Carlos Déniz Armengol
¿Dónde van los minutos que ahorra la IA?
Carlos Déniz Armengol es cirujano torácico del Hospital Universitario de Bellvitge
En medicina hablamos mucho del tiempo. Cuánto dura una cirugía, cuánto tarda una prueba, cuántos pacientes atendemos en una mañana. Ahora también empezamos a contar los minutos que nos ahorra la inteligencia artificial: historias clínicas que se redactan solas, informes preparados en segundos, consultas transcritas mientras hablamos con el paciente. Y está bien. Después de años mirando demasiado a una pantalla, cualquier tecnología que nos quite burocracia parece una buena noticia. Pero hay algo que me interesa más que saber cuánto tiempo vamos a recuperar: saber qué haremos con él.
Porque en un hospital no todos los minutos valen lo mismo. Cinco minutos pueden servir para rellenar unas casillas o para quedarse un poco más después de explicarle a alguien que tiene cáncer. Para revisar un TAC con un compañero, llamar a una familia o responder esa última pregunta que aparece cuando el paciente ya tiene la mano en la puerta. Incluso para terminar de trabajar cuando toca. Los primeros estudios sobre escribas de inteligencia artificial empiezan a mostrar que podemos reducir el tiempo dedicado a documentación, pero también que parte de ese ahorro puede traducirse en más actividad. No tiene por qué ser malo: hay listas de espera y personas que necesitan atención. El problema aparecerá si cada minuto recuperado termina inevitablemente convertido en otro hueco en la agenda.
Quizá deberíamos empezar a medir algo que apenas aparece en los informes de innovación: adónde va el tiempo que recuperamos. Si una herramienta ahorra cien horas al mes, me interesa saber cuántas reducen demoras, cuántas evitan que un médico termine informes en casa y cuántas permiten escuchar mejor a quien tenemos delante. No se trata de elegir entre eficiencia y humanidad. Necesitamos ambas. La inteligencia artificial podrá escribir nuestras notas y ordenar nuestros datos, pero seguirá habiendo pacientes que necesiten unos minutos más para atreverse a preguntar. Y quizá el verdadero avance no sea conseguir que la máquina termine antes, sino que nosotros no tengamos tanta prisa.