Pareja caminando (Envato)

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Medicina

La longevidad, vista por su sociedad científica: "No depende de los años que te quedan, sino del estilo de vida que se lleve"

Frente a los mitos de las redes sociales y los falsos expertos, José Serres, presidente de Semal, aclara en Redacción Médica qué tratamientos tienen respaldo médico real y por qué el estilo de vida sigue siendo la mejor clave de la longevidad

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En la medicina antienvejecimiento, el término de ‘experto en longevidad’ se ha extendido en los últimos años. En las redes sociales aparecen ahora muchas figuras dando consejos, incitando el uso de suplementos o recomendando técnicas que cuentan con poco rigor científico. Plasmaféresis, rapamicina, suplementos a puñados, exposición solar sin límite en nombre de los ritmos circadianos: cualquier receta encuentra hoy altavoz en YouTube o en Instagram, y no siempre la firma un médico.

Es en este contexto precisamente donde se debe marcar la línea. "No admitimos ninguna terapia que no esté validada científicamente", destaca José Serres, médico especialista en Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética, y presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (Semal), en su entrevista a Redacción Médica.

La sociedad, fundada y con sede en el Colegio de Médicos de Sevilla, se apoya en la medicina basada en la evidencia. En este sentido, el problema reside en que "muchos médicos y centros sanitarios utilizan hoy la etiqueta 'antienvejecimiento' sin ningún vínculo con la sociedad, y nosotros no avalamos lo que hacen", detalla Serres. Es por ello que no es de extrañar que reivindique el papel de Semal en "dar valor a las terapias que cuentan con respaldo científico probado".

De Bryan Johnson a Marcos Llorente: "Me parece un disparate absoluto"

Es, concretamente, en ese respaldo científico en el que se debe sustentar la Medicina Antienvejecimiento, sin embargo, existen muchos personajes públicos autodenominados expertos en longevidad que recomiendan o practican tratamientos de dudoso o nulo respaldo médico. Uno de los más famosos es el empresario estadounidense Bryan Johnson, el cual ha convertido su cuerpo en su propio laboratorio para "intentar mantener una edad biológica lo más joven posible". Tanto es así que Johnson se ha sometido a intervenciones como la plasmaféresis, que consiste en "intercambiar su plasma con el de su hijo, mucho más joven que él", o el uso de un amplio surtido de suplementos y fármacos, "incluida la rapamicina, que finalmente abandonó al comprobar que no le funcionaba y le provocaba efectos secundarios", detalla Serres.

A su vez, otro caso es el del futbolista Marcos Llorente, el cual defiende, entre otras cosas, la exposición al sol sin límite y la negativa a usar crema solar. "Me parece un disparate absoluto. Es una persona que desconoce la materia y que aprovecha su notoriedad para ganar seguidores, y probablemente también ingresos". Ante este tipo de situaciones y personajes, la conclusión es clara y, por parte de Semal, aseguran que "nunca recomendaríamos a un paciente, ni a ningún médico asociado, someterse a prácticas que no cuenten con reconocimiento científico".

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Lo cierto es que, más allá de tratamientos invasivos o hacer 'callo solar', se debe comprender que la longevidad "no depende de los años que te queden, sino del estilo de vida que se lleve". Es por ello que los hábitos se vuelven cruciales para frenar el envejecimiento, pues todo se reduce a que "si una persona bebe en exceso, fuma, duerme mal y tiene obesidad, su longevidad será mucho peor que la de quien decide beber con moderación, seguir una dieta saludable sin ultraprocesados ni azúcares constantes, dormir un mínimo de horas, hacer ejercicio, socializar y controlar el estrés", explica el presidente de Semal.

De hecho, esto comienza mucho antes de lo que se puede pensar, ya que entre los 25 y 30 años el cuerpo tolera excesos sin apenas consecuencias aparentes, "pero a partir de los 30-35 años empiezan a notarse los efectos, porque con el paso del tiempo cambian las hormonas y los parámetros vitales del organismo", detalla Serres. Y la realidad es que esta es la clave de todo, pues el objetivo de la Medicina Antienvejecimiento es "prevenir el envejecimiento prematuro, tanto en personas mayores como en jóvenes, con la mayor calidad de vida posible. Quien cumple con la dieta, el ejercicio, el sueño y el control del estrés no está igual a los 40, 50 o 60 años que quien no lo hace", subraya el doctor en medicina.

