulina con inflamación crónica y elevaciones mantenidas de cortisol por estrés crónico que se vinculan con acumulación de grasa visceral y alteraciones inmunológicas”.

La clave: la evolución de los síntomas a lo largo del tiempo


El error más común en el abordaje de estos cuadros es doble. Por un lado, "la infravaloración de síntomas persistentes, atribuyéndolos exclusivamente a causas psicológicas o al estilo de vida", y por otro, "el exceso de pruebas hormonales sin una sospecha clínica bien fundamentada", advierte la doctora. La clave no está en un síntoma aislado, sino en su evolución en el tiempo y en la agrupación coherente de varias señales, como la asociación de alteraciones menstruales con acné, que puede sugerir un hiperandrogenismo.

Para evitar que estos desequilibrios evolucionen hacia trastornos crónicos como la diabetes tipo 2 o el hipotiroidismo clínico, la estrategia más eficaz es una valoración clínica longitudinal que integre la historia del paciente con sus factores de riesgo. "Las intervenciones sobre estilo de vida, nutrición equilibrada, ejercicio de fuerza y resistencia, manejo del estrés e higiene del sueño, han demostrado mejorar la sensibilidad a la insulina, modular el eje del cortisol y favorecer un mejor equilibrio metabólico", concluye la experta.

Es por ello por lo que los desequilibrios hormonales leves representan una señal de alerta que no debe ser ignorada. El abordaje más adecuado se basa en un equilibrio entre no medicalizar cualquier variación fisiológica y no banalizar los síntomas persistentes.
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