Médico escribiendo en su puesto de trabajo. Imagen de Envato
Caos digital en sanidad: el 80% de los hospitales aún depende del papel y el bolígrafo
Según un estudio, apenas el 21% de los centros sanitarios evaluados en la sanidad británica ha logrado desterrar el formato físico de sus rutinas clínicas
Un cuarto de siglo después de prometer una sanidad libre de folios y carpetas, el sistema público de salud se ahoga en una transición tecnológica a medio cocer. Ocho de cada diez hospitales ingleses siguen dependiendo del bolígrafo para redactar sus historiales médicos, un estancamiento revelado en un estudio publicado por The BMJ que resuena con fuerza en las consultas españolas, donde los facultativos libran batallas idénticas contra interfaces obsoletas y sistemas autonómicos incompatibles. Los autores del estudio analizan esta anomalía operativa y concluyen que "la sanidad totalmente sin papel sigue siendo una realidad lejana".
Promesas caducadas
Apenas el 21% de los centros sanitarios evaluados en el NHS (por sus siglas en inglés) ha logrado desterrar el formato físico de sus rutinas clínicas diarias, según el estudio. La investigación detalla una convivencia ineficaz de modelos híbridos que eternizan los plazos, hasta el punto de que complejos hospitalarios como el Salford Royal de Mánchester arrastran una reconversión iniciada en el año 2000 que todavía no ha concluido. Frente a la inversión millonaria de sucesivos gobiernos, los datos demuestran que la realidad de las plantas hospitalarias ignora las agendas políticas. "El impulso hacia la digitalización continúa estancado", zanja el informe.
Caos informático
Lejos de agilizar el trabajo, la tecnología mal implementada multiplica la carga administrativa. Casi un tercio de las instituciones obliga a sus profesionales a saltar entre dos o más programas incompatibles para completar un registro básico, un laberinto que en clínicas como la Essex Partnership University alcanza las seis plataformas distintas. Derya Nurlu, especialista en psiquiatría, lamenta este desgaste burocrático y recuerda que tarda meses en dominar el software mientras atiende a pacientes crónicos con historiales de enorme complejidad. La falta de usabilidad de estos sistemas transforma los ordenadores en obstáculos diarios, obligando al médico a regresar al soporte físico para no paralizar la atención al enfermo.
Riesgo clínico
Esta parálisis no responde únicamente a la escasez de fondos, sino a la resistencia estructural del propio ecosistema médico. Pritesh Mistry, experto en tecnología de la salud, argumenta que renovar los equipos exige alterar radicalmente la forma de trabajar en entornos críticos que no admiten márgenes de error. Mientras tanto, el paciente asume las consecuencias de este limbo organizativo. Perder minutos vitales buscando hojas impresas o descifrando letras ilegibles "es ineficiente y puede conducir a errores clínicos", advierte Izzie Jordan-Evans sobre una metodología que tilda de arcaica. En contraposición, los facultativos que operan en los pocos centros verdaderamente digitalizados celebran reducciones drásticas del trabajo administrativo gracias a la automatización.
Apuesta por la IA
Ante el naufragio de las estrategias previas, la administración fía ahora la solución a la inteligencia artificial. El nuevo plan de salud descarta fijar más fechas límite para eliminar el papel y apuesta por implementar tecnología de voz ambiental antes de 2035. Este sistema transcribe automáticamente las conversaciones de la consulta en tiempo real, una herramienta que ya ahorra media hora de papeleo diario a los médicos en las pruebas piloto de la Universidad de Oxford. Megan Morys-Carter, directora de innovación del proyecto, matiza el optimismo general y subraya la obligación innegociable de mantener a un especialista humano revisando el texto generado por el algoritmo.
Sin embargo, los expertos asumen que la digitalización absoluta es hoy una quimera logística. El riesgo ineludible de sufrir ciberataques o caídas masivas en los servidores condena a los hospitales, tanto británicos como españoles, a conservar los archivos de papel como último mecanismo de seguridad para garantizar la continuidad asistencial.