Marisa Gandía y Miguel Barrueco

Marisa Gandía y Miguel Barrueco

Sanidad hoy

El Real Decreto MIR, 20 años después: "Sus condiciones son infinitamente peores en la actualidad"

Dos médicos que vivieron la residencia antes y después de la aprobación de la norma vigente explican cómo cambiaron la formación y las condiciones laborales de los futuros especialistas

Y además: Los tutores dudan del decreto MIR: "Una cosa es la ley y otra la realidad"

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Con su renegociación sobre la mesa del Ministerio de Sanidad, el Real Decreto 1146/2006, de 6 de octubre, por el que se regula la relación laboral especial de residencia para la formación de especialistas en Ciencias de la Salud, cumple este martes 20 años y sigue marcando el paso de los médicos en formación. Antes de su aplicación, los MIR carecían de una regulación específica general y homogénea en España, rigiéndose por órdenes ministeriales de la época franquista y asentándose en contratos individuales según el hospital. La llegada de un marco único estatal unificó jornadas, sueldos y descansos en todo el país. Pero, ¿cómo afectó este giro histórico a los futuros especialistas y qué cambió realmente en los pasillos antes y después del decreto?

Quien puede responder cómo era la formación MIR antes de la entrada en vigor del Real Decreto es Miguel Barrueco. Este neumólogo, ahora jubilado, comenzó la residencia en 1976 y muchos de los aspectos que por entonces vivió han cambiado. En aquella época, cada hospital convocaba sus propias plazas de formación y él perteneció a la última promoción que participó en el sistema 'rotatorio', que consistía en rotar durante el primer año de residencia por los cuatro servicios básicos: Medicina Interna, Cirugía, Pediatría y Ginecología.

Libranzas MIR tras una guardia de 24 horas

Fue tras la primera huelga de residentes, en 1978, cuando se unificó la entrada al sistema MIR mediante un examen único e igualitario para todos. Y aunque hubo mejoras en las condiciones de los residentes una vez entraron a la residencia, no fueron suficientes. Por ejemplo, la regulación del descanso tras una jornada de 24 horas fue modificada posteriormente, en 2008, cuando se estableció expresamente que, después de 24 horas de trabajo ininterrumpido, el residente debía disfrutar de 12 horas de descanso, salvo en casos de emergencia asistencial.

De hecho, Barrueco no libró tras ninguna de sus guardias de 24 horas en los cinco años que duró su residencia. "No podíamos por necesidades del servicio. Hacías la jornada y te tenías que quedar en la consulta. A lo mejor estabas 36 horas seguidas trabajando", ha admitido a este periódico, aunque reconoce que había muchas variables y dependía de cada área y jefe de servicio. "Quizá otros sí que podían hacerlo", ha dudado.

Una exigencia que no solo afectaba a la salud física y mental de los médicos, sino que suponía un importante impacto negativo en la vida familiar. "Antes del turno estabas comiéndote la cabeza pensando en la jornada y, tras salir del hospital, tu carácter era difícil. Lo único que querías era comer y echarte una buena siesta", ha lamentado.

Salario MIR antes de 2006

Aunque no recuerda si el sueldo de los MIR aumentaba conforme iban pasando los años de formación, lo que no puede olvidar es que el esfuerzo que invertían no era proporcional a su retribución económica. "El sueldo era una miseria", ha subrayado, y los incrementos anuales eran "reducidos".

Hay muchos aspectos que con la actual norma han cambiado. Los programas formativos se han adaptado a las nuevas realidades y los avances científicos han transformado la formación. Sin embargo, Barrueco considera que las circunstancias que son estrictamente laborales, como los horarios, la presión asistencial e, incluso, las guardias, son "infinitamente peores" en la actualidad. "No se pueden comparar las características a las que están sometidos los MIR en una guardia de 24 horas con las de entonces", ha reconocido.

Además de la dureza de las guardias de 24 horas, Barrueco cree que la demanda asistencial, si la compara con sus años como MIR, ha experimentado un incremento importante, y "no siempre justificado". Esto deriva en que las condiciones de trabajo actuales de los futuros especialistas sean, en su opinión, "bastante duras".

Los cambios en las condiciones MIR tras la aprobación del Real Decreto

Ese escenario de precariedad y jornadas infinitas fue, precisamente, el que el Real Decreto de 2006 trató de regular sobre el papel. Sin embargo, la teoría tardó en calar en la realidad de los pasillos. Marisa Gandía, neurocirujana en el Hospital Universitario La Paz y presidenta de la Sociedad de Neurocirugía Madrileña, debutó como MIR cuando se aprobó la nueva norma y considera que supuso un cambio "muy importante" en su formación. Por primera vez, algunas condiciones que afectaban a los residentes estaban por escrito y, por tanto, podían exigirse. "Estableció realmente un marco común y permitió empezar el proceso de cambio de tradición por regulación", ha afirmado.

