Javier de Castro, presidente de SEOM.
Oncología reclama una medición homogénea del proceso oncológico de los pacientes en todo el SNS
SEOM valora positivamente la auditoría de historias clínicas anunciada por Sanidad, aunque defiende tiempos adaptados a cada tumor y modalidad de tratamiento
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La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) considera necesario establecer criterios comunes para medir el tiempo que transcurre desde la sospecha de un cáncer hasta el inicio efectivo del tratamiento y reclama avanzar desde el concepto de "lista de espera" hacia el de "tiempo del proceso oncológico". Así lo indica Javier de Castro, presidente de la sociedad científica, que valora positivamente en Redacción Médica la auditoría de historias clínicas anunciada por el Ministerio de Sanidad, pero advierte de que los plazos deben adaptarse a la prioridad clínica y al tipo de tumor. Además, si el análisis confirma demoras significativas, SEOM plantea aprovechar sus resultados para avanzar hacia un Plan Nacional de Cáncer que permita adecuar los recursos a la demanda.
La iniciativa de Sanidad parte de la intención de conocer con mayor precisión la demora asistencial de los pacientes con cáncer frente a unas estadísticas administrativas que no siempre recogen todo el recorrido del paciente. El Ministerio plantea, entre otras referencias, siete días desde una sospecha fundada de cáncer hasta la primera atención hospitalaria y 15 días desde la confirmación diagnóstica hasta la cirugía. Para SEOM, la auditoría puede servir precisamente para identificar dónde se producen los retrasos y establecer posteriormente indicadores homogéneos para el conjunto del Sistema Nacional de Salud (SNS).
De la lista de espera al proceso oncológico
De Castro considera que las estadísticas oficiales siguen siendo necesarias, pero señala que no necesariamente reflejan todo el itinerario que atraviesa una persona con cáncer. El motivo es que los registros administrativos comienzan a contabilizar los tiempos a partir de determinados hitos, dejando fuera algunos intervalos previos o intermedios.
Desde la perspectiva de la sociedad científica, el paciente puede acumular tiempos de espera entre la aparición de los síntomas y la consulta, la sospecha inicial y la derivación hospitalaria o la realización de las distintas pruebas diagnósticas. También pueden existir intervalos vinculados a la anatomía patológica, los estudios moleculares, la valoración por un comité multidisciplinar, la decisión terapéutica y el inicio del tratamiento. "Debemos evolucionar desde el concepto de 'lista de espera' al concepto de 'tiempo del proceso oncológico'", defiende.
SEOM señala, además, que otros sistemas sanitarios ya monitorizan diferentes tramos del recorrido asistencial, desde la derivación hasta el diagnóstico o desde la derivación hasta el primer tratamiento. En este sentido, considera que la auditoría española podría servir para construir una medición más completa y comparable.
Siete días para la primera atención: un objetivo, no un estándar rígido
Respecto al plazo de siete días planteado por el Ministerio desde la sospecha hasta la primera atención hospitalaria, SEOM lo considera "un objetivo ambicioso y deseable" para facilitar un acceso rápido ante una sospecha fundada de cáncer, aunque introduce una cautela: no todas las sospechas oncológicas tienen la misma urgencia.
De Castro recuerda que existen situaciones en las que incluso siete días pueden ser demasiado tiempo, mientras que en otros escenarios una diferencia de algunos días puede no modificar el pronóstico. Por eso, en lugar de aplicar un único plazo a todos los pacientes, apuesta por disponer de "circuitos rápidos de sospecha de cáncer, con tiempos máximos definidos y adaptados al nivel de prioridad clínica".
Aparte, el presidente de SEOM subraya que esos siete días deben interpretarse como un objetivo para la primera atención hospitalaria y no como el plazo destinado a completar todo el proceso diagnóstico. Como referencia internacional, recuerda que el sistema nacional de salud británico (NHS) monitoriza el diagnóstico o exclusión de cáncer dentro de los 28 días posteriores a una derivación urgente.
Quince días hasta la cirugía, pero sin precipitar el tratamiento
Una consideración similar plantea la sociedad ante los 15 días desde la confirmación diagnóstica hasta la cirugía. Para SEOM, alcanzar ese plazo sería "un objetivo excelente en muchos escenarios" pero tampoco considera adecuado convertirlo en una exigencia uniforme para todos los tumores.
La razón es que la rapidez debe compatibilizarse con la necesidad de completar correctamente el proceso previo al tratamiento. En determinados pacientes puede ser necesario realizar la estadificación, disponer de los resultados anatomopatológicos y moleculares, discutir el caso en un comité multidisciplinar o completar la preparación preoperatoria. Además, no todos los tumores tienen la cirugía como primer tratamiento: puede estar indicada inicialmente la quimioterapia, la inmunoterapia, un tratamiento dirigido o la radioterapia.
Por ello, SEOM propone que los tiempos máximos se establezcan en relación con el inicio del tratamiento indicado, independientemente de cuál sea la modalidad terapéutica, y que posteriormente se desarrollen indicadores específicos para cada tumor y escenario clínico. La sociedad recuerda asimismo que la Estrategia Nacional de Cáncer de 2021 ya establecía tiempos adecuados para el diagnóstico y el comienzo del tratamiento oncológico.
