Farmacia comunitaria.
La farmacia busca ganar peso en el alzhéimer: "Podemos detectar las primeras señales"
Adherencia terapéutica y acompañamiento de pacientes y cuidadores, claves para el seguimiento de la enfermedad desde las boticas
La farmacia comunitaria se posiciona como uno de los puntos sanitarios más accesibles para las personas con alzhéimer y sus cuidadores, tanto por su cercanía como por el contacto continuado que mantiene con los pacientes y sus familias. Con cada vez mayores avances en innovación terapéutica e interés creciente por el diagnóstico temprano, los farmacéuticos reivindican un papel más activo en la detección de señales de alerta, el seguimiento de los tratamientos y el acompañamiento de los pacientes.
Para Javier Palacios, titular de una farmacia en Jaén, la botica es un "punto de apoyo clave en la detección del alzhéimer de una manera temprana", precisamente porque constituye una "primera línea de Atención Primaria" y un servicio de "cercanía y de confianza". Esta relación continuada permite, a su juicio, detectar rápidamente cambios en la conducta del paciente y trasladar las posibles señales de alerta tanto a los familiares como al médico de atención primaria.
Una visión que comparte Jaime Arnaiz Rebollo, titular farmacéutico en Madrid, quien considera que la farmacia es "el punto sanitario de mayor accesibilidad hacia el ciudadano". El farmacéutico no sustituye al médico, pero sí puede identificar indicios compatibles con un deterioro cognitivo y orientar al paciente hacia el circuito de diagnóstico. Entre las señales que pueden llamar la atención en la farmacia cita los olvidos recurrentes, la repetición de preguntas, problemas de orientación o cambios en la personalidad y en la conducta.
Apoyo a cuidadores, entre los grandes retos
Una vez diagnosticado el alzhéimer, los profesionales consultados por Redacción Médica sitúan la adherencia terapéutica entre las principales necesidades a abordar desde la farmacia. Arnaiz señala que los pacientes pueden presentar "errores en la administración y en las pautas de los tratamientos", además de dificultades para reconocer qué medicamentos deben tomar y con qué periodicidad.
Palacios destaca en este ámbito el uso de los sistemas personalizados de dosificación (SPD), una herramienta que permite preparar la medicación de forma individualizada para facilitar su correcta administración. Según explica, estos dispositivos pueden ayudar tanto a pacientes que todavía conservan autonomía como a aquellos con un deterioro cognitivo más avanzado, en cuyo caso son los cuidadores quienes administran los tratamientos.
"Lo primero es la adherencia terapéutica", subraya Palacios, que considera los SPD "el proyecto estrella que podemos tener las farmacias en los pacientes con alzhéimer". Además de facilitar la toma de medicamentos y reducir el riesgo de errores u olvidos, estos sistemas permiten al farmacéutico mantener una comunicación más directa con Atención Primaria cuando surgen problemas con algún fármaco o es necesario renovar tratamientos.
Porque el papel de la farmacia no se limita al paciente. Los profesionales consultados coinciden en que los cuidadores constituyen una pieza fundamental del abordaje del alzhéimer y también presentan necesidades específicas. Arnaiz apunta que existe una "demanda muy grande de información" por parte de los cuidadores, especialmente sobre formación relacionada con la conducta, aspectos legales y recursos públicos o privados disponibles para apoyar al enfermo. A ello se suma, señala, la necesidad de recibir apoyo emocional.
Palacios, por su parte, destaca que las farmacias pueden colaborar en ámbitos que van más allá de la medicación, como los planes de nutrición o las ayudas técnicas para el hogar. También reclama una atención que tenga en cuenta al cuidador y una mayor preparación de los equipos de las oficinas de farmacia para responder a las necesidades específicas de estos pacientes.
Más protocolos y seguimiento
De cara al futuro, ambos farmacéuticos consideran necesario reforzar la coordinación entre la farmacia y el resto de profesionales sanitarios. Palacios apuesta por una mayor protocolización del manejo del paciente con alzhéimer y por una comunicación multidisciplinar que incluya a médicos, enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales. "Hay que estar preparado, hay que estar bien formado", sostiene, especialmente para que los equipos de las farmacias sepan cómo contribuir al manejo de la enfermedad.
Arnaiz plantea, en la misma línea, consolidar "protocolos consensuados de derivación entre los farmacéuticos y los médicos", acompañados de formación específica para reconocer las señales de alerta y de programas de seguimiento desde la farmacia. También ve margen para incorporar nuevas tecnologías aplicadas al diagnóstico, al seguimiento de la evolución de la enfermedad y, especialmente, a la adherencia terapéutica, con sistemas capaces de recordar al paciente si ha tomado o no su medicación.
Así, ante un escenario de mayor innovación en alzhéimer, la farmacia comunitaria reclama consolidar su papel como un punto de apoyo cercano al paciente y su entorno, con la adherencia terapéutica como uno de los principales ámbitos en los que puede aportar valor y con una mayor coordinación con el conjunto del sistema sanitario.