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España exporta una incubadora ‘low cost’ para prematuros en Benin

Países en desarrollo demandan soluciones creativas de los ingenieros en el sector de la salud

mar 29 septiembre 2015. 16.18H
Javier Barbado / Imagen: Joana Huertas. Madrid
Crear una incubadora de bajo coste y de gran utilidad en países en vías de desarrollo requiere del entusiasmo y del trabajo de ingenieros jóvenes como el entrevistado. La elevada tasa de mortalidad infantil y de nacimientos prematuros en esos países, explican la demanda de esta clase de dispositivos sanitarios en los que nadie se para a pensar en un entorno de déficit de recursos. Una vez más, sale a relucir la labor creadora del ingeniero en el sector de la salud.

El ingeniero Alejandro Escario posa con la incubadora.

¿Cómo surge la idea de la incubadora?

Ocurrió hace alrededor de un año. Decidí por entonces hacer un cambio radical y dedicarme al ámbito más técnico de mi formación. Así que hice un máster en Ingeniería Biomédica y un curso sobre fabricación digital en el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts). La verdad es que se abrió ante mí un filón para hacer prototipos médicos, y, tras hablar con mis compañeros y con Covadonga, surgió la idea de hacer una incubadora de bajo coste que, en países como Sierra Leona, era muy necesaria.

Investigamos mucho, vimos que existían muchas alternativas, tratamos de examinar todos los fallos potenciales que presentaba cada una de ellas y sus puntos fuertes, de manera que imitábamos lo bueno y desechábamos lo malo de cada prototipo para fabricar el definitivo.

Lo han hecho en el FabLab Madrid CEU. ¿Qué es este organismo?

El laboratorio de la CEU-San Pablo es el único de toda la Comunidad de Madrid adscrito a la red de laboratorios FabLab del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Se hace un curso que se llama FabAcademy en el cual todos los participantes aprenden una serie de técnicas para fabricación digital, tanto para construir estructuras como la parte electrónica. Participé en este curso y la verdad es que me encantó, y gracias al uso de esa técnica pude hacer la incubadora.

¿Dónde se demandaba?

Inicialmente, íbamos a desarrollarla en colaboración con la Universidad de Sierra Leona. Con la crisis del ébola, cambiamos de destino. Escogimos Benín, y, más en concreto, el servicio de maternidad de Nikki. Nos pusimos en contacto con la Fundación Alain (por medio de la Fundación del CEU). A partir de las demandas que nos llegaban de ese país y de las necesidades de su población pediátrica que nos transmitían los especialistas, empezamos el desarrollo del prototipo.

¿Cuáles eran esas necesidades?

En un país con una tasa de mortalidad infantil de 60 por 1.000, es obvio que tienen una demanda en ese sentido. La maternidad de Nikki está acogiendo cada año a unos 4.000 niños, de los cuales unos 500 son prematuros, y allí carecen de medios como los de cualquier hospital europeo para tratarlos. Así que están utilizando, por el momento, métodos alternativos como toallas o botellas de agua caliente para poder dar calor a esos niños, que necesitan una temperatura y condiciones muy específicas.

Alejandro Escario explica el prototipo de su creación.

Pero nosotros no queremos sustituir una incubadora de UCI, sino reemplazar, precisamente, esa toalla con botella por un entorno más controlado en el que se puedan manejar los parámetros de control acomodándolos a las necesidades de cada niño. En este prototipo, probamos a controlar la temperatura, la humedad interior… así como la inclinación de la cama para tratar las distintas afecciones que pueda padecer el niño.

¿Qué pasos siguió para construirla?

Primero hubo un proceso de investigación y documentación, analizar pros y contras, saber cuáles son nuestros puntos flacos e intentar solucionarlos.

Luego, poco a poco, empezamos a idear prototipos, primero a una escala reducida, para lo cual hablábamos con determinados médicos y personal sanitario, a quienes planteábamos la forma, la estructura… Con toda esa información, ya empezamos a hacer prototipos tangibles a tamaño real y ya, digamos, en la buena dirección, es decir, sabiendo qué es lo que quieren o por qué le aplicamos ese diseño y no otro.

Una vez que tenemos la estructura, empezamos a diseñar la electrónica para que sea capaz de cumplir esos requisitos demandados
desde Benín.

Vemos sobre la mesa diversas maquetas de prototipos hechas a mano. ¿Quiénes las hacen?

Los hemos construido aquí, en el laboratorio, usando un cortador láser. Los que hacemos a escala real requieren el uso de una máquina que funciona por control numérico por computadora (CNC) y por medio de unos procesos que requieren de mucho más tiempo y que luego son mucho más resistentes y con capacidad para albergar a un niño de verdad.

El joven ingeniero habla de los orígenes de su vocación.

Aparte de Sierra Leona o Benín, ¿se ha interesado algún otro país?

Sí, hemos recibido llamadas de gente de otros países, por ejemplo Paraguay o incluso Venezuela. De momento y básicamente, para interesarse por idea: nada más.

¿Qué otras ideas tiene en mente?

Ideas en mente siempre hay muchas. Al final, siempre hay que cortar y decidir ir por una sola línea, y, si no sale, por la siguiente. Pero por muchas ideas que tenga, todo mi esfuerzo está en este proyecto, que me parece muy bonito. Ojalá consigamos crear una comunidad que mantenga todo este diseño y todo este año de duro trabajo.

Tengo algunas ideas en el aire relacionadas con electrocardiógrafos y otro tipo de sensores más relacionados con la electrónica y menos estructurales. También estoy pensando en una calculadora útil para calcular escalas en la psoriasis. Éstas han sido, por el momento, mis aportaciones.

¿Cuál es, ahora mismo, su reto laboral?

Desde el punto de vista laboral, para mantenerme, este año he estado trabajando unas cuantas horas al día como autónomo, y, ahora mismo, no tengo nada cerrado. Estoy a tope con este proyecto, lo vamos a presentar en Stanford y en el Congreso Mundial Perinatal… así que merece todo mi tiempo. Pero, después, tendré que buscarme una manera de sustento.

Desde su juventud, ¿cómo ve el sector de la salud en España para un ingeniero?

A mí me encanta esta clase de Ingeniería: me parece preciosa, porque mezcla dos ámbitos preciosos de la vida, la sanidad y el ingenio humano, así que animo a todo el mundo a ir por esa línea. Es verdad que también, al final, es complicado, porque hacer un dispositivo sanitario requiere de una serie de controles, investigaciones y grandes inversiones. A mí, ya digo, me gustaría que, en España, se potenciase mucho esa línea.

Los datos me ampararan si digo que tenemos una de las mejores sanidades del mundo. Tenemos muchísimo talento y podemos avanzar mucho en estos ámbitos.

Diferentes detalles de la incubadora diseñada y construida por este ingeniero.


¿Invierten poco en ingenieros los hospitales españoles?

Cada hospital es un mundo, y unos tendrán suficientes y otros, menos. Pero, a día de hoy, realmente no solo los hospitales, sino cualquier otro organismo, se debe a la tecnología. Es lo que nos está permitiendo avanzar tan rápido en muchos ámbitos: tener informatizada toda la información, disponer de ella a golpe de un solo clic. Y todo eso requiere de un mantenimiento, así que hablamos de dos líneas que tienen que avanzar en paralelo.

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