La encuesta que Sigma Dos ha hecho para Redacción Médica en torno a la situación que la propuesta de nuevo Estatuto Marco ha generado entre los médicos es muy reveladora: los facultativos están hartos de ser maltratados. Expresan claramente que sufren "explotación" y "falta de respeto". Están quemados por unas circunstancias laborales que consideran injustas, vista su formación y el nivel de responsabilidad que asumen. No aguantan más ser ninguneados por la administración.
Los resultados de esta consulta demoscópica promovida por el Comité Editorial de Redacción Médica no dejan lugar a dudas: no quieren el Estatuto Marco aprobado en el Consejo de Ministros el 1 de septiembre. Solo les vale un estatuto médico propio que recoja las especificidades de su profesión. Tal es su nivel de hartazgo que, para conseguir ambas cosas, están dispuestos a sostener una huelga indefinida frente a quien sea.
El adelanto electoral ha dado un periodo de tregua, aunque los médicos van a seguir con movilizaciones para recordar al próximo Gobierno de España que el problema sigue sobre la mesa.
El 29 de noviembre los españoles irán a las urnas, y de ahí saldrán los representantes estatales de los próximos cuatro años. En sus manos estará qué hacer con la propuesta de estatuto marco que llegó del Ministerio de Sanidad. Quien retome el asunto no puede obviar el sentir de los médicos, una circunstancia muy bien captada por los sindicatos profesionales, y mal interpretada por los de clase que firmaron el texto.
La encuesta está realizada entre médicos de a pie, que sostienen las abarrotadas consultas de Atención Primaria y que mueven la maquinaria de una Atención Hospitalaria sobrecargada. Facultativos que hacen guardias maratonianas, que llevan el peso y la frustración de las listas de espera, que no encuentran incentivos para ser mejores cada día, que están convencidos de que viven una realidad laboral injusta respecto a lo que aportan a la sociedad.
Si el próximo Gobierno cree que el problema se acabó con la desconvocatoria de huelga indefinida por el adelanto electoral, estará equivocado. A la vista de los resultados del sondeo, es un problema estructural que la profesión viene identificando desde hace tiempo y que ha llegado al límite de lo soportable.
La pandemia covid-19 seguramente colaboró en el 'ya basta' de estos profesionales, que fueron el escudo y sostén social ante el virus, y vieron que aquellos aplausos solo fueron al final una palmadita en la espalda que no mejoró sus condiciones de trabajo.
El médico de ahora no es el de hace unas décadas, aquel al que la vocación le hacía dedicar su vida en cuerpo y alma al oficio. La vocación sigue intacta, pero ahora el facultativo quiere tener su vida profesional plena y también la personal, a la que tiene derecho. Estamos en el siglo XXI y no valen las reglas del anterior.
Además, quiere recuperar el reconocimiento social que ha perdido, sobre todo por culpa de la propia estructura administrativa, que no le considera y desdeña su punto de vista. El médico no puede ser un peón en la asistencia sanitaria; reclama el protagonismo que le da el conocimiento.
El malestar de los médicos además está repercutiendo en el Sistema Nacional de Salud (SNS) y en la atención que presta.
Los políticos y gestores no pueden seguir obviando el gran problema que hay.
El nuevo Gobierno ha de actuar con responsabilidad y abrir una negociación real que dibuje otro escenario distinto al actual, porque el bien de la profesión médica es el de toda la sociedad.
Los médicos han hablado; hay que escucharles, no queda margen para ignorarles más.