21 de octubre de 2017 | Actualizado: Viernes a las 21:20

Cuando la cárcel está en el hospital

La Revista de Redacción Médica se asoma al abordaje de la atención hospitalaria de los presos españoles
Cuando la cárcel está en el hospital
Eduardo Ortega / Cristina Alcalá
Ana Arregui
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Sábado, 25 de febrero de 2017, a las 20:00
Unos barrotes son el símbolo del castigo en la democracia. Son el indicativo de que un individuo ha cometido un incumplimiento de las leyes sociales, y la Justicia ha creído necesario aislarlo para reinsertarlo, al tiempo que retrae gran parte de sus derechos legales. Sin embargo, entre ellos no se encuentra la asistencia sanitaria. “Porque la persona enferma en prisión es un paciente; no un duplicado de interno enfermo y paciente preso”, indica el defensor del pueblo. Aunque las ventanas de sus habitaciones tienen sus rejas particulares.
 
El Ministerio de Interior precisa que las necesidades sanitarias de la población reclusa en España se atienden de dos maneras: por un lado, en los propios centros penitenciarios, en los que hay Atención Primaria. Por el otro, en los hospitales de cada comunidad autónoma, que se responsabilizan de la atención especializada y de Urgencias de los reos (financiada por Instituciones Penitenciarias).
 
Los hospitales que realizan esta labor cuentan con unidades de custodia hospitalarias (UCH) o de acceso restringido, “espacios reservados para albergar a internos que requieran asistencia hospitalaria, en los que se intenta combinar el funcionamiento hospitalario con las razones de seguridad y vigilancia a cargo de las fuerzas de seguridad”, según indica la página web de Instituciones Penitenciarias
 
Las características de cada uno de estos espacios se pacta con la comunidad autónoma correspondiente. De hecho, consultado por la Revista de Redacción Médica, el Ministerio de Interior no precisa características generales o mínimos que tienen que cumplir las UCH para ponerse en marcha.


más allá de los hospitales
En las prisiones españoles, la AP y la labor de Enfermería se hace de puertas para adentro, aunque eso no implica que sean actividades menores. Solo en 2015 (el último año del que se tienen constancia de datos oficiales), se produjeron casi 5 millones de actividades asistenciales de Atención Primaria en todos los centros penitenciarios de España –excepto el de Tenerife, del que no se tiene información-. Por lo general, esta atención se realiza de puertas para adentro de la cárcel y no requiere que el preso sea desplazado al hospital. 
 
Por otro lado, las consultas de Enfermería fueron las que más visitas recibieron por parte de los reclusos (3,7 millones), principalmente en citas programadas, tratamientos y curas. Le sigue las consultas en Medicina General (más de 850.000 consultas) y las de Urgencias.


 
SISTEMAS DE SEGURIDAD 'ANTIVANDÁLICOS'
 
Con todo, se pueden buscar propiedades comunes. Modoaldo Garrido, gerente del Hospital de Alcorcón, donde hay una de estas unidades, explica que está instalada “en una de nuestras plantas de hospitalización, que acaba con forma de ‘T’. Es como cualquier otra habitación del hospital, con la salvedad de que en ella se han colocado dispositivos de seguridad y sistemas ‘antivandálicos’, que se necesitan con este tipo de pacientes”.
 
Garrido se refiere a la necesidad de anclar el mobiliario y cualquier elemento de las dependencias que pudiera ser utilizado como arma o de forma agresiva por los pacientes. Esto también se ve en varios hospitales de Andalucía, tal y como indica el informe elaborado sobre las UCH de la región por el Defensor del Pueblo andaluz.
 
De hecho, hasta los baños (de aluminio, generalmente) de estas dependencias están anclados al suelo. Por otro lado, cuentan  con las medidas de seguridad precisas para evitar una eventual fuga de los pacientes, como las puertas de seguridad (madera y metal, o simplemente metal) con un hueco de cristal que permite ver el interior de la habitación.
 

Consultas, por especialidades, en las UCH. Fuente: Informe de Instituciones Penitenciarias de 2015.

