19 de septiembre de 2018 | Actualizado: Miércoles a las 19:15

Tres veces al examen MIR por una ilusión: hacer Pediatría

Estefanía ya es médica de Familia, pero comenta que la experiencia profesional no hace más fácil la prueba

Tres veces al examen MIR por una ilusión: hacer Pediatría
Estefanía se enfrentará el 10 de febrero a su tercera prueba MIR. En la imagen, el reparto de exámenes de la pasada convocatoria. Foto: Miguel Fernández de Vega.
Sandra Melgarejo
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Sábado, 27 de enero de 2018, a las 20:00
El próximo 10 de febrero será la tercera vez que Estefanía se presente al examen MIR. La primera fue en 2012, tras acabar Medicina en Portugal: “Siempre he querido ser pediatra, desde que empecé la carrera. Pero, después de la beca Erasmus, tuve problemas con unas convalidaciones de asignaturas y, cuando me di cuenta, me quedaban dos meses para preparar la prueba”.

El examen le salió “regular”. Como estaba cansada de estudiar y le apetecía ejercer, decidió coger una plaza de Medicina Familiar y Comunitaria. “Disfruté mucho de la residencia, es una especialidad muy bonita, en la que conoces todos los puntos de vista desde dentro”, destaca. Incluso hizo una rotación de tres meses en el extranjero, en Argentina. “También me gusta mucho la cooperación y pensé que un MIR tan general como Familia podía ser una buena base para participar en este tipo de proyectos”, añade.

Pero ella seguía queriendo ser pediatra, así que, cuando acabo la residencia en 2016, hizo algunas suplencias en verano y desde agosto hasta el 28 de enero de 2017 (fecha de la prueba de acceso a la formación médica especializada de la pasada convocatoria) se dedicó a estudiar. “Fui al examen como una novata. Me puse muy nerviosa y me quedé a un día de elegir Pediatría”.

EL SEGUNDO EXAMEN

Estefanía considera que su primer error en este segundo intento fue creer que “una especialidad generalista te puede ayudar a hacer el examen MIR”. Comenta que, aunque es cierto que en Medicina Familiar se ve de todo, “te equivocas si piensas que será más fácil estudiar que viniendo de una especialidad más concreta”. Según su experiencia, “el MIR es un mundo en el que tienes que aprender a estudiar y a hacer un examen, no tiene nada que ver con la Medicina que aplicas en la práctica clínica”.

“Evidentemente, los casos clínicos sí que son similares y tener una perspectiva lógica te ayuda en ciertos momentos, pero no tanto como puedes esperar. O, al menos, esa es mi sensación. En el día a día trabajas de una manera, aplicando una serie de protocolos, pero haces la prueba según lo que los examinadores quieren que se conteste”.
"ACTIVIDAD PREMIO" COMO ACICATE
Estefanía compagina la preparación de su tercer examen MIR con un trabajo a media jornada en Urgencias del Hospital Universitario de Móstoles: “Hago cinco o seis guardias al mes de 17 horas y algún turno de 12 horas, y el resto del tiempo estudio. Es duro porque los salientes de guardia estás cansada y los previos estás pendiente del trabajo, pero, a la vez, no estar únicamente estudiando lo hace más llevadero”. El día que tiene guardia estudia por la mañana y, al día siguiente, cuando sale del hospital, duerme unas horas y estudia por la tarde. Otra cosa que ha hecho para animarse es ponerse una “actividad premio” al día, en su caso, un rato para el deporte: “Si voy bien de tiempo y considero que he estudiado bien y tranquila me permito hacerlo”.

Las academias orientan a los aspirantes en ese sentido. De hecho, Estefanía se apuntó a una para preparar su segundo examen: “Supuestamente era un curso específico para los que trabajábamos y estudiábamos, pero el contenido era el mismo. La única diferencia es que los horarios eran más adecuados para compaginarlos con el trabajo, pero no tuve la ayuda que esperaba”.

EN QUÉ FALLÓ

La médica de Familia asume que la primera vez que hizo el examen “iba nerviosa porque era consciente de que había estudiado poco, de que lo había preparado in extremis”. Y que la segunda se enfrentó a la prueba con una gran carga de responsabilidad: “Había decidido que quería ser pediatra porque era mi ilusión, había estudiado un montón, todo el mundo estaba pendiente de mí… Cuando llegué al examen me puse tan nerviosa y me costó tanto desbloquearme que, al final, fui justa de tiempo”.

Estefanía recuerda que la gestión de las cinco horas que dura la prueba es fundamental y señala que cometió el error de repetir preguntas, de volverlas a leer: “No hay que hacer eso. Cuando me di cuenta, me quedaba una hora para lo que debía hacer en casi dos. Era mi segunda vez, pero me enfrenté al examen como una novata”.

La mesa de estudio de Estefanía: café, tapones, lápices de colores... y su horario.

El resultado que obtuvo le causó “una frustración absoluta”. Siguió trabajando como médica de Familia porque le gusta su profesión, pero, al mismo tiempo, sentía que no iba a hacer nada con su vida: “Me obcequé. No era capaz de valorar todo lo que ya había conseguido: Medicina de Familia, máster en Urgencias, los planes en cooperación… Solo veía que tenía que ser pediatra”.

A LA TERCERA VA LA VENCIDA

Para Estefanía, 2017 ha sido un año de vaivenes: “Los primeros meses estuve deshojando la margarita: hago otra vez el examen, no lo hago… Me planteé si verdaderamente quería ser pediatra o si solo lo hacía para demostrarme algo a mí misma. Finalmente, resolví que deseaba hacer Pediatría, pero que no estaba dispuesta a dejar otra vez mi vida a un lado para centrarme en estudiar, porque después lo pasas mal. Sientes que no estás avanzando en tu vida personal porque siempre tienes eso pendiente”.

Así, decidió presentarse de nuevo en la actual convocatoria, “para que todo el esfuerzo anterior no fuera en balde”, y seguir trabajando a media jornada en Urgencias de un hospital universitario de Madrid, ya que “una jornada completa es incompatible con estudiar el MIR”.

“Esta vez me lo he tomado con otra filosofía. El año pasado estudié un montón y me quedé a las puertas de elegir Pediatría. En esta ocasión no tengo, para nada, la misma presión porque creo que puedo ejercer la Medicina a otros niveles y trabajar con niños, que es lo que me gusta, de distintas maneras. Eso me va a ayudar”. Estefanía tiene claro que, si sale mal, no se acaba el mundo: “Lo estoy haciendo por gusto, no por obligación”.