16 de julio de 2018 | Actualizado: Lunes a las 16:30

“Farmacia Hospitalaria es tan intensa que las guardias vuelan”

Alberto Pérez, residente en el Hospital Clínico San Carlos, defiende la importancia de la Farmacia Hospitalaria.

“Farmacia Hospitalaria es tan intensa que las guardias vuelan”
Alberto Pérez, residente en el Hospital San Carlos de Madrid
Esther Ortega
Comparte este artículo
Sábado, 17 de febrero de 2018, a las 20:00
Alberto Pérez Morales trabaja en el Hospital Clínico San Carlos (Madrid), como residente en Farmacia Hospitalaria, una especialidad que requiere un estudio y actualización constante: “Para nada me parece algo aburrido, supone un esfuerzo mental considerable pero es básico para hacer un buen trabajo asistencial. Los cursos y aprendizaje son una algo importante, forman parte de la residencia”, explica el joven, de 27 años.

Lo suyo con la farmacia hospitalaria fue un amor a primera vista. “Estuve de Erasmus en Malta y esta experiencia me gustó mucho por la labor que hacía. Fueron mis primeras prácticas”.  Alberto trabajó en el Hospital Mater Dei, en lo que fue su “primer contacto con el mundo hospitalario”: “Había un programa de rotación muy completo, con el que se podía sacar el máximo provecho”, recuerda el residente, que tuvo que manejarse en otro idioma: “Hablan maltés, pero no a nivel sanitario. En inglés sí que me desenvolví bien”, recuerda.

Alberto compartió sus prácticas en Malta con otra compañera de la Universidad Complutense: “La Farmacia Clínica en Malta está muy desarrollada. Los farmacéuticos trabajan en la planta con los médicos y enfermeros. También les explicábamos los tratamientos a los pacientes a los que iban a dar ya el alta”, explica Alberto, que se sintió orgulloso de la consideración que tenían sus compañeros sobre su trabajo: “Hicimos un proyecto sobre la evaluación por competencias de los farmacéuticos encargados de la preparación de quimioterapias. Lo revisaron y lo llevaron a la práctica. Lo tuvieron muy en cuenta, lo que nos sorprendió a nosotros mismos”, relata el R4.

DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA

Alberto aún conserva los contactos profesionales que hizo en Malta, pero su futuro está en Madrid, al menos a corto plazo. Aprobó su examen FIR a la primera en 2014 y decidió quedarse en su ciudad natal: “Mi prioridad era quedarme en Madrid por mi familia, aunque si no hubieran quedado hospitales tampoco hubiera tenido problema en irme a otro lado”, recuerda el residente, quien se acuerda de ir “confiado” el día de la prueba: “Había hecho un estudio intensivo  y conseguí sacarle el máximo partido. Me quedé satisfecho y sorprendido de tener tanto éxito a la primera. A veces piensas que es una meta inalcanzable pero seguí estudiando sin mirar a los lados, solo a mi objetivo”, recuerda un carismático Alberto.

El Hospital Clínico era su tercera opción. “Tiene el mejor programa de rotaciones de los hospitales que visité. Además, me gustó mucho el equipo humano, me trasmitió muy buenas vibraciones”, describe el R4, que empezó su andadura en mayo de 2014: “El primer día había nervios. Ya me había presentado dos semanas antes, intentas identificar a los compañeros y a los que van a ser tus referentes para saber cómo funciona el hospital”, confiesa Alberto que, como es habitual, tenía cierta inquietud por trasladar lo estudiado a la vida real: “Tenía que aplicar los conocimientos a nivel profesional. Sabía que conocía la teoría pero tenía que ponerla en práctica, era la primera vez que lo hacía…Es lo que nos pasa a todos los R1 cuando salimos de la facultad”.

GRAN RECIBIMIENTO

Alberto Pérez, R4 en Farmacia Hospitalaria.