El avance fue real, pero no inmediato. Gandía recuerda que empezó a notar cambios reales en la cultura del hospital cuando estaba en su último año de residencia, y no al comienzo, que es cuando se aprobó la actual norma vigente. "Cuando yo llegué, tenía que demostrar compromiso y capacidad de sacrificio. De hecho, la sobrecarga del trabajo se entendía como una parte inevitable", ha aseverado. Esta mentalidad ha ido evolucionando y la profesionalidad ya "no se confunde" con un "sacrificio ilimitado", aunque añade que todavía hay aspectos que se deben mejorar. "La Medicina es una profesión con una responsabilidad humana extraordinaria. Y precisamente por eso, necesitamos profesionales bien formados y cuidados. Cuidar a los médicos no baja la exigencia, sino que permite sostenerla", ha resaltado.

Grandes hitos con el Real Decreto MIR

Uno de los grandes hitos del Real Decreto de los MIR fue la obligatoriedad de un descanso de 12 horas tras una guardia de 24 horas, salvo por emergencia asistencial. En concreto, el Real Decreto 183/2008 modificó el artículo 5.1.b del Real Decreto 1146/2006 y estableció que, después de 24 horas de trabajo ininterrumpido, el residente tendría un descanso continuo de 12 horas, salvo en casos de emergencia asistencial. El cambio no fue inmediato en los hospitales y requirió tiempo para su implantación, pero supuso un "gran avance" en el papel. Empezó un cambio de mentalidad entre los profesionales que terminó por entender que descansar tras una jornada de este tipo no era un privilegio, sino un derecho.

Por otro lado, el límite máximo fijado de guardias en un mes fue de siete. Gandía recuerda que eran cinco residentes en el servicio y no superaban esa cifra, aunque, durante las vacaciones o en ausencia prolongada de un compañero, sí que podía ocurrir, aunque eran casos muy aislados. Para ella, el debate actual no está en el número de turnos que se hacen, que ya está establecido, sino en qué condiciones se realizan y lo que los futuros especialistas aprenden en ellas.

Reducción del tope de horas semanales y retribuciones por grado de formación

La aprobación de la norma estableció una reducción progresiva del tope de horas semanales. Aunque al principio "ningún" MIR contabilizaba las horas que trabajaba, sí es cierto que tanto las libranzas tras una guardia como la existencia de un máximo de horas por ley supusieron un cambio de mentalidad en los servicios. "Con los años, los residentes ya no se quedaban a todas las prolongaciones de jornadas. Ni siquiera por interés informativo", ha aseverado. Y eso dejó de entenderse como "falta de interés" por aprender.

En cuanto a las retribuciones, el decreto introdujo el complemento por grado de formación, es decir, un aumento salarial según el año de residencia. Ella lo vivió durante su época como MIR y subraya que fue un reconocimiento "importante". "Con el avance de los años, aumenta la formación, la autonomía y la responsabilidad clínica del residente", ha añadido. Por tanto, que se estableciesen estas subidas y que fueran acordes a las responsabilidades fue - y sigue siendo- una de las inversiones "más importantes" que ha hecho y debe hacer un sistema sanitario.

Limitaciones de guardias por embarazo

El texto incluyó por primera vez la limitación de la jornada a un máximo de 12 horas diarias para médicas embarazadas o personas con cargas familiares, librándolas de las guardias sin restarles horas formativas. Sin embargo, Gandía no vio aplicar estos avances durante sus años de residencia. "La aplicación de este tipo de medidas, incluyendo las de maternidad, depende en gran medida de la organización del servicio y, sobre todo, de la voluntad del profesional de no querer dejar 'tirados' a sus compañeros", ha explicado.

De hecho, considera que las medidas actuales para médicas embarazadas y para padres con niños pequeños son "demasiado generales y estándar". "Conciliar debería significar poder organizar tu trabajo con las necesidades del área y con tu vida personal", ha explicado. Por tanto, si analiza las condiciones actuales, cree que los MIR no se encuentran en el sistema óptimo que vele por eso. "Hay que trabajar en ello si queremos que saquen todo su potencial", ha incidido.

Sin embargo, tanto para Barrueco como para Gandía, la entrada en vigor del Real Decreto de los MIR hace 20 años fue claramente "positiva". "Son residentes en formación, pero también profesionales con sus derechos", han coincidido. No obstante, ambos coinciden en la necesidad de seguir avanzando en mejoras para las nuevas generaciones de especialistas. "El principal recurso sanitario son sus profesionales. Hay que invertir en ellos", han subrayado.