Redacción Médica
24 de septiembre de 2018 | Actualizado: Domingo a las 18:00

Las urgencias sí renuevan su tecnología

Profesionales de servicios regionales de atención urgente analizan su espectacular progreso

Domingo, 03 de mayo de 2015, a las 20:25
Javier Barbado / Imagen: Miguel Fernández de Vega y Cristina Cebrián. Madrid
Los servicios de urgencias españoles no se demoran lo más mínimo para disponer de la última tecnología en sus equipos. Al contrario de lo que sucede en el resto de niveles asistenciales, donde algunos estudios han constatado el predominio de equipos obsoletos, en el caso de la atención urgente se actualiza la dotación de forma periódica ya que no se puede permitir su obsolescencia. En este debate organizado por Sanitaria 2000 se descubre asimismo su evolución en autonomías como la de Madrid o la de Andalucía, en este último caso provista, además, de cierto margen de autogobernanza por su personalidad jurídica de empresa pública.

Luis Olavarría, Pedro Martínez, Javier Barbado (moderador), Carlos Fernández y José Antonio Jiménez.


Javier Barbado, moderador: Nos interesa que expongan su planteamiento de la situación general de las urgencias en España.

Luis Olavarría Govantes, gerente de la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias de Andalucía (EPES): Los servicios de Urgencias son la parte del Sistema Nacional de Salud (SNS) que permiten al ciudadano, en cualquier situación de proceso agudo o urgente y que requiere de actuación inmediata, acudir y entrar en el sistema sanitario. Hablamos de dos niveles: uno extrahospitalario, al que se accede por teléfono y por medio de los centros coordinadores; y otro de servicios de urgencias integrados en los centros sanitarios, donde se atienen las situaciones de mayor extremo de complejidad y otras menos difíciles.

Luis Olavarría, gerente de la EPES.

Pedro Martínez, director gerente del Summa 112.


Pedro Martínez Tenorio, director gerente del Summa 112: En mi opinión, la sanidad dispone de tres patas: la Atención Primaria, la hospitalaria y la de Urgencias. Y, precisamente gracias a los avances tecnológicos que se están produciendo en los últimos años, estas tres patas dejan de ser islas y forman una atención global.

¿Qué demanda generan los servicios de urgencias desde el punto de vista tecnológico?

Carlos Fernández, director de la División de Electromedicina de Cardiva: Como empresa que nos dedicamos a la electromedicina, el sector de urgencias es consumidor, principalmente, de tecnología relacionada con desfibriladores, ventiladores y demás equipamiento. Hay una diferencia clara entre el equipamiento de una ambulancia y el de un hospital, por la lógica de la situación, ubicación y necesidades de movilidad.

Carlos Fernández, director de Electromedicina de Cardiva.

José Antonio Jiménez, médico del Samur.


En la industria, estamos intentando apoyar un cambio para que haya más relación entre el servicio de urgencia de hospital y el de emergencias, en el sentido de que los datos del paciente puedan estar comunicados y no haya dos historias clínicas.

José Antonio Jiménez, médico del Samur y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes): En los últimos años, la evolución de las emergencias en España ha sido espectacular, y, de hecho, todo el mundo conoce los servicios extrahospitalarios, pero también han destacado aquéllos por la formación y capacitación de sus profesionales, así como por los materiales que se emplean. A partir de mi experiencia en el Samur, he de decir que el grado de satisfacción de la gente es muy similar al que tiene con los bomberos, por ejemplo, es decir, de más de un 90 por ciento.

Pedro Martínez, Luis Olavarría, Javier Barbado, José Antonio Jiménez y Carlos Fernández.


Y en cuanto a la relación entre los servicios de urgencias con el hospital, a estos centros les ha venido muy bien porque es una puerta de entrada al sistema. Además, se nota la formación de los profesionales que trabajan en este campo, porque es una atención mucho más médica y especializada, los pacientes llegan mejor diagnosticados, por lo que ha mejorado la asistencia de estos usuarios.

Debemos destacar el hecho de que la empresa pública de emergencias sanitarias de Andalucía (EPES) fue la primera en España con una fórmula de gestión concertada. ¿Qué diferencias supone esa condición en su funcionamiento?

