Celia García Malo, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
Buscar el sueño 'perfecto' causa insomnio y ansiedad: "Hay personas que se obsesionan con mejorar la puntuación de su reloj"
La SEN advierte que expansión de los dispositivos de monitorización y la cultura de la optimización de la salud están favoreciendo la ortosomnia
Y además: Neurología advierte del 'negocio' de productos que "cronifican" el insomnio
La obsesión por conseguir un sueño perfecto está empezando a tener consecuencias en las consultas de Medicina del sueño. "En los últimos 5 años y sobre todo este 2026", cada vez más personas acuden preocupadas por las puntuaciones que les proporcionan sus relojes inteligentes, incluso cuando duermen un número adecuado de horas y se encuentran bien durante el día. Así lo asegura Celia García Malo, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN), que explica en Redacción Médica lo que se conoce como ortosomnia, un fenómeno relacionado con la preocupación excesiva por controlar y optimizar el descanso, que puede derivar en "ansiedad e insomnio".
La especialista relaciona esta evolución con la expansión de esos dispositivos que monitorizan el sueño y otros parámetros de salud. Aunque la ortosomnia todavía no está reconocida como un diagnóstico en la clasificación internacional de los trastornos del sueño, considera que podría incorporarse en el futuro, puesto que ya hay personas que consultan específicamente por esta preocupación. "Creo que, a medida que se extiende el uso de dispositivos que monitorizan el sueño y los parámetros de actividad física, es un trastorno que se va haciendo más frecuente", apunta. De hecho, comenta que un estudio realizado con más de 500 adultos estimó que "entre el 3 y el 14 por ciento" de los participantes cumplía distintos criterios de ortosomnia.
Cuando el reloj importa más que las propias sensaciones
Y es que se trata justo de uno de los motivos de consulta habituales que describe García Malo y que refleja hasta qué punto los datos tecnológicos pueden condicionar la percepción del descanso: "Los pacientes acuden habitualmente al especialista en Medicina del sueño porque su reloj da una puntuación muy baja". Sin embargo, ante estas situaciones, la cuestión "más importante", asegura, es "cómo se encuentran" realmente esas personas.
La neuróloga recuerda que estos dispositivos tienen limitaciones, especialmente a la hora de determinar las fases y la arquitectura del sueño: "No son un dispositivo médico". Sus estimaciones se basan en "parámetros indirectos, como el movimiento, la frecuencia cardiaca o su variabilidad", que pueden ofrecer resultados diferentes según las características de cada persona.
Por ejemplo, alguien que "se mueve mucho durante la noche" puede aparecer como si estuviera despierto cuando en realidad está durmiendo. También determinadas "alteraciones del ritmo cardiaco pueden influir en las estimaciones". Por eso, García Malo insiste en que si el sueño resulta reparador, se duerme un número adecuado de horas y la persona se encuentra bien durante el día, una puntuación baja no significa necesariamente que exista un trastorno.
Intentar mejorar la puntuación puede empeorar el sueño
Pero el problema puede ir más allá de la preocupación inicial por los resultados del reloj. Cuando una persona empieza a interpretar que duerme mal, puede intentar "modificar constantemente sus hábitos" para mejorar las puntuaciones. Es entonces cuando aparecen los horarios extremadamente estrictos, la eliminación de determinadas actividades o el aumento del tiempo que permanece en la cama intentando dormirse.
García Malo advierte de que estas conductas pueden terminar produciendo el efecto contrario al que persiguen: "Al final son situaciones que incluso te distorsionan más el sueño, porque el sueño normal tiende a ser un sueño natural, espontáneo, libre, y todo esto a veces lleva más a tener obsesión y a tener ansiedad relacionada con el hecho de dormir".
La especialista confirma que una persona que inicialmente no tenía dificultades para descansar puede acabar desarrollando problemas de sueño e incluso insomnio como consecuencia de esta dinámica. La preocupación por dormir bien termina convirtiéndose, paradójicamente, en un obstáculo para conseguirlo.
El perfil de las personas más vulnerables
Aunque es cierto que no todas las personas tienen la misma predisposición a desarrollar esta preocupación excesiva por el descanso. Según García Malo, existen determinados rasgos de personalidad que pueden aumentar la vulnerabilidad. "En general son personas que suelen ser perfeccionistas, autoexigentes, que se preocupan por las cosas, que quieren tener como las cosas controladas y anticipadas", explica.
Estas características favorecen la obsesión y el miedo a la incertidumbre, algo que no se limita al sueño. La especialista establece un paralelismo con otros ámbitos de la vida cotidiana, "como la alimentación o el ejercicio físico", donde también puede aparecer una excesiva rigidez.
La cultura del bienestar también puede generar presión
A esta predisposición individual se suma un contexto social en el que cada vez existe una mayor exigencia por mantener hábitos saludables y controlar todos los aspectos de la salud. Las redes sociales contribuyen a difundir rutinas y recomendaciones que, aunque en principio pueden parecer beneficiosas, también pueden alimentar determinadas obsesiones.
"Estamos en un modelo ahora mismo en el que tenemos que ser hiperproductivos y, por lo tanto, las cosas tienen que ser muy rápidas y muy inmediatas, perdiéndose un poco la naturalidad de que dormir no es un proceso abrupto", señala García Malo.
La neuróloga considera positivo promover buenos hábitos, pero advierte de que esta cultura puede resultar perjudicial para las personas más vulnerables. Especialmente cuando empiezan a buscar soluciones en productos y remedios que no necesitan: "Hay personas que acaban obsesionándose con esto o buscando soluciones, por ejemplo, suplementaciones o remedios naturales - entre ellos "la melatonina, el magnesio, la ashwagandha o la creatina"- o cosas que al final no aportan nada más que más obsesión y más rituales a la hora de dormir".
Cómo abordar la obsesión por controlar el descanso
Ante una persona que presenta este comportamiento, el primer paso es determinar si existe realmente algún trastorno del sueño que necesite tratamiento. En ese caso, puede ser necesario "realizar un estudio" para identificar el problema y establecer la intervención adecuada. "Si no hay ninguna particularidad y es más el bucle este de la obsesión y de la ansiedad, hay que recomendar a esa persona que no se monitorice y que se rija por sí misma", explica.
El objetivo es recuperar una relación más natural con el descanso y abandonar la necesidad de cumplir todos los rituales. "La salud es una persona que tiene una vida saludable, que come normal, que hace ejercicio, que duerme y quitar un poco todas estas necesidades de hacer todo perfecto", resume.