Los farmacéuticos Rebeca Plou y Javier Marín.
La campaña de la Renta ha vuelto a situar a las
farmacias comunitarias en el foco de las obligaciones fiscales en este ámbito, ahora que el
refuerzo del control previsto por Hacienda de cara a este ejercicio
se ha hecho más efectivo.
Lejos de percibirse como un aumento de la inspección, profesionales comunitarios consultados por
Redacción Médica apuntan al
incremento progresivo de exigencias administrativas que está tensionando el día a día de estos establecimientos y que, según advierten, puede acabar afectando incluso a la calidad asistencial.
Más burocracia, menos asistencia
Desde su experiencia en Madrid, la farmacéutica Rebeca Plou describe
cómo este endurecimiento ya se está dejando notar en la práctica diaria. "Desde la farmacia lo estamos notando bastante, cada vez hay más control y más exigencia a nivel fiscal", explica. Aunque reconoce que el sector ya operaba bajo una regulación estricta, señala que ahora "hay como más presión en tenerlo todo perfectamente justificado: trazabilidad de ventas, control de stock, facturación súper ordenada…".
Este escenario tiene una consecuencia directa en la organización del trabajo dentro de la botica. "En el día a día esto se traduce en
más tiempo dedicado a gestión y menos a la parte asistencial", lamenta Plou, apuntando así a un desplazamiento de funciones que podría impactar en la atención al paciente, uno de los pilares del modelo de farmacia comunitaria en España.
Rebeca Plou, farmacéutica.
|
En esta misma línea se expresa el farmacéutico Javier Marín, quien desde Murcia matiza que "la sensación general en farmacia no es tanto 'nos van a perseguir más', sino 'cada vez es más complicado cumplir con todo'". Según detalla, la combinación de
mayor control, digitalización y exigencia en los registros obliga a las farmacias a "invertir más en programas, en asesoría y en tiempo para que todo cuadre perfectamente".
Este incremento de costes indirectos no siempre es fácil de absorber, especialmente en un contexto de márgenes ajustados. Marín subraya que "
no es que haya más inspecciones directas, es que cada vez cuesta más dinero y esfuerzo estar al día", lo que, a su juicio, "puede ir quitando rentabilidad poco a poco".
Las farmacias rurales, en el punto más vulnerable
El impacto, sin embargo, no es homogéneo en todo el territorio. Ambos profesionales coinciden en señalar que las farmacias rurales o de menor tamaño son las más vulnerables ante este nuevo escenario. En estos entornos, donde los equipos suelen ser muy reducidos,
la carga administrativa recae sobre uno o dos profesionales que deben compatibilizar tareas asistenciales, gestión empresarial y ahora también un mayor cumplimiento fiscal.
"En las farmacias rurales todo este aumento de obligaciones fiscales les cae igual que a una farmacia grande, pero sin los mismos recursos", advierte Plou. Esta falta de capacidad para repartir tareas o externalizar servicios puede traducirse en una
mayor presión operativa y económica. "Puede hacer que algunas vayan muy justas, porque no tienen ni tiempo ni dinero para adaptarse tan rápido", añade.
Marín coincide en este diagnóstico y profundiza en la
desigualdad estructural que puede generar este contexto. "En una farmacia grande o bien organizada, esto se puede asumir. Pero en una pequeña o rural, donde el titular hace de todo, esto pesa bastante más", señala.
"Más que miedo a Hacienda, lo que se está instalando es una
sensación de desgaste progresivo", concluye el farmacéutico. Un desgaste que, si no se equilibra, podría tener consecuencias no solo económicas, sino también en la calidad del servicio que reciben los pacientes, especialmente en las zonas más vulnerables.
Las informaciones publicadas en Redacción Médica contienen afirmaciones, datos y declaraciones procedentes de instituciones oficiales y profesionales sanitarios. No obstante, ante cualquier duda relacionada con su salud, consulte con su especialista sanitario correspondiente.