Reemplazo hormonal: ¿dónde está la línea roja?

Pero más allá del ejercicio, la dieta o el sueño, uno de los pilares sobre los que se sustenta Semal es la terapia de reemplazo hormonal. Para entenderla, se debe saber que a lo largo de los años, "el sistema hormonal experimenta un decaimiento progresivo", siendo el pico hormonal máximo entre los 20 y 22 años. "A partir de ahí, las principales hormonas —testosterona, estrógenos en el caso de las mujeres, hormona de crecimiento en ambos sexos— van descendiendo lentamente", detalla el profesional. De hecho, en el caso de las mujeres, este descenso es lo que da lugar a la menopausia, "un cambio hormonal brusco que aumenta el riesgo cardiovascular y de osteoporosis, entre otros problemas; y en los hombres ocurre algo similar con la andropausia".

"Cuando alguien promete que una simple crema va a resolver el envejecimiento: ahí sí hay engaño"

En este sentido, si un análisis detecta testosterona baja, el paciente no tiene por qué asumir los síntomas como inevitables: "Puede suplementarse hasta alcanzar valores normales para su edad". Pero con condiciones. "Esto debe hacerlo un especialista capacitado, tras un análisis clínico previo, ajustando la dosis exacta que corresponde a cada paciente", subraya. "Un exceso de suplementación provoca efectos secundarios, incluso tratándose de hormonas bioidénticas y naturales".

El peligro está en confundir este reemplazo hormonal con la suplementación química presente en algunos ámbitos como el deportivo. "Esto no debe confundirse con lo que ocurre en algunos gimnasios, donde se recurre a hormona de crecimiento o a anabolizantes sintéticos sin ningún control médico", afirma Serres. La diferencia entre ambos tratamientos se encuentra en que "la testosterona bioidéntica es la misma hormona que produce el cuerpo; los anabolizantes son sustancias sintéticas que no tienen nada que ver con una terapia de reposición hormonal supervisada" destaca.

Los sofocos durante la transición a la menopausia aumentan el riesgo cardiovascular.

Los sofocos durante la transición a la menopausia aumentan el riesgo cardiovascular.

Explotación comercial o medicina científica

Uno de los mayores problemas que puede enfrentar la Medicina Antienvejecimiento es que se pueda pensar que cuenta con un trasfondo comercial. Sin embargo, son muchas las sociedades científicas como Semal que luchan por su correcta aplicación, de hecho, Serres señala que "si se practica del modo que le describo, es completamente científica". No obstante, cuenta con un terreno gris en el que, "como en cualquier sector, hay quienes se dedican a vender humo, y eso es algo que no podemos controlar nosotros, sino que corresponde a Sanidad".

Otro aspecto a tener en cuenta es si los tratamientos para longevidad tienen el riesgo de prometer más de lo que pueden demostrar. Esto puede pasar si no se trata con los profesionales especializados, pero si "uno acude a una clínica seria, se realizan los análisis clínicos correspondientes y los test genéticos aconsejables en su caso, es razonable esperar una mejora, porque se ofrecen pautas concretas". El caso contrario se encuentra cuando "alguien promete que una simple crema va a resolver el envejecimiento: ahí sí hay engaño", explica el profesional.

Por otro lado, aplicar este tipo de medicina no tiene coste ninguno más allá del que uno se quiera gastar. "Adoptar hábitos como seguir una dieta equilibrada, hacer ejercicio, controlar el estrés o dormir bien no cuesta nada: solo depende de la voluntad de dejar de fumar, moderar el alcohol y alimentarse correctamente", cuenta el presidente de Semal.

Sin embargo, existen otros métodos más avanzados que sí requieren un desembolso con "un tratamiento más sofisticado, con las últimas pruebas clínicas disponibles —análisis de sangre, orina o test genéticos en saliva—, cuyo coste depende de cuánto se quiera invertir en conocer la propia predisposición genética y el riesgo de enfermedades futuras", afirma. Este tipo de tratamientos "no los cubre la Seguridad Social", pero permiten "saber si existe predisposición a la hipertensión y adoptar medidas preventivas con antelación, como reducir el consumo de sal antes de que aparezca el problema", concluye Serres.