16 de enero de 2018 | Actualizado: Martes a las 15:50

"Nunca he tenido la suficiente humildad como para militar en un partido"

Juan Ignacio Güenechea, presidente de Cofares, confiesa que es "un peligro público ante los fogones"
Juan Ignacio Güenechea, presidente de Cofares.
Joana Huertas
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Sábado, 02 de diciembre de 2017, a las 20:00
Vasco. Titular de una farmacia en Bilbao, pero también farmacéutico de hospital sin FIR mediante. Liberal, pero tolerante. Fan de la escuela filosófica del personalismo cristiano y de Jacques Maritain. Precursor de la fitoterapia de principio activo en España. Así es Juan Ignacio Güenechea, presidente de Cofares, que confiesa a LA REVISTA DE Redacción Médica’ que es “un peligro público” cuando se pone ante los fogones.
 
Nació usted en el Bilbao de 1956. ¿Cómo era la ciudad por entonces?

Posiblemente, sea una de las ciudades españolas que más ha cambiado, junto con Valencia quizá, y aquellas que han tenido eventos importantes como Sevilla o Barcelona. En el caso de Bilbao fue una transformación necesaria por la desestructuración del tejido industrial tradicional del País Vasco, que está basado sobre todo de Vizcaya. Sectores con mucho peso como el del acero y el naval entraron en una gran crisis. Y Bilbao se tuvo que reinventar como una ciudad industrial, netamente industrial, a una de servicios y orientada a las nuevas tecnologías. Paradójicamente se ha convertido en una ciudad turística. Sí algo le asombra a un bilbaíno ahora es salir de casa al mediodía y encontrarse a un señor que en inglés le pregunta dónde está el Guggenheim. Esta es una escena que en el Bilbao de mi infancia era algo absolutamente impensable.

Juan Ignacio, ¿de dónde surge su inclinación hacia la farmacia?

Yo tenía muchas dudas sobre qué estudiar. Lo normal por entonces, en la gente de mi entorno en aquella época, era estudiar Económicas en la Universidad de Deusto, pero cambié de idea en el último momento. En mi familia no había farmacéuticos, pero teníamos relaciones con muchos y en un momento concreto decidí que una carrera de Ciencias podía ser una opción y que la que me gustaba en ese campo era Farmacia. No me veía en el plano asistencial de la Medicina y Farmacia me parecía que era una buena síntesis de la Química y de la Biología con un componente sanitario.

Güenechea, durante un momento de la entrevista.

Casi según acaba la carrera pone su primera farmacia.

Sí, al muy poco tiempo, pero antes trabajé un año en farmacia hospitalaria.

¿Ha hecho el FIR?

No, no existía el FIR, ¡soy tan mayor que no existía el FIR! (risas). Se creó justo después de aquella época. Pero una serie de circunstancias personales, servicio militar, etcétera, me hicieron cambiar de idea y recalar en Bilbao donde decidí adquirir una farmacia, que es la misma que tengo desde entonces.

Todo esto coincidió con los años más negros del terrorismo de ETA. ¿Cómo vivió usted este periodo, afectó en algún momento a su trabajo en la farmacia?

No, a mi trabajo en la farmacia no le afectó en ningún momento. Lo cierto es que fueron los llamados años de plomo, y fueron muy duros. Ahora lo vemos con una perspectiva más tranquila, más lejana, pero cuando rememoras situaciones sociales, personales, económicas, etcétera, fueron unos años ciertamente duros. Es curiosa la capacidad de adaptación del ser humano, que incluso en situaciones relativamente extremas acaba haciéndose a ellas y viviéndolas como si fueran normales. Hoy sabemos en perspectiva que era una anormalidad en todos los sentidos, pero lo cierto es que en ella vives y trabajas, y crías a tus hijos.

Afortunadamente ahora parece que estamos lejos de todo esto, que se está superando. Yo creo que ha habido un renacimiento de la convivencia en el País Vasco, un cierto optimismo vital al respecto y se está cicatrizando el tema, sin entrar en valoraciones sobre la justicia o no de los actos que haya que realizar. Los vascos estamos cansados de la violencia.

¿Cómo vivió la disolución de la banda terrorista ETA?

Creo que era la crónica de una muerte anunciada y era lo que se esperaba. La recibí, creo que como todo el mundo, con alegría, para empezar a construir un país otra vez en una normalidad. Las circunstancias históricas no significan más de lo que significan, y partimos de una situación económica y de un tejido industrial sólido, de un capital social humano bueno, fruto de muchos años de desarrollo económico, etcétera. En convivencia se pueden hacer grandes cosas como creo que se están haciendo.

Una de las obras de moda sobre este tema es Patria, de Fernando Aramburu.

La tengo desde el primer día que estuvo a la venta. Se circunscribe mucho a un medio más rural que el que yo conozco, pero sí, todos tenemos constancia de esas situaciones, las hemos vivido, las hemos oído, las hemos creído, tenemos gente que ha estado en ellas. Es tremendamente descriptivo. He compartido con mucha gente los distintos impactos que esa obra produce. Como positivo, refleja una historia que ha ocurrido y que hay que conoce, y como negativo, por decirlo de alguna manera, que recupera sensaciones que uno pensaba que había olvidado, porque está muy bien escrita y es muy realista.
lector voraz
José Ignacio Güenechea es un voraz devorador de libros. Eso sí: es “poco lector de novela, y cuando lo hago leo clásicos”. Particularmente a Chescherton y a Dickens, con predilección por “la literatura de humor inglesa”.

