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El futuro de la Medicina del Deporte se vislumbra como un horizonte lleno de posibilidades, más personalizado, con la genética como protagonista y la posibilidad de anticiparse a las lesiones antes de que aparezcan gracias a la tecnología. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, así lo advierte Lucía Costafreda, médica del Atlético de Madrid y responsable de la Unidad de Prevención Precoz Personalizada de HM Hospitales, que señala cómo disponer de cada vez más información no significa tomar mejores decisiones. "Hay mucha tecnología y datos, pero necesitamos más criterio científico", señala a Redacción Médica.

La Medicina del Deporte ha evolucionado en los últimos años. Ya no se centra solo en diagnosticar y tratar lesiones, sino también en prevenirlas. Para ello, es fundamental estudiar la biomecánica y la funcionalidad del deportista e identificar posibles factores de riesgo. "Se trata de entender qué particularidades musculares pueden aumentar la predisposición a sufrir ciertas lesiones", explica Costafreda.

La especialista insiste en la importancia de conocer el origen de las lesiones y trabajar junto a preparadores físicos y cuerpo técnico para prevenirlas, con una adecuada gestión de las cargas de trabajo y teniendo en cuenta las características individuales de cada futbolista. El seguimiento, según explica, comienza en pretemporada, con chequeos que incluyen valoraciones cardiológicas, pruebas funcionales, antropometría y nutrición. Así, establecen una referencia inicial que se actualiza con evaluaciones periódicas durante la competición para detectar posibles cambios en el estado físico del jugador. Un modelo que, según Costafreda, también sería muy valioso en la medicina general: "Ojalá pudiéramos conocer así a todos los pacientes, esa sería la medicina de excelencia", reflexiona.

"Hay mucha tecnología y datos, pero necesitamos más criterio científico"

Asimismo, la evolución de las herramientas diagnósticas y de monitorización ha abierto nuevas posibilidades para prevenir lesiones y optimizar el rendimiento deportivo. Sin embargo, Costafreda advierte de que no todas las innovaciones tienen la misma utilidad clínica. "Hay mucha, pero también mucho ruido", afirma al referirse a la tecnología disponible.

"Manejamos multitud de datos: encuestas de bienestar (wellness), monitorización GPS, dispositivos salivales para medir cortisol... Tratamos de volcar toda esa información para evaluar la fatiga muscular y el riesgo lesional", ejemplifica. Pero el principal reto, según destaca, no reside en seguir recopilando datos, sino saber interpretarlos. Defiende que el objetivo es claro: "Filtrar, acudir a la evidencia científica y trabajar con lo que realmente funciona", señala la sanitaria, para evitar que la innovación avance más rápido que su aplicación en el ámbito clínico.

Bajo un contexto en el que la IA está ganando terreno en muchos ámbitos sanitarios, la Medicina del Deporte tampoco puede quedarse al margen. Aunque Lucía señala que "todavía le cuesta darle un papel protagonista", es consciente de que tarde o temprano los médicos y preparadores físicos deben ponerse al día. "No creo que sea la solución mágica, pero sí puede servir como engranaje para organizar y estructurar el gran volumen de datos que generan el resto de herramientas", afirma.

El mapa genético del futbolista, la próxima frontera en la Medicina del Deporte

En esta línea, Costafreda considera que los dispositivos de monitorización no invasiva y los biomarcadores sanguíneos y salivales tendrán un papel relevante en los próximos años. "Son los que nos permitirán afinar la fatiga muscular y la gestión de cargas", añade. Pero más allá de estas herramientas, la especialista apunta a que hay que poner el foco en el futuro en otra área importante: la genómica.

"La biología molecular y la genética son el futuro", sentencia la sanitaria, que destaca los avances hacia modelos de atención cada vez más personalizados. "Ya tenemos herramientas capaces de predecir cómo se metabolizan y absorben ciertos nutrientes o cómo se gestiona la energía durante la actividad física", ejemplifica. Explica que también existen pruebas dirigidas a identificar determinadas predisposiciones genéticas relacionadas con lesiones musculares o tendinosas, aunque "todavía queda camino para que se pueda predecir lesiones individuales de manera más específica".

Así, la posibilidad de construir una especie de mapa genético del futbolista abre, según la médica, nuevas oportunidades para adaptar las estrategias de prevención y recuperación de cada jugador. "Actualmente trabajo más con estas pruebas en el ámbito hospitalario, pero tiene todo el sentido trasladarlas a deportistas de élite para ofrecerles un abordaje a medida", explica. Entre las posibles aplicaciones, plantea la identificación de características biológicas relacionadas con la capacidad de regeneración de los tejidos, que podrían servir, si su utilidad llega a demostrarse, para orientar intervenciones individualizadas. "Es una línea con enorme proyección", señala la especialista, que subraya que tiene que ir acompañada de una atención multidisciplinar.

"Ya tenemos herramientas capaces de predecir cómo se metabolizan y absorben ciertos nutrientes o cómo se gestiona la energía durante la actividad física"

El límite del chequeo médico cuando se producen emergencias

Pero, pese a los avances en prevención y diagnóstico, existen situaciones que escapan a la capacidad de anticipación de la medicina deportiva. La reciente muerte Jesús de Miguel, jugador del CD Tenerife, tras sufrir una parada cardiorrespiratoria después de un choque con el guardameta del FC Andorra durante un partido, ha vuelto a poner el foco en la importancia de los protocolos de emergencia.

En este contexto, Costafreda explica que, aunque la evaluación cardiológica permite identificar determinadas patologías y factores de riesgo, no todas las emergencias cardíacas pueden anticiparse mediante pruebas médicas. "Un episodio de commotio cordis resulta extraordinariamente difícil de prever", explica la especialista. La médica recuerda que durante la pretemporada se realizan evaluaciones cardiológicas que pueden incluir ecocardiogramas, pruebas de esfuerzo e incluso resonancias magnéticas, según las necesidades de cada deportista. Sin embargo, "ningún estudio previo puede impedir que un impacto en un momento exacto del ciclo cardíaco desencadene esa arritmia letal".

A diferencia de determinadas cardiopatías que pueden detectarse mediante programas de cribado, en este tipo de episodios la prioridad pasa por "garantizar una intervención inmediata". Para ello, Costafreda considera imprescindible que los recintos deportivos dispongan de desfibriladores externos automáticos (DEA), personal formado en reanimación cardiopulmonar y acceso rápido a los servicios de emergencias sanitarias.

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