Un metaanálisis publicado en The BMJ pone cifras a una realidad que preocupa a clínicos y pacientes: el peso tiende a recuperarse cuando se suspenden los fármacos para adelgazar, y esa recuperación puede ser especialmente rápida tras dejar los tratamientos más novedosos y eficaces. En concreto, el estudio estima que, una vez se interrumpe el uso de semaglutida o tirzepatida (Mounjaro), la recuperación de peso avanza a un ritmo medio de 0,8 kilos al mes, por encima del observado en otros grupos de adelgazantes analizados.
La investigación, una revisión sistemática y metaanálisis que reúne datos de 37 estudios y 9.341 participantes, evalúa cuánto y cómo de rápido se recupera el peso tras suspender medicamentos para el control del peso utilizados en adultos con sobrepeso u obesidad, además de analizar qué ocurre con varios marcadores cardiometabólicos cuando se dejan de tomar.
El trabajo no presenta una comparación individual de todos los principios activos uno por uno, pero sí agrupa los tratamientos y establece un subgrupo que define como los "incretínicos más nuevos y más eficaces", concretamente semaglutida o tirzepatida. En ese subgrupo, el metaanálisis sitúa la mayor velocidad de recuperación tras la retirada: 0,8 kg al mes, frente a 0,5 kg al mes para el conjunto de incretínicos y 0,4 kg al mes para el conjunto total de fármacos para el control del peso incluidos en el análisis.
A partir de esos ritmos, los autores proyectan que el retorno al peso basal tras suspender el tratamiento se produciría aproximadamente en 1,5 años con semaglutida o tirzepatida, en 1,6 años con incretínicos en general y en 1,7 años en el conjunto total de fármacos analizados. En términos prácticos, el modelo del estudio estima que, en los 12 meses posteriores a dejar el fármaco, la recuperación media sería de aproximadamente 9,9 kilos en el grupo semaglutida/tirzepatida, frente a 6,0 kilos en incretínicos en conjunto y 4,8 kilos en el total de medicamentos para el control del peso.
En los ensayos clínicos controlados incluidos en el análisis, el estudio también calcula cuánto tarda en desaparecer la ventaja de peso respecto a los grupos control una vez se suspende la medicación. Según esas estimaciones, el tiempo hasta que el peso deja de diferir del control sería de 1,1 años para el conjunto de incretínicos, de 1,3 años para semaglutida o tirzepatida y de 1,4 años para el conjunto de todos los fármacos analizados. Además, el trabajo cuantifica que la recuperación de peso tras dejar estos tratamientos es más rápida que en los controles, con una diferencia de +0,8 kg al mes en el subgrupo semaglutida/tirzepatida.
El metaanálisis no se limita al peso. Los autores analizan qué ocurre con marcadores cardiometabólicos cuando se suspenden los fármacos y concluyen que los beneficios logrados durante el tratamiento tienden a revertirse con el tiempo, con una vuelta aproximada a los niveles basales en torno a 1,4 años tras la retirada. Entre los cambios estimados tras dejar el tratamiento, el estudio describe aumentos mensuales en presión arterial sistólica (+0,5 mmHg al mes), presión arterial diastólica (+0,2 mmHg al mes), colesterol total (+0,05 mmol/L al mes) y triglicéridos (+0,03 mmol/L al mes).
Dieta y actividad física, enemigos del efecto rebote para recuperar peso
Como comparación indirecta, el estudio estima que tras abandonar programas conductuales de pérdida de peso (dieta, actividad física y apoyo conductual), la recuperación sería menor, en torno a 0,1 kg al mes, frente a los 0,4 kg al mes tras dejar los fármacos para el control del peso en conjunto.
Los autores subrayan que, aunque los datos permiten estimar el patrón de recuperación, existen limitaciones. En particular, el seguimiento tras suspender algunos tratamientos, incluidos los más nuevos, es relativamente corto en muchos estudios, y parte de las conclusiones sobre el retorno al peso basal provienen de modelos estadísticos. Aun así, el mensaje principal que recoge el metaanálisis es que interrumpir los fármacos para adelgazar se asocia a una recuperación rápida de peso, y que esta tendencia es especialmente marcada en el subgrupo de semaglutida o tirzepatida, definidos en el propio estudio como los incretínicos "más nuevos y más eficaces".
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