Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Reducir la mortalidad en accidentes de tráfico exige de mayor especialización sanitaria
La Asamblea General de las Naciones Unidas fija para 2030 el reto de reducir a la mitad el número de accidentes mortales
Los traumatismos causados por el tránsito son lesiones físicas graves o mortales que se producen en las vías públicas como consecuencia de colisiones o atropellos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año estos sucesos provocan la muerte de aproximadamente 1,16 millones de personas en todo el mundo.
En su resolución A/RES/74/299, la Asamblea General de las Naciones Unidas fijó el objetivo de reducir a la mitad, de aquí a 2030, el número de defunciones y lesiones causadas por el tránsito. En este reto, la atención sanitaria pasa a tener un papel esencial. La directriz es clara: hay que mejorar la respuesta tras una colisión. Esto obliga a garantizar el acceso oportuno a la atención prehospitalaria y a reforzar tanto la calidad de esta asistencia como la atención hospitalaria posterior.
La prevención de accidentes de tráfico, objetivo para la OMS
Más allá de las víctimas mortales, entre 20 y 50 millones de personas sufren cada año lesiones no mortales en accidentes de tráfico, muchas de ellas con secuelas permanentes que derivan en algún tipo de discapacidad. A este impacto humano se suma un elevado coste económico: los gastos sanitarios, la pérdida de productividad y la atención que requieren las víctimas hacen que la siniestralidad vial represente un coste equivalente al 3 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) de la mayoría de los países.
Para reducir esta carga, la Organización Mundial de la Salud subraya la importancia de que las medidas de prevención se apliquen de forma efectiva. Para ello, considera necesario establecer, actualizar de forma periódica e implementar, en los ámbitos nacional, regional y local, normas dirigidas a prevenir los principales factores de riesgo, así como definir sanciones adecuadas que garanticen su cumplimiento. Además, los cambios en los sistemas sanitarios juegan también un papel esencial.
Las demoras tanto en la detección de las víctimas como en la prestación de asistencia aumentan la gravedad de las lesiones. En este contexto, el tiempo de reacción es un factor crítico: unos pocos minutos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Por ello, el organismo insiste en la necesidad de garantizar un acceso rápido a la atención prehospitalaria y de reforzar la calidad de la asistencia, tanto en el ámbito extrahospitalario como en el hospitalario, para la que propone la implementación de programas de formación especializada.
Asimismo, el organismo recuerda que la seguridad vial debe abordarse desde una perspectiva integral. Para ello, reclama la implicación coordinada de sectores como el transporte, la policía, la sanidad y la educación, además del sector privado y las organizaciones de la sociedad civil. Además, propone el diseño de infraestructuras más seguras, la incorporación de criterios de seguridad vial en la planificación urbana y del transporte, la mejora de los estándares de seguridad de los vehículos, el fortalecimiento de la atención a las víctimas tras un accidente, la aprobación y el cumplimiento de normas dirigidas a reducir los principales factores de riesgo y el impulso de campañas de sensibilización ciudadana.