Luis Olavarría Govantes: La EPES de Andalucía es una empresa global, con capital cien por cien de la Junta de Andalucía, por lo que carece de componentes particulares, pero que se rige, eso sí, por Derecho privado, es decir, nuestro personal es laboral, no funcionario o estatutario, y disfrutamos de autonomía para contratar, decidir y enajenar bienes.

Cuando se puso en marcha, se trataba de un modelo alternativo de gestión, y, durante los primeros años, nos permitió cierto grado de autonomía y de agilidad. En este momento, dependemos funcionalmente del Servicio Andaluz de Salud (SAS), cuyo gerente forma parte del Consejo de Administración, y ambos son los que rigen las líneas de trabajo en la empresa pública. Pero a la hora de ejecutar esas estrategias, tenemos ese grado de autonomía.

¿Esta fórmula de gestión permite también más autonomía a la hora de adquirir, evaluar y utilizar la tecnología sanitaria?

Luis Olavarría Govantes: A la hora de adquirir, nosotros compramos los equipamientos de acuerdo con la Ley de Contratos del Estado, por lo que nos basamos en las mismas reglas que otras administraciones y servicios regionales de salud. Nuestros sistemas tienen que ser públicos y estar sujetos a una licitación. Pero sí somos autónomos, a la hora de iniciar unos expedientes de compras, en su volumen, siempre condicionados por el presupuesto. Solo están limitadas las características técnicas.

En la Junta de Andalucía existe una política por la cual nuestros sistemas no pueden ser autónomos y aislados, sino que deben comunicarse con el resto de sistemas del SAS y ser interoperables, para que la información fluya de un nivel asistencial a otro. Estamos obligados a que, antes de hacer una compra, lo autorice la Consejería de Economía y Hacienda o la de Salud.

Luis Olavarría y Pedro Martínez, durante el debate.

Javier Barbado: En el caso del Summa 112, ¿cómo empezó este servicio, ya consagrado en la Comunidad de Madrid?

Pedro Martínez Tenorio: Summa significa Servicio de Urgencias Médicas de Madrid y el 112 es el número general de emergencias sanitarias. Nosotros empezamos como 061, pero después seguimos las directrices europeas de tener un único número de atención de urgencias.

Este servicio se gestó por la unión de otros tres que se dedicaban a urgencias y emergencias, como eran el 061, los servicios de urgencias de Atención Primaria y el servicio de Urgencias y Rescate de la Comunidad de Madrid. Teníamos una triplicidad de funciones dentro de un ámbito geográfico más o menos pequeño y, como no tenía sentido, la Consejería de Sanidad los unificó.

José Antonio Jiménez: El Samur se crea porque las ambulancias que existían se encontraban muy obsoletas, el personal no estaba muy cualificado y se quería atender el municipio de Madrid ante una catástrofe o accidente grave. Nació como un proyecto piloto y su evolución ha sido espectacular. Se rige por un convenio, ligado también con la Cruz Roja, que marca la asistencia para evitar duplicidades con el Summa de la Comunidad de Madrid, y a partir de ahí hemos ido trabajando para integrar los servicios en uno único y la duplicidad ha desaparecido casi en su totalidad. Lo que más hemos intentado hacer todos estos años es tender hacia la mayor especialización posible ante la catástrofe.

Desde el punto de vista de la empresa tecnológica, ¿cuál es la demanda de las comunidades autónomas?

Carlos Fernández: Hay comunidades donde en dos años hay grandes inversiones y en otras, en cambio, menos. Sin embargo, lo que realmente nos preocupa a la industria es la divergencia en las normativas, que impiden una unificación en determinados puntos que son importantes.

Como sucede, por ejemplo, con los desfibriladores que hay en los espacios públicos. En este caso, la normativa que regula su uso viene marcada por cada comunidad autónoma, por lo que es diferente, y genera muchos problemas a los usuarios y a la industria. Esto, unido a que no es obligatoria su instalación, hace que el seguimiento sea imposible y que no se instalen.

¿Hace falta unificar, desde el Ministerio de Sanidad, la atención en emergencias para que no exista esa descoordinación, como es el caso en los desfibriladores?

Luis Olavarría Govantes: Creo que sí, pero esta realidad no se da solo en España, sino fuera de ella, ya que afecta al entrenamiento requerido para utilizar esos equipos. Pero esta situación no afecta tanto al equipamiento tecnológico en sí, sino a su uso.