Sin embargo, como género, prefiere el ensayo. “Sobre economía, política… Hay uno que recomiendo siempre que puedo, que he comprado en varias ediciones y que ha sido traducido al español hace muy poco. Se llama Ideas Vivas de Economistas Muertos. Es una pequeña biografía interesantísima de los economistas clave en la historia, desde Adam Smith hasta Schumpeter, con un estilo narrativo fantástico entrando en su vida personal y luego exponiendo sus teorías”.


Su antecesor, Carlos González Bosch, es una persona que flirteó con la política. No sé si coinciden en estos intereses.

No he militado nunca en ningún partido político, aunque me interesa mucho la política desde una perspectiva social, personal y académica. Mis lecturas fundamentales suelen ser ensayos sobre historia, economía y política, pero nunca he tenido la suficiente humildad como para militar en un partido, y menos en los de hoy en día. Creo que les exigen a los militantes una fe ciega, excesiva, en los planteamientos. No me atrae en absoluto la política de partido hoy en día, sino como ciencia social.

Y como ciencia humana, ¿a qué dictados se adhiere más?

¡Esto es una confesión absoluta! (risas) Siempre me he considerado una persona fundamentalmente liberal y, luego, la madurez me ha dado una visión muy condescendiente de las cosas. Yo creo en el chiste fácil qué hacían Tip y Coll: hay que odiar el delito y perdonar al delineante. Hay que tener principios, que son muy importantes y estoy muy lejos de cualquier forma de relativismo, pero también es verdad que cada vez soy más condescendiente con las circunstancias que rodean los actos humanos y que hay que ponerse mucho en el lugar de cada uno.

Mi liberalismo es de ese tipo. Es decir, un liberalismo de tolerancia desde la propia convicción de que somos seres muy imperfectos, pero sin renunciar a una serie de principios que marcan el comportamiento de las personas y de las sociedades. En economía soy fundamentalmente liberal, con muchas matizaciones.

¿Con la excepción del modelo farmacéutico?

Bueno, por supuesto, pero esto no solo se aplica a lo farmacéuticos. La sanidad y la educación son los elementos que aportan una crítica mayor al modelo puro de liberalismo económico de mercado. Son imperfecciones del mercado, lo que pasa es que cuando se habla de imperfecciones de mercado también hay que hablar de imperfecciones de la burocracia. Por esto, creo que hay que llegar a un estado de compaginación entre ser muy realista con la defensa de la libertad equilibrándola con la equidad.

También nos ha llegado que usted es un lector feroz de filosofía. ¿De qué  filósofo o de qué doctrina filosófica se considera fan?

Bueno, yo he sido durante mucho tiempo tomista. Y la Escolástica tardía me ha interesado mucho. Son curiosas las vinculaciones que hay con la teoría económica, por medio de la Escuela de Salamanca. Pero, después de eso ha habido muchas cosas. Si me tengo que adscribir a alguna fórmula cercana o definida con todos los matices del mundo, lo hago al personalismo cristiano.

El presidente de Cofares se considera "un liberal con muchas matizaciones".



¿Alguna figura en particular?

Autores como Jacques Maritain o el propio Juan Pablo II, que fue una importante aportación. También hay personalistas no religiosos, que como aproximación filosófica a la vivencia humana me parecen muy interesantes, pero también hay momentos de Kant que son francamente atractivos, sobre todo en lo que respecta a la ética.

¿Qué filosofía se debe aplicar en la farmacia?

Yo creo que en la farmacia en todo caso habría que aplicar una deontología una deontología. Cada uno debe aplicar su filosofía o su ética, pero deontológicamente la farmacia hoy sabe y lo ha sabido siempre que su objetivo es el beneficio del paciente, más allá de otras consideraciones. No se trata tanto de una filosofía como de una deontología orientativa: "¡Haz bien sobre tu paciente y con tu paciente!". 

Como cooperativa, Cofares es la empresa del sector sanitario que más factura en España. ¿La unión hace la fuerza?

La unión es necesaria. En este momento estamos en una situación de integración de empresas de distribución farmacéutica. Fue la primera empresa que en los años 80 decidió que el modelo de distribución en España tenía que evolucionar hacia un conglomerado que le diera capacidad de negociación, con los laboratorios, con implantación nacional, etcétera.

Juan Ignacio Güenechea, presidente de Cofares.


¿Qué es lo más parecido a ser presidente de Cofares?

¡Absolutamente nada! No se me ocurre. Lo que sí sé es que ser presidente de Cofares es muy diferente a ser vicepresidente, eso sí que lo sé. Pero tiene unas características muy peculiares, porque por un lado se juega en la liga de las grandes empresas, los grandes números, pero por otro estamos muy cerca del socio-cliente-usuario que es el farmacéutico y que es la base y sustento de esta empresa.