En su opinión, los farmacéuticos tienen un trabajo que requiere una gran formación y preparación: “Los residentes de Farmacia Hospitalaria tenemos que formarnos a nivel de toda la farmacoterapia, mientras que otras especialidades tienen un programa más específico. Al principio hay tantos caminos que a veces no sabía cuál escoger”, recuerda el madrileño, quien poco a poco se fue adaptando: “los residentes vamos viendo dónde podemos aportar más. Como especialistas farmacoterapéuticos, somos a quien recurre el médico en estas cuestiones y tenemos que ir formándonos para convertirnos en su referente”, explica el joven, que tiene muy claro sus aspiraciones.

Por suerte, Alberto tuvo un gran recibimiento por parte de su equipo y se siente muy afortunado de la tutora que le acompaña, Ainhoa Arenaza Peña: “Me ha puesto todas las facilidades del mundo, es quien te asesora y te apoya para conseguir tus objetivos, es quien más me ha marcado en mi desarrollo profesional”. Pero no solo de ella: “Siempre conté con el apoyo de los compañeros cuando me frustraba en mis comienzos, me decían que era cuestión de tiempo”. La vocación le hace cortas hasta las interminables jornadas: “Como es una profesión tan intensa, se pasan rapidísimas las guardias”, considera el residente, quien cree que lo mejor de la farmacia hospitalaria es que “integra los conocimientos farmacológicos”: “Es el reto más grande al que puede aspirar un farmacéutico, tenemos que ser multidisciplinares  y tener un manejo farmacológico global”, explica Alberto, que no puede disimular su entusiasmo: “Siempre me ha gustado muchísimo la farmacología y el hecho de poder conocer sus detalles”.

A LA ALTURA

La parte más dura de su especialidad es que requiere trabajar a un nivel muy alto, explica el farmacéutico: “Nuestros compañeros médicos son tremendamente competentes y están altamente especializados. Nosotros tenemos que integrar todas las especialidades a nivel farmacológico. Hay que conocer la evidencia y estar actualizado en múltiples disciplinas, y el reto es muy grande porque exige mucho estudio. Hay que estar actualizándose constantemente”, relata Alberto, que ha aprendido mucho sobre el autocontrol en los últimos años: “Es casi inabarcable, tienes que evitar caer en el agobio de todas las cosas que puedes hacer. Y no pararte”.

Cada unidad con la que trabaja es una nueva oportunidad de seguir formándose. “En cada rotación, se plantean muchos temas. La residencia en Farmacia Hospitalaria en el Hospital Clínico tiene un programa muy completo en farmacoterapia, la integra muy bien”, explica Alberto, que añade: “La ventaja de nuestra especialidad es que somos capaces de integrar múltiples conceptos. Nos centramos en el fármaco abarcando el organismo al completo”.

CONTRA LAS PSEUDOCIENCIAS

Para Alberto, las pseudoterapias es algo que no casa con la ciencia. “Como farmacéutico hospitalario mi obligación es apostar por la 

"Tenemos que ir formándonos para convertirnos en un referente para los médicos".


evidencia. No puedo posicionarme en algo que no tenga pruebas porque somos profesionales que buscamos siempre el rigor”, explica el farmacéutico, que ha tenido que hacer frente a alguna situación incómoda con pacientes: “alguno, además del tratamiento farmacológico, sí que toma otros productos. Hay que explicarles que hay tratamientos eficaces y otros que no lo son. Pero al final ellos deciden, la última voluntad es de los propios pacientes. Hay algunos que no nos creen. Tienen un problema de salud complicado y en ocasiones vienen descentrados, por lo que hay que explicarles que nuestro objetivo es recuperar la salud a través de métodos con eficacia demostrada”.

También ha tenido que tener más de una conversación con pacientes que provocan situaciones violentas: “El tema de las agresiones es más esporádico, la mejor manera de tratar con ello es no perder la calma. Hay conversaciones tensas porque a veces los pacientes quieren algo que no se puede cumplir”, explica Alberto, a quien le quedan menos de tres meses de residencia y aún no se ha decidido por un futuro inmediato: “Me plantearé dónde quiero llegar y cuál es la mejor manera de conseguirlo”, explica el joven, que cree que este tiempo de descuento es decisivo: “A veces las oportunidades llegan de donde no te esperas y nuestro criterio cambia”.