Abogo por que hubiera una norma estatal para el uso de los equipamientos básicos para que, con la urgencia, pudieran ser utilzados por igual en todas las comunidades autónomas. Pero hay elementos que condicionan esto y lo dificultan; me refiero a dispositivos que se tienen que conectar con los historiales clínicos, por lo que tienen que ser interoperables. Por tanto, debería haber una norma básica en el Estado a la que cada comunidad autónoma adaptase, a su vez, sus sistemas de información.

Pedro Martínez Tenorio: Considero que si se puede cambiar la normativa en una comunidad autónoma, se puede hacer en cualquiera, atendiendo también a sus peculiaridades. Pero creo que esta regularización normativa lo único que hace es poner trabas al desarrollo, por lo que no estoy de acuerdo con estas cosas.

Me parece bien que exista un real decreto, por ejemplo, para el uso de los desfibriladores, pero debe haber claras unas bases con unas garantías mínimas que apliquen las comunidades autónomas. Para ello, debe haber normas en la industria, las encargadas de vigilar su correcto funcionamiento. El regular cómo se utiliza un desfibrilador, quién lo utiliza, cuántas horas de formación se precisan para manejarlo… pone trabas al desarrollo tecnológico, industria y de trabajo.

Pedro Martínez Tenorio: En general existe un exceso de regulación de la tecnología; cabría preguntarte, por ejemplo, por qué no regular el uso de los microondas caseros.

Carlos Fernández y José Antonio Jiménez.

Carlos Fernández: España es el país europeo con menor número de desfibrilaciones por habitante debido, precisamente, a ese exceso de regulación, sin duda por detrás de países como Estados Unidos y Japón. Lo que sucede con ello es que las empresas cada vez tienen menor interés por adquirir esas soluciones tecnológicas, dadas las trabas que se interponen.

Otro ejemplo es el del extintor, aparato mucho más peligroso que un desfibrilador, y, sin embargo, cualquiera está autorizado para utilizarlo en caso de incendio.

José Antonio Jiménez: Las leyes deben ser algo que facilite las cosas, no que las dificulten. Por otra parte, una cosa es la tecnología y otra distinta su uso, que requiere de educación sanitaria. En este sentido, me sorprende que hablemos de ella a menudo y no se haga gran cosa. Más educación sanitaria, pues, porque el desfibrilador se debe acompañar de otras maniobras como el masaje cardiaco.
En el Ayuntamiento de Madrid, Policía y Bomberos, existe personal formado.

La financiación de la tecnología en los servicios de urgencia, ¿cómo se lleva a cabo, por ejemplo, en el caso de la EPES andaluza?

Luis Olavarría Govantes: En nuestro caso la financiación, como es lógico, no deja de estar sujeta a los presupuestos que cada año el Parlamento de Andalucía asigna a esta empresa pública. En los últimos años, hemos tenido menos capacidad financiera, y, sin embargo, se ha hecho un esfuerzo de dotación muy considerable.

En cuanto a alternativas de financiación, hemos recurrido a la adquisición de equipos; valoramos también los contratos de alquiler o de arrendamiento porque nos permite atender a la renovación de los equipos con menor dificultad.

Existen dos tipos de propuestas para la renovación: una en función de los años de vida útil de los equipos, sean ambulancias, monitores, desfibriladores…; y otra derivada de los cambios que vamos introduciendo, fundamentalmente, en los sistemas de información. Esto es, ya no se trata solo de que el aparato funcione bien, sino de que la información que proporciona se transmita por medio de una señal. En tercer lugar, los clínicos sugieren incorporar nuevos equipos a partir de recomendaciones de las guías internacionales; a partir de una evaluación interna, emitimos un informe y decidimos.

También llevamos a cabo renovaciones de equipamiento por medio de ensayos clínicos en las que se explora la utilidad de los dispositivos.

Según un informe reciente difundido por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), España se sitúa a la cola en renovación de equipos tecnológicos en el ámbito sanitario. ¿Se percibe este problema en los servicios de urgencia?

