Las habilidades blandas son "fundamentales" para el desarrollo profesional, aunque su planteamiento genera dudas

Sergio Cook, psicólogo, y Antonio Compañ, presidente de la Conferencia Nacional de Decanas y Decanos de Facultades de Medicina Españolas.
Sergio Cook, psicólogo, y Antonio Compañ, presidente de la Conferencia Nacional de Decanas y Decanos de Facultades de Medicina Españolas.


Hace apenas unos días las comunidades autónomas culminaron con la publicación de sus notas de corte para acceder a los grados en el ámbito de Ciencias de la Salud. Se trata de algunas de las más altas para carreras como Medicina. Pero frente a este escenario, en el que el rendimiento académico cobra tanta importancia, también entra en juego una pieza clave: el desarrollo de las habilidades blandas o 'softskills' de quienes, dentro de algunos años, serán el sostén del Sistema Nacional de Salud (SNS).

Pese a que en un primer momento se hablaba de ellas como un "complemento a la ciencia" y a los aspectos cognitivos, ahora se habla de habilidades "fundamentales". "Hay que tener en cuenta que la profesión de un médico no es la de un científico aislado, estudioso de enfermedades. Eso no es un médico. Un médico es el que es capaz de tener interrelación con los pacientes y, por tanto, tiene que tener habilidades de comunicación y saber transmitirle confianza", señala Antonio Compañ, presidente de la Conferencia Nacional de Decanas y Decanos de Facultades de Medicina Españolas, en diálogo con Redacción Médica.

Para acceder a Medicina, por ejemplo, la nota de corte suele ser superior a 13, priorizando la evaluación de conocimientos, aunque este escenario, está cambiando en algunos países, que ya comenzaron a evaluar, con pruebas específicas, aspectos como el nivel de empatía o el saber estar con los pacientes, a quienes acceden a este grado, según explica Compañ. "En Inglaterra se hace desde hace bastante tiempo un tipo de prueba que lo que hace es poner al estudiante en una situación crítica y ver cómo responderá. Es una especie de juicio situacional, proponiéndole dilemas éticos o profesionales para que el chaval pueda contestar", detalla. Algo que en España se aplica en algunas universidades privadas, con una "especie de entrevista previa" que evalúa estos aspectos cognitivos, lo cual permite contar no solo con los alumnos que alcanzan las mejores notas, sino también con los "más vocacionales, los más humanistas". 


Una 'Selectividad' de aptitudes


El presidente de los decanos y decanas de Medicina se decanta por una "prueba específica" para quienes quieren entrar a una carrera de Ciencias de la Salud, aunque esto puede conllevar a escenarios adversos. "Cuando haces el MIR, te preparas en academias. Si hubiese un tipo de prueba especial de aptitudes o de habilidades de técnicas de comunicación y empatía con los pacientes, seguro que aparecerían academias privadas para preparar ese examen especial", señala, lo cual, plantea "problemas de equidad" con quienes no tienen capacidad económica. A esto se suma que el introducir este tipo de pruebas, teniendo en cuenta el amplio mapa autonómico, de facultades y universidades, "podría aplicarse con demasiada subjetividad y aparecerían diferencias importantes de una comunidad autónoma a otra".

En este aspecto coincide el psicólogo del Colegio Oficial de Psicólogos (COP) de Madrid, Sergio Cook, para quien esta posibilidad podría significar un "tema ético-moral complejo", planteando las siguientes preguntas: "¿Quién definiría qué aptitudes emocionales son valorables (y cuáles no) en un ámbito profesional? ¿Cómo evaluaríamos estas competencias si son, sobre todo, prácticas y actitudinales?".

"Deberíamos evaluarlas en un contexto naturalizado y eso resulta difícil. Si la persona sabe que está siendo evaluada, puede actuar de manera diferente a un contexto real. Quizás podríamos hablar de alguna prueba de tipo 'psicotécnico' como se hacen en algunas oposiciones a bomberos o Policía Nacional, donde mediante instrumentos psicológicos pudieran medirse rasgos como la personalidad, tipos de respuesta de ayuda, y otras áreas relacionadas a las aptitudes emocionales", opina en diálogo con este periódico. En el caso de que se pudiera realizar una prueba de aptitud emocional, también considera que no sería "del todo justa", ya que los contenidos de una Selectividad "común son los mismos para todos los estudiantes y están en igualdad de condiciones", mientras que aprender aptitudes emocionales "son competencias transversales que se trabajan y practican a diario". 


Desarrollo de 'softskills' en planes de estudio


Así, para Cook, el desarrollo de habilidades blandas debería "ocupar un espacio reconocido, de peso, en los planes de estudio" y no ser actividades opcionales o complementarias. "Lo ideal sería integrar estas actividades de manera transversal durante toda la formación, combinando contenidos teóricos con metodologías activas y casos prácticos", dice, como talleres de comunicación clínica y entrevista motivacional, simulaciones con pacientes estandarizados y retroalimentación individualizada, supervisión psicológica y espacios de reflexión sobre experiencias clínicas, formación de autocuidado, prevención del burnout y regulación emocional, trabajo interdisciplinar con otros profesionales sanitarios o evaluación de competencias mediante observación directa y situaciones clínicas simuladas.

"Desarrollar habilidades blandas no significa ser más 'amable' o 'sensible', sino convertirse en un profesional más competente. La relación terapéutica es una herramienta clínica en sí misma, y saber comunicar, escuchar, gestionar emociones o establecer una alianza terapéutica eficaz tiene un impacto real en la calidad de nuestra intervención", enfatiza, en un contexto sanitario "cada vez más tecnológico y especializado", en donde las "competencias humanas son precisamente las que marcan la diferencia de una "atención correcta"  y "centrada en la persona". 
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