13 nov 2018 | Actualizado: 18:50
La Revista

"Me da miedo que la sanidad española termine como la uruguaya"

El humorista Facu Díaz critica que "muchos de los que ahora son adalides de la libertad nos han cerrado hospitales"

El humorista Facu Díaz recibe a LA REVISTA de Redacción Médica.
Sábado, 18 de noviembre de 2017, a las 20:00
Sergio López
Joana Huertas
Facu Díaz (Montevideo, 1993) es uno de los referentes del humor político que se ha convertido en el nuevo rock and roll para una parte de la juventud, la más militante. Esta semana ha arrancado la segunda temporada de ‘No te metas en política’, un late show que se hace en directo en el teatro en Madrid y que también se difunde en Internet. La temporada anterior agotaron todas las entradas y en esta van por el mismo camino. Pero este humorista insultantemente joven no se conforma con eso. Junto con su pareja cómica, Miguel Maldonado, acaba de entrar como colaborador en el programa ‘Al Rojo Vivo’, en La Sexta.
 
Aunque vive en Madrid desde hace cuatro años, sigue empadronado en Cataluña, adonde llegó su familia procedente de Uruguay. Hace pocos días utilizó la sanidad madrileña por primera vez. “Iba con la tarjeta sanitaria del CatSalut y dije que no sabía si seguía valiendo aquí. Resulta que la persona que me atendió en admisión era catalana”, explica. Todo acabó en risas. Muy crítico con los recortes en sanidad del Gobierno catalán, cree que algunos políticos de esta región “se subieron a una ola independentista que ya existía”, para evitar dar cuentas por su gestión. Adicto a la actualidad política, no oculta su afiliación a Izquierda Unida.
 
Nacido en Uruguay, criado en Cataluña y residente en Madrid. ¿Nacionalidad? 
 
Uf... Si se independizara Cataluña pasaría a tener triple nacionalidad, pero no sé si se puede. Tengo que investigar si me vería obligado a renunciar a una para tener doble nacionalidad. No sabría con cuál quedarme. No sé si quiero ser uruguayo y español, uruguayo y catalán… desde luego a Cataluña le debo mucho porque me he criado ahí y ahí es donde me han dado la educación y también una buena sanidad hasta que empezaron a cargársela poco a poco. Yo me siento bastante catalán, creo que es la nacionalidad que más me representa.
 
Esta semana arranca la nueva temporada de 'No te metas en política'. No sé si se me puede adelantar algo. ¿Habrá sorpresas?
 
Bueno, el contenido y el fondo va a ser el mismo. Lo que pasa es que una productora grande se ha fijado en este proyecto y vamos a tener más medios, afortunadamente. El contenido no queremos cambiar, pero sí que se va a perder ese aspecto de precariedad que teníamos y vamos a pelear por incorporar a alguien más. Tenemos la espinita clavada de incorporar a una chica al equipo, como mínimo.
 
El humor político hecho desde la izquierda pisa fuerte. Aparte de NTMEP está ‘Mongolia’ y también se podía meter en este saco ‘La vida moderna’. ¿Por qué cree que es esto?
 
Creo que el 15M marcó a nuestro país de una manera muy política, evidentemente, y, como todo gran cambio, incluye una parte cultural. Creo que nosotros damos respuesta a un nuevo tipo de entretenimiento que se demandaba, sobre todo, desde una franja de población de 16 hasta los 40 años, que se sentía interpelada por el 15M. Había necesidad de un entretenimiento que no tuviera por qué agradar a todo el mundo. Nosotros siempre insistimos en eso. Yo no quiero que todo el mundo se ría con lo que hago. En 'No te metas en política' y en el otro show que hago–un monólogo con el que voy girando de vez en cuando– sabemos a quién nos dirigimos y sabemos lo que les mola. Eso hace el trabajo más fácil, todo hay que decirlo.
 
Están siendo el primer contacto con la política para una generación muy joven, igual que para otra generación anterior pudieron serlo bandas como Ska-P o Reincidentes. ¿Son ustedes un poco el nuevo rock radical?
 

Facu Díaz no sabría elegir si tuviera que elegir entre las nacionalidades uruguaya, española y catalana.

Bueno, fíjate, en la música también están pasando cosas muy interesantes y están surgiendo figuras, al principio controvertidas, que tienen que ver con lo que decía, con un nuevo abanico de entretenimiento que surge desde lo más alternativo. Pueden ser grupos de rap o metal, o gente como Arcano, por ejemplo, que me encanta. Está muy arriba en el mainstream con unos mensajes muy interesantes.
 