Pedro Martínez Tenorio: No. Se deben buscar fórmulas más ágiles de gestión de compra para poder pagarlo y renovar la tecnología al ritmo que cambia, que es muy rápido. Las posibilidades que aportan los actuales equipos nada tienen que ver con los de hace diez años; nosotros, cada cuatro años, cambiamos la totalidad del aparataje de cada vehículo.

En el caso del Summa, por ejemplo, cada vehículo dispone de un sistema integrado en el que el médico puede ver, por medio del visor Orus, todos los datos del historial médico del paciente y contactar con su hospital de referencia transmitiéndole a los especialistas todas las variables medidas.

En Cardiva, ¿se aprecia, como compañía atenta a la demanda, esa obsolescencia renovadora?

Carlos Fernández: La diferencia estriba en que, en el caso de los servicios de emergencia, la velocidad de renovación es muy superior a la de los propios de los hospitales. En la emergencia, de hecho, el grado de renovación es muy alto.

Desde las compañías, planteamos planes renove en estos servicios, cosa que no se hace en los hospitales donde, por ejemplo, un desfibrilador no se reemplaza si no se avería.

Con relación al modelo de renting, es un buen sistema de compra, al igual que el llamado pago por uso (que se usa en el hospital, por ejemplo, con resonancias magnéticas, de modo que el fabricante cobra del hospital a partir del número de pruebas que se llevan a cabo).

Por otra parte, no existe una visualización a medio plazo, es decir, puede suceder que existan equipos de 1.000 euros que duran cinco años, y otro similares, pero de 1.200 euros, que duren dos décadas. Eso no se valora ni se tiene en cuenta ahora mismo en el proceso de compra.

Ronda de conclusiones.

Ronda de conclusiones

José Antonio Jiménez: Creo que la evolución de la tecnología sanitaria no ha ido a la par de la evolución de los servicios extrahospitalarios en España. Hay mejoras puntuales. En nuestro caso, trabajamos en un medio hostil al cien por cien, por lo que, en un hospital, puede haber un monitor-desfibrilador de hace 30 años, pero en nuestro ámbito, no. El poder manejar los aparatos con cierta facilidad es imprescindible. En este sentido, creo que las empresas deberían ponerse a la labor.

Pedro Martínez Tenorio, gerente del Summa 112: No regulemos tanto. Como decía Sancho en El Quijote, “pocas leyes y que se cumplan”. El avance tecnológico es impresionante. Los servicios de urgencias y emergencias son punteros en la adquisición y la incorporación de todo avance tecnológico que pueda haber. Evidentemente, tiene unas características y unas peculiaridades distintas.
En cuanto al modelo de gestión, me gustaría tener el de Andalucía. Es mucho más flexible que el que tiene la administración pública.

Carlos Fernández: Cuando estamos en una urgencia de este tipo, que suelen ser vital, un aparato no puede fallar nunca. Lo que ocurre es que, para las empresas de desarrollo tecnológico, supone un freno o una dificultad asegurar al cien por cien esa fiabilidad. Evidentemente, no es lo mismo atender en un centro que en la calle. Pero, desde luego, se está trabajando en ello, y más pronto que tarde acabaremos viéndolo.

El punto en el que estamos hoy en día son los sistemas de información. Lo fundamental es que esté disponible en cualquier momento y lugar y para todos. En muchos casos lo que sigue ocurriendo es que la transcripción de la información del paciente es manual. Siempre que suceda esto existe una posibilidad de error.

Luis Olavarría Govantes: Las más de 200 unidades que están repartidas por la comunidad autónoma andaluza utilizan el mismo sistema de información y lo comparten con las urgencias de los hospitales y de Atención Primaria.

Primera parte íntegra del debate.

Segunda parte completa del foro.


Hay algunos elementos que quizás no están bien resueltos. Tenemos unas necesidades específicas. Los equipos de emergencias necesitamos que sean portables, ligeros y modulares, por ejemplo, y muchas veces no encontramos dispositivos que se adecuen exactamente a esto. Los monitores de desfibriladores, por ejemplo, son excesivamente pesados.

Para nosotros es muy importante, por ejemplo, hacer analíticas en las ambulancias. La industria dispone de equipos para ello, pero poseen un rango de temperatura soportable que no puede exceder los 30 grados, que, sin embargo, predominan en Andalucía buena parte del año, lo cual nos obliga a retirar los analizadores de las ambulancias.