Una prueba de ADN predice la evolución y la recurrencia del melanoma

Un estudio señala una fracción de células T como biomarcador para predecir metástasis incluso en lesiones extirpadas

Una nueva técnica de secuenciación predice las posibilidades de recurrencia del melanoma.
Una prueba de ADN predice la evolución y la recurrencia del melanoma
lun 20 enero 2020. 17.00H
Investigadores del Hospital Brigham and Women's de Boston, en colaboración con científicos internacionales, han presentado una nueva técnica de secuenciación del ADN para predecir qué melanomas primarios tienen probabilidades de reaparecer y crear metástasis, según explican en un artículo publicado en Nature Cancer.

En la mayor parte de los casos, el melanoma comienza con cambios en una pequeña mancha pigmentada en la piel. Así, muchos melanomas primarios pueden curarse al extirpar esta lesión, pero también puede reaparecer y extenderse.

Sin embargo, y a pesar de los avances en el diagnóstico molecular de otras formas de cáncer, el análisis de una lesión de cáncer de piel es sorprendentemente simple: se considera el grosor de la lesión (los pacientes con melanomas más delgados tienden a tener un mejor resultado) y las características microscópicas, como las ulceraciones, y se asigna una etapa de 1 a 4.


"Podemos aplicar los nuevos tratamientos de inmunoterapia incluso cuando la enfermedad primaria no ha hecho metástasis"


"Hace tan solo 10 años, el pronóstico para el melanoma metastásico era oscuro, pero ahora tenemos tratamientos para ofrecer a los pacientes con enfermedad metastásica y también podemos aplicar estos tratamientos cuando la enfermedad primaria no ha hecho metástasis", señala Thomas Kupper, uno de los autores del artículo, y presidente del Departamento de Dermatología del Brigham.

"Debido a la llegada de los nuevos tratamientos de inmunoterapia es importante tener una idea clara de qué pacientes es probable que progresen para que podamos adaptar el tratamiento en consecuencia", añade.


Características de las células T


Para abordar esta cuestión, Kupper y sus colegas trataron de determinar si ciertas características medibles de las células T podían predecir la recurrencia de esta patología en pacientes con melanoma primario extirpado y libres de enfermedad.

Los melanomas T1 (menores de 1 mm) rara vez hacen metástasis, por lo que estudiaron melanomas primarios T2 (1-2 mm), T3 (2-4 mm) y T4 (mayores de 4 mm), pero se encontraron con el obstáculo de conseguir muestras. Para solventar este problema, los investigadores han contado con la colaboración del Instituto de Melanoma de Australia y el Hospital de la Universidad de Zelanda en Dinamarca que han compartido más de 300 muestras. El equipo las comparó y utilizó la secuenciación de ADN de alto rendimiento para analizar el repertorio de células T de los tumores.

Los investigadores encontraron que de todas las variables identificadas, la fracción de células T (TCFr; o proporción de células en la lesión que eran células T) era un potente predictor de la progresión del melanoma. Incluso para los pacientes cuyo espesor de la lesión (T) era el mismo, la TCFr pudo predecir qué pacientes tenían más probabilidad de tener enfermedad metastásica. Así, los pacientes con TCFr inferior al 20 por ciento tenían más riesgo de progresión de la enfermedad que los pacientes con una TCFr superior al 20 por ciento.

Por ejemplo, en pacientes con melanoma T3 (2-4mm de grosor), cinco años después de que se les extirpara la lesión primaria, el 51 por ciento de los que tenían una TCFr menor experimentaron recurrencia, en comparación con el 24 por ciento de los que tenían una TCFr mayor.


Limitaciones del estudio


Sin embargo, la prueba utilizada para realizar este trabajo está disponible solo en investigación. Los autores también señalan que su estudio se ha llevado a cabo de forma retrospectiva, por lo que es necesario realizar estudios prospectivos para validar la prueba.

"Esta es una prueba simple y elegante. Es cuantitativa y no subjetiva, y puede agregar valor a las predicciones sobre la progresión de la enfermedad –destaca Kupper–. En el futuro, podría ayudarnos a adaptar el tratamiento; los pacientes con TCFr alto pueden beneficiarse aún más de la terapia con inhibidores de punto de control, mientras que los pacientes con TCFr bajo pueden necesitar una intervención adicional".


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