Gloria Garnacho, coordinadora del Grupo de Tricología y Oncología de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Gloria Garnacho, coordinadora del Grupo de Tricología y Oncología de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Medicina

Moléculas importadas de Reumatología amplían las alternativas para abordar la alopecia

Nuevos fármacos procedentes de otras especialidades entran en la Dermatología, mientras los avances en el injerto elevan la supervivencia del pelo trasplantado hasta el 90%

Y además: La alopecia tiene nuevo fármaco "limitado" en un caso y exige más estudios

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La tricología ha experimentado importantes avances durante la última década. La mejora en el diagnóstico precoz, el desarrollo de nuevos tratamientos farmacológicos y el perfeccionamiento de las técnicas de trasplante capilar han ampliado las posibilidades terapéuticas para pacientes con distintos tipos de alopecia. Entre los progresos que más destaca en Redacción Médica Gloria Garnacho, coordinadora del Grupo de Tricología y Onicología de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), figura el aumento de la supervivencia del pelo trasplantado, que puede alcanzar el 80-90 por ciento, frente a las pérdidas de alrededor del 50 por ciento que se producían anteriormente.

Y es que uno de los principales cambios de los últimos años se ha producido en el conocimiento de las enfermedades capilares. Los avances en el estudio de las vías moleculares, la información genética y las patologías asociadas permiten identificar determinadas alopecias en fases cada vez más tempranas, lo que facilita la elección de un tratamiento adecuado antes de que la enfermedad esté muy avanzada.

Garnacho subraya que la detección temprana puede marcar una diferencia decisiva en la evolución del paciente. "No es lo mismo tratar una cosa cuando está empezando que una cosa cuando lleva 10 años ya instaurada", señala. Por ello, el progreso en las herramientas diagnósticas no solo permite conocer mejor el origen de la caída del cabello, sino que también contribuye a mejorar las posibilidades de respuesta a las terapias disponibles.

Nuevos fármacos para las alopecias inmunomediadas

La investigación en Inmunología es otro de los ámbitos que está impulsando la evolución de la tricología. Algunas formas de alopecia, como la alopecia areata, están relacionadas con mecanismos inmunitarios, por lo que el conocimiento de estos procesos ha abierto nuevas vías para su abordaje.

En este contexto, se están incorporando al tratamiento capilar moléculas que ya se utilizaban en otras especialidades médicas, como la Reumatología, o para tratar otras enfermedades dermatológicas. Su aplicación en las alopecias está ampliando las opciones terapéuticas, especialmente en pacientes que hasta hace pocos años contaban con menos alternativas.

La alopecia areata es uno de los ejemplos más significativos de este cambio. "Hace 5 años, un paciente con alopecia areata no tenía para nada las posibilidades que tiene un paciente a día de hoy", afirma la dermatóloga. La mejoría en las perspectivas de tratamiento también alcanza a los niños, un grupo especialmente vulnerable por las consecuencias emocionales y sociales que puede tener la pérdida del cabello.

El impacto psicológico, especialmente en niños y adolescentes

La caída del cabello no es únicamente una cuestión estética. En la infancia y la adolescencia, la alopecia puede afectar a la autoestima, las relaciones sociales y el bienestar emocional, en etapas de la vida en las que la imagen personal adquiere una especial importancia.

Además, la pérdida de pelo puede generar preocupación en el entorno del menor, donde a veces se relaciona con enfermedades graves, como el cáncer o la leucemia. Esta percepción puede añadir dificultades a una situación que ya resulta compleja para el paciente.

"Parece que de pelo no muere nadie y que es una tontería, una cosa estética, pero la repercusión que puede tener en un niño quedarse calvo, hay que vivirlo", advierte Garnacho. Por eso, el avance de los tratamientos supone también una mejora en las perspectivas de calidad de vida de quienes conviven con estas enfermedades.

El trasplante capilar mejora la supervivencia de los injertos

La cirugía capilar también ha evolucionado de forma notable. Aunque el objetivo de multiplicar folículos en el laboratorio para generar grandes cantidades de cabello a partir de una pequeña muestra del propio paciente todavía no es una realidad clínica consolidada, las técnicas actuales de trasplante han mejorado el aprovechamiento de los folículos extraídos.

En el procedimiento habitual, el pelo se obtiene del propio paciente y se implanta en las zonas afectadas. La mejora en la conservación y manipulación de los injertos ha permitido elevar su supervivencia, que puede situarse entre el 80 y casi el 90 por ciento, según explica la especialista. Entre los avances se encuentran la conservación de los folículos en plasma y el perfeccionamiento de los procedimientos para aumentar el rendimiento del trasplante.

El progreso también se refleja en los tipos de alopecia en los que se emplea la cirugía. Tradicionalmente, el trasplante se asociaba sobre todo a la alopecia androgenética, pero actualmente también puede utilizarse en pacientes seleccionados con alopecia frontal fibrosante y liquen planopilar.

Estas posibilidades son especialmente relevantes en las enfermedades en las que el tratamiento médico puede frenar la progresión de la caída, pero no recuperar el cabello que ya se ha perdido. "Con el tratamiento podemos conseguir que se frene, pero no le podemos devolver pelo. Entonces, si se lo podemos trasplantar, ellos felices", explica Garnacho en referencia a la alopecia frontal fibrosante.

Multiplicar folículos en el laboratorio: un reto todavía pendiente

Uno de los objetivos de la investigación es conseguir extraer un folículo del paciente, cultivarlo y multiplicarlo para obtener nuevos cabellos que puedan implantarse posteriormente en la misma persona. Esta posibilidad permitiría disponer de más unidades foliculares sin necesidad de extraer un número elevado de pelos de otras zonas del cuero cabelludo.

Sin embargo, esta técnica continúa en una fase experimental. Garnacho explica que se han obtenido resultados en modelos animales, pero que su aplicación a las personas presenta importantes dificultades. La respuesta de los folículos humanos no es necesariamente equivalente a la observada en otros animales, lo que complica trasladar los resultados experimentales a la práctica clínica.

"Lo que nosotros queremos en un futuro es coger un folículo del paciente, cultivarlo, sacar un montón de pelo, y esos mismos pelos, injertárselo al mismo paciente", resume la especialista. No obstante, insiste en que esa posibilidad todavía no está disponible como tratamiento habitual. Mientras se investiga cómo superar estas limitaciones, el trasplante convencional sigue siendo la opción quirúrgica utilizada.

Láseres y nuevas tecnologías como complemento terapéutico

A los avances farmacológicos y quirúrgicos se suma la incorporación de nuevas tecnologías procedentes de otros ámbitos de la Dermatología. Los dispositivos empleados en tratamientos de rejuvenecimiento, fotodaño, cicatrices y otras afecciones cutáneas también están encontrando aplicaciones en la tricología.

Entre las herramientas disponibles figuran diferentes tipos de láseres, incluidos los fraccionados ablativos y no ablativos, además de dispositivos como los láseres excímeros y técnicas como la mesoterapia. Estas intervenciones pueden utilizarse como complemento de los tratamientos farmacológicos, según las características de cada paciente y la enfermedad que presente.

La ampliación del abanico terapéutico permite a los especialistas contar con más recursos para abordar los problemas capilares y adaptar las estrategias a las necesidades individuales. Sin embargo, la elección del tratamiento depende del diagnóstico y del tipo de alopecia, por lo que no todas las opciones son adecuadas para todos los pacientes.