Pablo Sierra, de Takeda; Lorena Toda, de FME; Carmen Lara, de Bayer; y Guillermo de Juan, de GSK.
La
sostenibilidad es desde hace tiempo un
eje estratégico de la industria farmacéutica, especialmente en su relación con las administraciones públicas. Ahora que la contratación sanitaria comienza también a incorporar criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), las compañías avanzan en modelos que buscan no solo mejorar su posicionamiento en licitaciones, sino también reforzar su papel como socios del sistema sanitario.
Y es que, como ha podido conocer
Redacción Médica de primera mano,
la sostenibilidad ya forma parte estructural del negocio. Desde Bayer, su responsable de comunicación corporativa y sostenibilidad en España, Carmen Lara, asegura que "la sostenibilidad forma parte de la estrategia de compañía de forma integral e integrada en sus divisiones, centros y cadena de valor". Esta
visión transversal es compartida por GSK, donde Guillermo de Juan, vicepresidente de Comunicación, Government Affairs y Market Access, subraya que se trata de "un elemento clave en nuestro compromiso con la salud de las personas y con el sistema sanitario en su conjunto".
En la misma línea, Fresenius Medical Care (FME) sitúa la sostenibilidad como "uno de los pilares fundamentales de la propuesta de valor" de la compañía, según explica Lorena Toda, managing director en Iberia. A esta visión se suma Takeda que, en boca de su director de Acceso y Asuntos Corporativos, Pablo Sierra, articula su estrategia en torno a tres grandes ejes (pacientes, personas y planeta), integrando los
criterios ESG en toda la actividad y posicionamiento institucional.
De la estrategia a la práctica: medir, reducir y demostrar
Más allá del discurso corporativista, las compañías coinciden en la
necesidad de traducir la sostenibilidad en medidas concretas, medibles y verificables, especialmente en un entorno de contratación pública cada vez más exigente.
La
reducción de la huella de carbono se sitúa como uno de los principales indicadores. Bayer destaca haber reducido un 40 por ciento sus emisiones en España, además de impulsar el "primer centro descarbonizado de su sector" y desarrollar
metodologías propias para medir el impacto ambiental de los medicamentos. Por su parte, GSK ha avanzado en la certificación de su huella de carbono bajo estándares internacionales, junto con medidas como el uso de electricidad 100 por cien renovable o inversiones industriales sostenidas, como su planta en Aranda de Duero.
En este mismo ámbito, Takeda ha fijado objetivos ambiciosos de descarbonización, con el compromiso de alcanzar cero emisiones netas en sus operaciones antes de 2035 y en toda su cadena de valor antes de 2040. Este enfoque se complementa con el
uso creciente de energías renovables, la optimización del consumo de recursos y el rediseño de productos y envases bajo criterios de ciclo de vida.
Precisamente,
el enfoque "end to end" es otro de los puntos en común. FME apuesta por integrar la sostenibilidad desde el diseño del producto hasta su uso final, mediante herramientas como el análisis de ciclo de vida (LCA), que permite evaluar el impacto ambiental completo de sus soluciones. Este modelo también se refleja en GSK, que incorpora
principios de "green chemistry" desde las fases iniciales de investigación y desarrollo.
A ello se suma un creciente énfasis en la cadena de suministro. Bayer ha desarrollado un
área específica de "Sustainable Procurement" que evalúa a sus proveedores bajo criterios ESG, mientras que Takeda pone el foco en la resiliencia del suministro, un factor cada vez más valorado por las administraciones públicas.
Certificaciones, ratings y valor añadido
Otro elemento clave en esta transformación es la
proliferación de certificaciones y evaluaciones externas, que se están convirtiendo en un factor diferencial en los procesos de contratación. Certificaciones como ISO 14001 o EMAS, presentes en compañías como GSK o Takeda, aportan "trazabilidad, rigor y confianza" en la gestión ambiental.
Además, los ratings ESG refuerzan el
posicionamiento de las compañías como socios fiables. Takeda, por ejemplo, destaca su calificación "B" en ISS ESG y su posición entre las farmacéuticas mejor valoradas por Sustainalytics, mientras que Bayer ha sido reconocida como una de las compañías más sostenibles en España según Merco ESG.
|
"Hay avances, pero falta homogeneidad"
|
Pese a estos avances, las compañías coinciden en señalar que
la incorporación de la sostenibilidad en la contratación pública sigue siendo desigual. "Existe una evolución clara y positiva", reconoce GSK, aunque advierte de la necesidad de avanzar hacia "criterios medibles y comparables".
Esta falta de homogeneidad es uno de los principales retos identificados por el sector. Desde FME señalan que, aunque los criterios medioambientales están presentes, "no siempre se traducen en indicadores comparables, medibles o suficientemente ponderados". Una visión compartida por Takeda, que apunta que "
el precio sigue siendo el factor claramente dominante en la adjudicación", lo que puede limitar el incentivo para invertir en sostenibilidad.
En este contexto, las compañías reclaman "marcos más claros, estables y armonizados que permitan valorar
aspectos como la seguridad del suministro, el impacto ambiental o el valor social generado". Bayer, por su parte, pone el foco en la necesidad de involucrar a toda la cadena de valor, especialmente a las pymes, y en reforzar la colaboración público-privada para avanzar en este modelo.
Al final, el mensaje del sector es claro y se engloba en que la sostenibilidad ya está integrada en la estrategia de la industria farmacéutica, pero su consolidación en la contratación pública dependerá de la
evolución de los criterios de evaluación.
Las informaciones publicadas en Redacción Médica contienen afirmaciones, datos y declaraciones procedentes de instituciones oficiales y profesionales sanitarios. No obstante, ante cualquier duda relacionada con su salud, consulte con su especialista sanitario correspondiente.