19 dic 2018 | Actualizado: 16:30
La Revista

La ‘cruz’ de ser MIR y mujer: “Hoy no estaba el doctor, estaba la chica”

Sara Rodrigálvarez, de 26 años, está en su tercer año de residencia de Medicina de Familia

Sara Rodrigálvarez, de 26 años
La ‘cruz’ de ser MIR y mujer: “Hoy no estaba el doctor, estaba la chica”
sáb 14 julio 2018. 20.00H
Esther Ortega
Casi a diario, muchas sanitarias deben aguantar los comentarios machistas de pacientes que no entienden que una mujer joven pueda estar trabajando en un hospital. Sara Rodrigálvarez, de 26 años, está en su tercer año de residencia de Medicina de Familia en el centro de salud San Pablo, de Zaragoza, y sabe lo que es tener que poner límites. "Hay un montón de comentarios sexistas o gente que está venga a tirar la caña en urgencias y que es bastante desagradable y creo que, por desgracia, no se dice todo lo que ocurre", denuncia la joven, que lo ejemplifica: "Comentarios del tipo: 'oye guapa, qué suerte he tenido de que me atiendas tú' o 'si me atiende una doctora tan guapa, voy a venir más veces' . Por desgracia, hay que aguantarlos bastante y pararles los pies. No podemos permitir eso todos los días".

En su breve experiencia, Sara ha podido comprobar cómo los estereotipos perviven en la sanidad española. "Está muy arraigado todavía que el médico tiene que ser hombre y la enfermera tiene que ser mujer, y que esos roles no se pueden cambiar. Como la mayoría de población que tenemos es mayor, siguen con esa visión", espeta la joven, de Zaragoza, que se ha encontrado en situaciones incómodas: "A mí me ha pasado entrar al box con el enfermero de prácticas y que se dirijan a él todo el rato y yo tener que advertirles que soy la doctora o que me pregunten por el médico cuando ya les he atendido. En la consulta también nos ocurre, mi tutor es un señor de 50 años y, a veces vienen y te dicen que “ayer no estaba el doctor, estaba la chica”, y les tienes que decir que también eres doctora" 

TRABAJAR CERCA DE CASA


"Si no hubiera rotado por ahí, no estaría donde estoy ahora"


Sara estudió en Zaragoza y buscó trabajo cerca de casa: “Recuerdo los años de universidad muy buenos, aunque lo que estudias en la carrera no tiene nada que ver con el mundo real", reconoce la maña, que añade: “Hay asignaturas más genéricas como Biología o Fisiología, que son necesarias, pero tú llegabas queriendo aprender a curar a una persona. Para eso tienes que saber bien cómo es una persona sana”. 

El día del examen es el que más tranquila estaba, porque no necesitaba una súper nota al querer hacer Psiquiatría o Medicina de Familia: "No tenía esa presión pero sí el orgullo propio de querer hacerlo bien y sí que hubo nervios. Pero el salir fue una liberación de decir, "lo que tenga que ser, será y el esfuerzo ya está hecho". Recuerdo haber hecho mucho peor la preparación que el examen". 

La decisión la tenía tomada desde hace tiempo. "Nosotros durante la carrera rotamos durante tres semanas en centros de salud y había tenido varios contactos que me hicieron plantearme la especialidad. Para mí, el médico de Familia era un poco el que te hacía el reconocimiento general y te daba recetas si te hacían falta, pero realmente no sabía todo lo que se podía hacer", admite la joven, que se siente afortunada de sus rotaciones: "Tuve mucha suerte en los centros de salud en los que me tocó rotar y tuve tutores muy buenos que me enseñaron que se podía hacer mucho más. Ahora estoy en el mismo centro de salud y uno de ellos es mi tutor, describe la joven, risueña. Si no hubiera rotado por ahí, no estaría donde estoy ahora".

LLEGADA AL HOSPITAL


"Lo que aprendes en la carrera no te sirve para luego ser un médico general"


La llegada al centro de salud fue mejor de lo que pensaba. "A pesar de lo que recomiendan, yo elegí directamente por centro de salud y no por hospital. Sabía que si me quedaba en Zaragoza quería quedarme en ese centro, conocía a los del sector, había rotado por las tres urgencias que hay Zaragoza y sabía cómo lo pasan los residentes, que es bastante mal. La acogida fue muy buena tanto por los tutores como por los profesionales del centro", relata de la Zaragoza, que cree que la carrera no está lo suficientemente enfocada a la profesión. 

"Lo primero es que te das cuenta es que los seis años de carrera no han servido para nada, en el sentido de que no has tenido un paciente delante para ti sola hasta ese momento", argumenta Sara, que detaca: "Por un lado, el hecho de que no tienes mucha experiencia práctica pese a haber hecho las rotaciones en la carrera y, por otro, que te han hecho aprender un montón de datos que pensado ahora, puedo entender que cada profesor te quiera explicar lo que está investigando, pero realmente lo que aprendes en la carrera no te sirve para luego ser un médico general que se pone delante de una personal. Yo creo que la Universidad  se debería replantear qué es lo que quieren que aprendamos".

TENSIÓN COMPRENSIBLE

Sara no ha tenido que lamentar ningún incidente violento: "Quizá los momentos donde puede haber más tensión son los de las urgencias, porque vamos con muchas prisas y no se trata a los pacientes adecuadamente. Se supone que a todos nos dan cursos de comunicación, pero yo he escuchado a compañeros decir que qué pérdida de tiempo. Yo creo que tenemos una parte que mejorar, aunque no justifica, de ninguna de las maneras, que se produzca una agresión", lamenta la joven en referencia a los acontecimientos de las últimas semanas. "Yo he tenido pacientes que han estado cinco horas esperando en la Urgencia y que cuando he llegado a atenderlos sí es verdad que estaban fastidiados o enfadados por la espera, pero si les tratas bien y les hablas con paciencia, se acaban yendo contentos con la atención. Hasta ahora no he tenido ningún problema grave en ese sentido más allá de alguna palabra mala que te haya podido soltar alguien", se sincera la especialista, encantada con la experiencia en su especialidad. 

"Lo que más me ha sorprendido es todo lo que se puede hacer si se tienen los recursos adecuados. Yo en la facultad me creía que se auscultaba y se hacían recetas y poco más, pero cuando llegas ves que está la Comunitaria, que parece el segundo apellido y todo el mundo se olvida de ella y es una parte muy importante de la especialidad; y por otro, que un médico de Familia puede llegar hasta donde sepa y se quiera implicar". Ella hace todo lo que está en sus manos. 
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