Comenzó como tuitero, de ahí saltó a 'La Tuerka' y después a 'No te metas en política'. ¿Fue todo esto por accidente?
 
Pues me fue atropellando un poco todo. Cuando terminé el instituto conseguí una beca y me puse a estudiar música. Me quería dedicar profesionalmente a tocar la batería y lo conseguí: me fichó una banda que estaba de gira. Me iba de gira todos los fines de semana por toda España y entre semana tenía mucho tiempo libre. Así que me metí en el mundo Twitter y eso me llevó a escribir y a relacionarme con gente, muchos de ellos guionistas de televisión, gente que usaba Twitter para probar cosas y que me acabó liando. Uno de ellos fue Juanra Bonet, que fue el que tuvo la última palabra cuando le pregunté si me ponía a estudiar guión. Él fue el que me dijo que pa'lante, que creía que valía para esto. Me puse en cuanto terminé la gira con la banda, después de un año de mala vida en la carretera. Aunque la vida de la comedia no se queda atrás, según estoy viendo ahora.
 
¿Por qué esta explosión del humor político? ¿Es una válvula de escape tras el desencanto por no haber conseguido los cambios que quería el 15M?
 
Lo es. Y no sé hasta qué punto es bueno o es malo. Habrá quien diga que desactivamos la lucha, como si las personas que vienen al teatro a vernos estuvieran a punto de montar un piquete o una barricada. No tengo del todo claro hasta qué punto es bueno o malo, pero está claro que es un momento de distensión. El año pasado nos pasaba una cosa y seguramente nos va a pasar esta temporada también: hay un momento en el que damos un titular gravísimo sobre algún caso de corrupción o algún abuso muy bestia de alguna gran empresa y eso provoca una carcajada general entre el público y también en el escenario. Parecemos un grupo de psicópatas que quedan para reírse de cómo nos están robando. Y aplaudimos. Es verdad que es una cosa extraña.
 

A Cataluña le debo mucho: ahí es donde me dieron buena sanidad y educación, hasta que empezaron a cargársela


Parece más bien una terapia de autoayuda...
 
Sí, sí. Al final, quedar para comentar estas cosas y reírte también te convierte en una persona un poco extraña. Pero yo creo que cuando nos reímos de los poderosos, si lo hacemos bien y con gracia, hacemos un poquito de daño. Yo con eso me doy por satisfecho.
 
Bueno, parece que cierto tipo de humor sí que incomoda, a la vista de los procesos judiciales que han tenido que afrontar varios humoristas, usted entre ellos. ¿Qué impone más? ¿Estar en un escenario delante del público o de un juez de la Audiencia Nacional?
 
Pues impone bastante más un escenario. Entre otras cosas porque, a diferencia de lo que yo pensaba cuando fui a la Audiencia Nacional, uno puede corregirse, puede desdecirse y los jueces son comprensivos cuando uno declara. Saben que la gente se pone nerviosa. Todo eso te lo explican y la verdad es que uno se queda más relajado. Sobre todo cuando va convencido, como fue en mi caso, de que todo aquel procedimiento fue una chorrada. Pero es verdad que sí que da respeto… y a mí me tocó en su día el juez Bermúdez, que es un tipo que ya de por sí imponía mucho, llegando en su moto a la audiencia y todo eso. Antes de declarar me crucé con él y… –bueno, ahora que él está ya fuera de la Audiencia Nacional y creo que fuera del país, trabajando en Francia– creo que lo puedo contar: hubo un intercambio de miradas y me dio toda la sensación de que me venía a decir que no me preocupara más de la cuenta por aquello.
 
Aquello vino tras la polémica por un sketch suyo en 'La Tuerka' y se usó para cargar contra Podemos. Pero usted no es de Podemos, sino militante de IU y del PCE. Así que aprovecho para preguntar, en estas fechas que su partido recuerda el centenario de la Revolución Rusa, ¿qué es ser comunista hoy en día?
 
Yo creo que ser comunista es ser buena persona. Es tener un sentido de la justicia social y de la empatía con los demás y de considerar que o nos echamos una mano o no vamos a ninguna parte. La derecha también habla de justicia social, pero para conseguirla yo no le veo otra traducción que poner en manos de los que no somos multimillonarios y no tenemos medios de producción lo que proporcionan esos medios de producción. Nadie debería tener más derechos y ser más que nadie por tener un mayor nivel económico y unas mejores oportunidades. Es una cosa bastante sencilla de entender, pero que, evidentemente, se ha visto denostada con años y años de propaganda y hemos quedado al final como un reducto de locos violentos que quieren romperlo todo. Es triste que un sentimiento bonito como es el de la empatía y la justicia social se haya transformado para muchos en eso, en una cosa alejada y comparable incluso a otras ideologías mucho más dañinas.
 

