Una mujer abanicándose en un día soleado. (Europa Press)
Los trenes de ola de calor tensionan los hospitales y disparan las visitas a las urgencias
El cambio climático está aumentando la frecuencia, intensidad y duración de los episodios de calor extremo
De ola de calor en ola de calor. España sufrirá esta semana su tercera ola de calor en lo que va de verano, lo que supone tres episodios de temperaturas muy altas en tan solo seis semanas. Con esta, serán 81 las olas de calor contabilizadas desde 1975, 25 de ellas se registraron entre 1975 y 2000 y 56 entre 2001 y 2026. Unos datos que constatan los efectos del cambio climático, con el doble de olas de calor en los últimos 25 años que en el mismo intervalo precedente y que el 25 por ciento de las mismas hayan ocurrido en los últimos cuatro veranos.
Una situación que hace emerger el concepto de trenes de olas de calor, una sucesión de eventos extremos sin dar tregua y que azota Europa y, especialmente, España. El calor y el calor extremo también afectan la salud de la población y tiene repercusión sobre el sistema sanitario. Hasta el pasado 14 de julio, el Ministerio de Sanidad cifró en 1.180 las muertes atribuibles a altas temperaturas desde la activación del plan del calor. De hecho, cada vez son más los centros de investigación y administraciones que destinan recursos a analizar el impacto de este fenómeno en la sociedad, a monitorizarlo y formular propuestas para prevenir sus consecuencias.
Un estudio publicado en julio del Institut Metròpoli ha arrojado luz por primera vez en la relación de las altas temperaturas con la mortalidad en el Área Metropolitana de Barcelona, y señala la edad, el género y la vulnerabilidad como factores determinantes. En las dos últimas décadas, el calor extremo ha provocado 10.200 muertes en esta zona, según sus autores, que apuntan que el impacto "es desigual según el territorio y las características sociales de la población, lo que refuerza la importancia de las medidas de prevención y adaptación".
Efectos del calor en la salud
Esta investigación se centra exclusivamente en la relación entre temperatura y mortalidad, por lo que han preguntado a la gente la percepción subjetiva de los efectos del calor sobre su salud. Las sensaciones que las personas sufren siempre o más a menudo son las dificultades para conciliar el sueño (48,9 por ciento), el aumento del cansancio o abatimiento por el calor (47,8 por ciento), y en grado más bajo, las dificultades para concentrarse y una mayor ansiedad o malestar emocional.
La mayoría han notado muy poco o nunca un empeoramiento de las enfermedades previas a causa del calor, un aumento de dolores de cabeza o migrañas y la inflamación de las extremidades.
También este mes ISGlobal y DKV han presentado el nuevo informe del Observatorio de Salud y Medioambiente centrado en la prevención y respuesta ante el riesgo de estrés térmico, que concluye que el calor extremo se convierte en el principal riesgo climático para la salud en España y tensiona el sistema sanitario. Elizabet Diago, autora del informe, ha asegurado a Redacción Médica que "el calor extremo forma parte ya de uno de los diez principales riesgos de Salud Pública y se necesita un abordaje más sistémico para hacerle frente: desde el ámbito de la vivienda, del trabajo -empleados con más riesgo de estrés térmico-, urbanismo y otras, no solo desde el sistema sanitario". Además, este estudio también apunta que este fenómeno no afecta a todas las personas por igual, sino que hay más vulnerables según sus condiciones fisiológicas o socioeconómicas.
Sistema sanitario tensionado
El informe ofrece una radiografía precisa de la situación para dotar a los profesionales de la salud de información útil frente a un riesgo que ya condiciona el futuro del sistema sanitario. En este sentido, Diago ha explicado que el estudio plasma que hay hospitales y centros de salud que no tienen una climatización adecuada, lo que "supone un riesgo para los pacientes que acuden y los profesionales sanitarios". El trabajar con equipos de protección individual hace que aumente la temperatura corporal y estén expuestos 25 veces más al estrés térmico, mientras que el 96,5 por ciento de sanitarios reporta que es agotador ejercer en olas de calor.
Además, otros trabajos reportan que las consultas en urgencia en picos de olas de calor aumentan un 42,8 por ciento en Barcelona. En Madrid, se ha observado que las visitas pediátricas por fiebre se incrementan más de un 25 por ciento con estos episodios.
Tanto el estudio del Institut Metròpoli y el de ISGlobal se apoyan en otras investigaciones anteriores, pero la mayoría proyectan que podría haber un cambio de tendencia en el futuro y haya más muertes asociadas al calor que al frío, que en la actualidad es más letal. "El cambio climático está aumentando la frecuencia, la intensidad y la duración de los episodios de calor extremo. Aunque la adaptación de la población pueda reducir el riesgo, muchas proyecciones indican que la carga de mortalidad asociada al calor tenderá a aumentar", han apuntado desde la primera entidad.
Por su parte, Diago menciona otros artículos que han analizado que en un escenario de altas emisiones, en 2075 prácticamente se igualará la mortalidad asociada al frío con la de calor. No obstante, en un escenario intermedio de emisiones, la mortalidad asociada al frío es la que produce más muertes en Europa.
Dificultad de reportar los datos
Hasta el momento no hay un código de indicación de la enfermedad para reportar muertes por calor, por lo que es difícil cómo reportar los datos. La mayoría de informaciones se basan en estimaciones, teniendo en cuenta series históricas, la mortalidad esperada y si hay un aumento de casos que se correlacione con episodios de calor extremo. "Deberían mejorar los sistemas de vigilancia de mortalidad y morbimortalidad asociada al calor para que no esté silenciada o invisible", ha afirmado Diago.
En este sentido, una de las más recientes iniciativas autonómicas es la nueva herramienta para monitorizar la morbimortalidad atribuible al calor que ha estrenado el Departament de Salut de Cataluña. Este sistema, que se basa en indicadores como la deshidratación, golpes de calor, síncopes y otras afectaciones de las altas temperaturas, es "muy interesante porque aporta información clínica en tiempo real sobre los impactos del calor y es complementaria a los estudios epidemiológicos de mortalidad atribuible", según ha valorado el Institut Metròpoli.