¿Se toman precauciones para evitar que los pacientes se puedan escapar por la ventana? Depende. Muchas UCH tienen rejas para evitarlo, o cristales de seguridad, más aparentes e igual de eficientes. Con todo, muchos centros cuentan con una medida de seguridad más práctica que este tipo de barreras: los pisos elevados.
 
La videovigilancia es una condición general en las UCH, así como al presencia de al menos dos efectivos de la Policía Nacional si hay reos ingresados. El acceso a estas instalaciones está bajo vigilancia continua, y suele tener una entrada especial y controlada, tanto para el profesional sanitario como para los familiares que les visiten. Eso sí: se intenta que no llame la atención en los centros.
 
Elementos como la oxigenación, los timbres o el sofá para visitas o el propio enfermo, existentes también en las habitaciones de pacientes ‘normales’ también están presentes. En muchos casos, hasta hay televisión en las UCH dependencias, eso sí, encofradas en una caja metálica.
 
RELACIÓN ENTRE SANITARIOS Y PRESOS
 
El gerente del Hospital de Alcorcón asegura que el comportamiento de estos pacientes, si bien no es ejemplar, es el mismo que el de cualquier otro que acude a ser atendido a su hospital. "No hemos tenido ningún problema o percance. Alguno se ha agitado, pero también se agita el paciente psiquiátrico. Y alguno me ha pedido fumar. No entienden que no se puede fumar, pero cumplen", algo que ratifica los profesionales de las UCH de Andalucía, consultados por el defensor del Pueblo.
 
Y el personal sanitario no se muestra reticente a atender a este colectivo “porque son como cualq uier otro paciente”, explica José Quiñonero, presidente de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (SESP), “con unas características particulares, evidentemente, pero con hay seguridad y los correspondientes controles, al tener a la policía cerca”.
 
Además, existen procedimientos para el manejo de estos pacientes. “Sobre todo los profesionales de Enfermería han recibido formación específica”, precisa Rodríguez.
 

Imágenes de las unidades de custodia hospitalaria de Cádiz y Almería.


UN EJÉRCITO SANITARIO PARA ATENDER A LOS RECLUSOS
 
A pesar de que el volumen de población penitenciaria en España no es precisamente alto (de los más de 46 millones de habitantes que tiene el país, poco más de 50.000 están recluidos en prisiones, lo que supone ni un 1 por ciento del total), eso no implica que la atención sanitaria que reciban no tenga que ser peculiar, debido a sus características.
 
Instituciones Penitenciarias colabora unos 41 hospitalarios públicos, que ponen a disposición de la sanidad penitenciaria unas 180 habitaciones y cerca de 300 camas, distribuidos por toda la geografía española (excepto en las regiones donde esta competencia está transferida, según el informe anual de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior. 
 
En cuanto a la atención hospitalaria, solo en  2015se realizaron más de 120.000 consultas, de las cuales, 78.000 se produjeron en el interior de los centros penitenciarios, y solo 45.000 en el exterior, con su pertinente excarcelación del paciente para asistir a consulta. Por especialidades, Aparato Digestivo es la que mayor cupo de pacientes ha recibido, seguida por Psiquiatría, mientras que Reumatología y Nefrología fueron las que menos.
 
Con todo esto, el gasto farmacéutico en sanidad penitenciaria ha sido de 20 millones de euros (un 17 por ciento menos que en años anteriores), o lo que es lo mismo, de 32 euros por interno al mes.
 
¿Y EL FUTURO?
 
Sin embargo, el futuro de estas unidades se antoja rodeado de incógnitas. ¿Las razones? Su porvenir legislativo. Recientemente, José Manuel Arrojyo, subdirector general de Coordinación de Sanidad Penitenciaria, anunció que la sanidad penitenciaria sería definitivamente transferida a las regiones  a lo largo de 2017.
 
La iniciativa ha sido aplaudida en las autonomías, puesto que, desde su punto de vista, les permite una gestión más óptima de sus propios recursos, aunque abre dudas respecto al porvenir de las UCH. ¿Se mantendrán en los hospitales o se habilitarán espacios en los propios centros penitenciarios? ¿Encajará su financiación en los presupuestos autonómicos?  Se trata de preguntas que por lo pronto no tienen respuesta, pero que necesariamente se tendrán que abordar llegado el momento.