El retraso puede tener consecuencias clínicas y psicológicas
La importancia de reducir estos tiempos no se limita, según SEOM, a la organización del sistema sanitario. Una demora suficientemente prolongada puede permitir que la enfermedad progrese, modificar el estadio en el momento del tratamiento, reducir las posibilidades de un abordaje curativo o condicionar las alternativas terapéuticas disponibles.
La sociedad cita un metaanálisis publicado en BMJ que analizó más de 1,2 millones de pacientes y encontró que los retrasos de cuatro semanas se asociaban con un incremento de la mortalidad en múltiples indicaciones de cirugía, tratamiento sistémico y radioterapia. En el caso de la cirugía, el incremento relativo del riesgo de mortalidad por cada cuatro semanas de retraso fue aproximadamente del 6-8 por ciento.
SEOM matiza, no obstante, que estos resultados no permiten trasladar automáticamente el mismo efecto a todos los pacientes. “La repercusión depende enormemente del tipo tumoral, estadio, biología y contexto terapéutico”, señala. A las consecuencias clínicas se suma además el impacto psicológico de la espera, marcada por la incertidumbre en un momento de especial vulnerabilidad para el paciente.
Medir cada etapa y no solo las medias
Para conocer con mayor precisión dónde se producen los retrasos, SEOM propone un conjunto reducido y homogéneo de indicadores que permita reconstruir todo el itinerario: desde la sospecha clínica hasta la derivación, la primera valoración especializada, la confirmación diagnóstica, la decisión terapéutica y el inicio del tratamiento.
A estos tiempos habría que añadir indicadores relacionados con la calidad de la asistencia, como el estadio en el momento del diagnóstico, la discusión en comité multidisciplinar cuando esté indicada, el acceso a biomarcadores necesarios para decidir el tratamiento, los ensayos clínicos, el apoyo psicosocial, la preservación de la fertilidad cuando proceda y el seguimiento de los largos supervivientes.
La sociedad reclama además que los resultados no se presenten únicamente mediante medias, ya que estas pueden ocultar situaciones extremas. En su lugar, propone publicar también medianas, percentiles y el porcentaje de pacientes que cumple los estándares establecidos. SEOM vincula esta medición con los procesos de acreditación de centros integrales para la atención del cáncer que se están desarrollando en España y con la necesidad de abordar diagnóstico y tratamiento como un proceso continuo.
Indicadores homogéneos entre comunidades
Una de las cuestiones que podría adquirir mayor relevancia si la auditoría detecta diferencias entre los tiempos administrativos y los reales es la comparación entre comunidades autónomas. Para SEOM, el primer paso debería ser analizar las causas y utilizar los resultados como una herramienta de mejora, evitando convertirlos únicamente en un mecanismo de señalamiento de determinados servicios o territorios. Si se demuestra que los indicadores actuales no representan adecuadamente la experiencia del paciente, considera necesario revisar el sistema de medición.
De Castro reclama para ello "definiciones homogéneas, mismos puntos de inicio y finalización y criterios comparables entre comunidades autónomas". Sin estos elementos, advierte, las comparaciones territoriales pueden perder valor porque cada territorio podría estar contabilizando de manera diferente.
Pero la medición tendría que ir acompañada de actuaciones sobre los problemas que se detecten. Entre ellos menciona la capacidad diagnóstica, los recursos humanos y estructurales, la coordinación entre Atención Primaria y hospital, la anatomía patológica, el diagnóstico molecular, la radioterapia, la cirugía y los tratamientos sistémicos.
SEOM reclama un Plan Nacional de Cáncer
Es precisamente en este punto donde la sociedad introduce una de sus principales reivindicaciones. Si la auditoría confirma que existen demoras significativas, SEOM considera que los resultados podrían convertirse en una oportunidad para avanzar hacia un Plan Nacional de Cáncer, una herramienta que, según el portavoz, debería acompañar a la Estrategia Nacional de Cáncer de 2021.
Los oncólogos, explica SEOM, vienen reclamando que esa estrategia necesita un plan que aporte los recursos necesarios para poder ejecutarla. La sociedad vincula esta necesidad a la evolución demográfica del país y señala que han transcurrido ya cinco años desde la publicación de la estrategia. En su planteamiento, la respuesta no debería limitarse a incrementar recursos humanos: también debería contemplar recursos estructurales y una mejora de los procesos asistenciales.
En definitiva, la sociedad científica evita anticipar las conclusiones de la auditoría. Reconoce que España cuenta con profesionales y centros de alta calidad y que existen circuitos de diagnóstico rápido que funcionan adecuadamente, pero considera que actualmente no existe información suficientemente completa y homogénea como para afirmar que todos los pacientes reciben diagnóstico y tratamiento dentro de unos tiempos óptimos con independencia de dónde sean atendidos.
Su propuesta pasa por establecer un circuito oncológico prioritario, homogéneo y medible para todo el SNS, desde una sospecha fundada de cáncer hasta el comienzo del tratamiento. El objetivo sería conocer cuánto tarda cada etapa, establecer estándares diferenciados según el tumor y la prioridad clínica e identificar los puntos en los que se concentran los retrasos.
"El objetivo no debería ser únicamente reducir una lista de espera; debería ser reducir el tiempo que un paciente con sospecha de cáncer tarda en recibir un diagnóstico preciso y el tratamiento que necesita", resume el presidente de SEOM.