Este viernes, el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud tiene previsto estudiar criterios comunes en materia de información sobre las listas de espera.

Se podría decir por fin, ya era hora u otras fórmulas para expresar el retraso inaguantable que esta medida acumula. Y no solo porque sea una patata caliente que se pasan entre la Administración estatal y las autonómicas, sino sobre todo porque es una falta de respeto que viene sufriendo la ciudadanía desde hace décadas.

Al mal endémico de la espera para acceder a una consulta, un diagnóstico o una cirugía, hay que añadir la penosidad de tener diferente contabilidad dependiendo de la comunidad autónoma en la que se viva. Y muy probablemente también tenga que ver con el hospital que tengas asignado. A ese nivel de desbarajuste llegamos.

Ahora que está tan de moda decir lo del elefante en la habitación cuando se habla de un problema que todo el mundo ve, pero que nadie se atreve a resolver, las listas de espera pueden considerarse como el gran paquidermo en la sala del Sistema Nacional de Salud. En esta cuestión convergen muchos de los males que aquejan a un mecanismo de atención pública en clara decadencia: falta de competitividad, de financiación, de organización, excesiva burocratización y un sistema funcionarial que deja al profesional sin incentivos para mejorar.

El fin de las listas de espera ha sido una promesa política habitual. Desde Esperanza Aguirre cuando era presidenta 'popular' de la Comunidad de Madrid, hasta Pedro Sánchez y Yolanda Díaz cuando firmaron el pacto PSOE-Sumar en 2023, con este asunto como estrella del paquete de promesas sanitarias para la legislatura.

Pasan los años, se acumulan los buenos propósitos, y la realidad es que la situación va a peor. No solo por los números, que en realidad son pacientes que sufren y padecen por estas demoras, sino por la vergüenza de que pase el tiempo y la sociedad tenga que avanzar con este lastre que parece un castigo eterno.

Se han acabado las excusas. Si esta semana se consuma un nuevo fracaso en torno a este problema ciudadano de primer orden, significará que, en efecto, quienes tienen la responsabilidad de la gestión se han puesto de acuerdo para tomarle el pelo al paciente. Es duro, sí, pero visto que es un problema que lleva décadas sin solución, no se puede extraer otra conclusión.

Este viernes puede ser un día histórico para el avance del Sistema Nacional de Salud. O una nueva jornada negra de retroceso. Depende de la voluntad del Ministerio de Sanidad y las consejerías.