Terapia hormonal.

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Sociedades científicas

Sofocos y sudores adelantan la prescripción de terapia hormonal en menopausia a "antes de los 60 años"

El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos actualiza sus directrices y ofrece alternativas como la neuroquinina para las mujeres que presentan contraindicaciones o prefieran otras opciones

Y además: El 'precipicio fisiológico' de la menopausia: "La prevención debe de empezar incluso 10 años antes"

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La terapia hormonal ya ocupa un lugar destacado en el abordaje de la menopausia. Y es que el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) ha ampliado sus recomendaciones clínicas para ofrecer una orientación más completa sobre el tratamiento de los síntomas que pueden aparecer durante la perimenopausia y la posmenopausia, con especial atención a los sofocos, los sudores nocturnos, los problemas de sueño y las alteraciones del estado de ánimo. Esto en un momento en el que en España existe un desabastecimiento de este tipo de tratamiento en las farmacias.

Las nuevas directrices reúnen información actualizada sobre las opciones terapéuticas disponibles y ponen el foco en la necesidad de adaptar las decisiones médicas a las circunstancias de cada mujer, ya que la terapia hormonal es una alternativa eficaz para muchas pacientes con síntomas vasomotores pero su utilización requiere una evaluación individual que incluya aspectos como los antecedentes médicos, los factores de riesgo y las propias preferencias personales.

Esta actualización supone un paso relevante en la atención de la menopausia, una etapa natural de la vida de las mujeres que puede prolongarse durante años y cuyos síntomas llegan a afectar a la calidad de vida. El organismo estadounidense también insiste en mejorar la información que reciben las pacientes y en facilitar el acceso a tratamientos respaldados por la evidencia científica.

La importancia del momento de inicio

Uno de los aspectos centrales de las nuevas recomendaciones es cuándo comenzar el tratamiento hormonal. Según el ACOG, cuando está indicado y no existen contraindicaciones, conviene valorar su inicio antes de los 60 años o durante los diez años posteriores al comienzo de la menopausia natural.

Esta orientación responde a la necesidad de equilibrar los posibles beneficios del tratamiento con sus riesgos. La decisión no debe basarse únicamente en la edad, ya que también influyen la intensidad de los síntomas, los antecedentes médicos y la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, cáncer de mama o tromboembolismos venosos.

Por ello, el organismo recomienda que la elección se realice mediante un proceso de decisión compartida entre la paciente y su profesional sanitario. La misma valoración debe mantenerse a lo largo del tiempo para determinar si conviene continuar con la terapia, modificarla o interrumpirla.

Algo que contrasta con el desabastecimiento de medicamentos para la menopausia que, por ejemplo, está poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las farmacias españolas, que no cuentan con un sistema homogéneo para garantizar alternativas a todas las pacientes. La escasez, que comenzó con el espray de estradiol Lenzetto, se ha extendido a otras presentaciones como los parches y los geles, lo que dificulta mantener algunos tratamientos. Otra alternativa son las fórmulas magistrales, pero su elaboración está limitada a las farmacias que disponen de laboratorios y personal especializado, por lo que los profesionales reclaman una mayor coordinación y criterios comunes para evitar que las pacientes se queden sin tratamiento.

Un tratamiento con distintas vías de administración

Este tipo de terapia busca compensar los cambios hormonales asociados a la menopausia, especialmente la disminución de estrógenos. Esta alteración puede provocar sofocos, sudores nocturnos y dificultades para dormir, además de contribuir a la pérdida de masa ósea.

El tratamiento puede administrarse mediante comprimidos, parches, geles o aerosoles, entre otras. La elección depende de las necesidades de cada paciente y de la valoración médica. En algunas circunstancias también se emplean estrógenos vaginales en dosis bajas para tratar síntomas genitourinarios, aunque este abordaje es diferente del tratamiento sistémico de los sofocos.

Pese a sus beneficios, la terapia hormonal no es adecuada para todas las mujeres. Los antecedentes de determinados cánceres, trombosis, accidentes cerebrovasculares o enfermedades hepáticas pueden desaconsejar su uso, especialmente en las formulaciones sistémicas. Por este motivo, es fundamental revisar el historial clínico antes de iniciar el tratamiento.

Alternativas para quienes no pueden o no desean utilizar hormonas

Las nuevas directrices también contemplan tratamientos no hormonales para las mujeres que presentan contraindicaciones o prefieren otras opciones. Entre ellos figuran los antagonistas de los receptores de neuroquinina, como el fezolinetant y el elinzanetant, destinados al control de los síntomas vasomotores.

Asimismo, determinados antidepresivos, incluidos los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN), pueden ayudar a reducir los sofocos y tratar síntomas depresivos cuando están indicados.

A estas alternativas se suman intervenciones no farmacológicas, como la terapia cognitivo-conductual, las prácticas de atención plena, el ejercicio físico, la hipnosis clínica y la acupuntura. Su utilidad depende del síntoma y de la intervención concreta, y algunas pueden complementar el tratamiento médico.

En cambio, el ACOG advierte de que no existen pruebas suficientes que respalden la seguridad y la eficacia de los fitoestrógenos y los suplementos herbales para tratar los sofocos y otros síntomas menopáusicos. Que estos productos se comercialicen como naturales no garantiza su calidad ni su seguridad.

Mejor información para mejorar la calidad de vida

La actualización de las recomendaciones también pone de relieve las desigualdades en la atención a la menopausia. Los factores culturales, raciales y socioeconómicos pueden influir tanto en la experiencia de esta etapa como en las posibilidades de acceder a un diagnóstico y un tratamiento adecuados.

El ACOG considera, además, que una mayor educación sanitaria permitiría reconocer antes los síntomas y conocer las opciones disponibles. La organización estadounidense prepara también una guía complementaria sobre el síndrome genitourinario de la menopausia, cuya publicación está prevista para 2027.