¿Ha emprendido negocios en otros sectores que no sean la oficina de farmacia?

Sí, pero casi siempre vinculados al mundo de lo sanitario y alguna que otra experiencia en los años noventa con las nuevas tecnologías en pequeñas empresas. A finales de los 80 fundamos una empresa de publicaciones que lanzó varios productos en formato papel y en el formato digital de entonces, en un CD o textos sanitarios accesibles mediante conexión a internet. Otra fue una plataforma de servicios tecnológicos que al final fue absorbida por un gigante, y ya me salí de eso. He colaborado mucho con empresas en el mundo de la cosmética y del de complementos alimenticios, etcétera. Conozco esos campos pero en los últimos años mi ejercer personal, aparte de a gestionar mi farmacia, ha estado dedicado a Cofares.

Está usted a caballo entre Madrid y Bilbao, es presidente de Cofares… ¿Tiene tiempo todavía de dispensar medicamentos?

Sí, cuando estoy en mi farmacia tengo esa suerte. Antes decían que era madrugador, ahora simplemente creo que no duermo. Los días que puedo estar en Bilbao estoy muchas horas en mi farmacia. Dispenso medicamentos, sigo entrando en mi laboratorio a elaborar fórmulas magistrales, intento diseñar programas de atención para mis farmacéuticos y mis pacientes…  Sigo viviendo, he vivido siempre la farmacia. Siempre he compaginado la farmacia con otros cargos, puesto que además de en Cofares también he sido vicepresidente del Colegio de Vizcaya, pero todavía procuro mantener casi un fifty-fifty.

en corto
Un libro favorito
Así habló Zaratustra, de Frederick Nietszche. Lo he releído muchas veces. A pesar de que no ha configurado mi forma de pensar, me causó mucho impacto en mi juventud.
 
Una película
Apocalipse Now.
 
Una canción

Suzie Q.
 
Una ciudad para vivir.
La fusión de Bilbao y Madrid.
 
Una ciudad para viajar.
Londres.
 
Un objeto imprescindible
El iPhone.
 
Un personaje de su vida
Don Isidoro Rasines, catedrático de química inorgánica y profesor mío, un
hombre con un background de conocimiento académico importante con una humanidad fuera de serie.
 
Un personaje histórico
Tomás Moro.
 
Un equipo de fútbol
El Athletic de Bilbao.
 
Un lema vital
Un principio kantiano: Compórtate como sí tu comportamiento fuese la regla
universal.
 
¿Qué le hace feliz?
Mi familia.
Es fundador de la Sociedad Española de Fitoterapia. ¿Es usted más de principios activos o de fitoterapia?

Yo soy de fitoterapia que tenga principios activos. Cuando empecé en este campo de la fitoterapia, hacia el que no era especialmente proclive, fue un reto que me puso delante un grupo de médicos en Bilbao que estaban en esta tendencia. Siempre he hablado del uso racional de la fitoterapia y lo primero que significa esto es trabajar con productos seguros. No es magia negra ni nada extraño: la fitoterapia actúa porque hay una serie de sustancias químicas en las plantas que correctamente extraídas y bien dosificadas actúan. Yo creo en una fitoterapia de principio activo.

¿Dónde acaba la Fitoterapia y empieza la pseudociencia?

La ciencia es la ciencia. Para nosotros, para los profesionales, es lo que tiene que valer. Necesito la evidencia científico-técnica de la validez de los productos. Todo lo demás, si no se demuestra, entrará en el mundo de la creencia pero no de la ciencia. La creencia me parece absolutamente respetable a todos los niveles pero yo para aplicárselo a mis pacientes necesito la ciencia.

Volvamos al tema vasco,  ¿usted qué estereotipos del vasco clásico cumple?

Soy del Athletic… y la temporada está siendo muy mala. No sé, yo creo que cada región y cada zona de España tiene unas características sesgadas por la literatura popular en muchos casos y por las costumbres. Pero suelen tener rasgos de verdad, cada vez más difuminados en una cultura global como la que vivimos. Los perfiles tienden a igualarse. Algunos ven esto como muy mal. Me imagino que en el Imperio Romano les pasó exactamente lo mismo a los galos e íberos. Con todo, intento ser algo que se ha dicho siempre del vasco: una persona de palabra.

¿No ha pertenecido a ninguna sociedad gastronómica?

No, curiosamente porque las sociedades gastronómicas son más guipuzcoanas que vizcaínas. Pero vamos, lo que no me atrevo de ninguna manera es a meterme en una cocina a hacer nada, sería un peligro público, bastante tengo con elaborar fórmulas magistrales.

¿Cuál sería su fórmula magistral Michelin?

A lo largo de mi vida he diseñado muchas formulaciones y no sabría decirle en concreto ninguna porque hay que relacionarlas con el paciente. Hay veces que hemos tenido que hacer cosas para personas con gravísimos problemas, con un grado de esperanza en los resultados pobre. Sin embargo, cuando dispensamos jarabes elaborados por nosotros para niños neonatos, con problemas, que han tenido una cardiopatía congénita… Eso me parece una labor auténticamente Michelin.