Facu Díaz junto con Miguel Maldonado durante el espectáculo 'No te metas en política'.


Centrándonos en el tema de los derechos ciudadanos, creo que hace poco has visitado por primera vez como paciente un hospital en Madrid. ¿Cómo ves el estado de la sanidad?
 
Estuve en la Jiménez Díaz. Tengo un amigo que trabaja ahí y me recomendó que fuera a su hospital y la verdad es que me trataron estupendamente bien. Yo no me olvido jamás de dónde vengo y es algo que creo que tenemos todos los que venimos de países pobres como Uruguay. Por muy deteriorada que pueda llegar a estar la sanidad en Madrid o en Cataluña –que es donde más mano se le ha metido–, no va a ser jamás comparable al panorama aterrador que tuvimos allí durante tanto tiempo. Yo me vine para acá con ocho años, pero me comí allí las típicas enfermedades de niño, las neumonías y ese tipo de cosas que pillan los críos, y recuerdo a mi madre levantándose a las cuatro de la mañana para irse a Montevideo a coger número para que a las doce le dieran cita para las seis de la tarde… y ahí era cuando yo cogía el bus. Mi madre se tiraba todo un día de gestiones para que yo tuviera una visita con el médico al final de ese mismo día. Entonces, viniendo de ahí, uno valora esto bastante más y no parece excesivo esperar dos o tres horas a que me atiendan en un hospital. Pero es cierto que también he notado el deterioro aquí, sobre todo en Cataluña, que es donde más he usado el médico: como se cerraban plantas del hospital que inauguramos todos muy orgullosos en Blanes. Ya no nacen niños en Blanes. Muchos de los que ahora se proclaman adalides de la libertad y la democracia nos han cerrado hospitales y centros de salud. He podido ver la Sanidad en Uruguay y en España y, por eso, valoro mucho lo que hay aquí y me da mucho miedo que se pueda terminar algún día como de dónde vengo.
 
¿Cree que los políticos catalanes ha utilizado el Procés para blanquear las políticas de recortes que los gobiernos nacionalistas aplicaron, por ejemplo, en sanidad?
 
Bueno, no creo que sea tanto una cuestión de que Artur Mas, Puigdemont o quien sea, haya tenido la capacidad de distraer a la gente, sino que se han subido a una ola que existía y que tarde o temprano iba a estallar. Ojalá fuera tan fácil como pensar que un señor ha engañado a todo el mundo y los ha llevado por ahí. Se han subido a la ola de un movimiento social y, al estar en el mismo barco, mucha gente ha decidido dejar al margen otros asuntos para tirar para delante con el proyecto común. Pese a eso, yo pido, sin ningún tipo de problema, la libertad para ese gobierno. Si se ven en la cárcel, me gustaría que fuera por asuntos de corrupción, si es que alguna vez se demuestra que han hecho algo. Pero no por esto. Se supone que mi rival político debe tener las mismas condiciones que yo para dar la batalla, y estando en prisión no las tiene. Se han subido a un carro que les beneficiaba en cuanto a votos, evidentemente, pero también han llegado hasta donde pocos se atreven a llegar: a defender sus ideas hasta pagarlas con la cárcel. En ese sentido, mi respeto lo tienen.
 
en corto
Un libro: ‘Tupamaros, del fusell al Parlament’, de Vicent Galiana.
 
Una película: Reconozco que tengo un problema: solo me gustan las americanadas de explosiones y disparos, tipo 'American Sniper'. Para ser antiimperialista, necesito mi ratito a la semana de ser un yanqui convencido.
 
Canción favorita: 'Entre poetas y presos', de La Raíz.
 
Ciudad para vivir: Madrid.
 
Y una ciudad para viajar: Berlín.
 
Un objeto imprescindible: El móvil.
 
Un personaje de su vida: A mi madre le va a sentar mal, pero diré mi hermano.
 
Un personaje histórico: Fidel Castro.
 
Equipo de fútbol:  Ciudad de Murcia. Es un Club de accionariado popular.
 
Lema vital: 'Animus iocandi', que es el término jurídico que se utiliza para decir que algo es broma.
 
¿Qué te hace feliz?: Iba a decir, en un medio sanitario, 'un cigarrito después de comer'. ¡Fíjate la salvajada que iba a decir! Compartir y echarme unas risas con mis amigos, sin más. Eso es lo que creo que me hace más feliz.
Volviendo a un tono más distendido, no sé si recuerda alguna anécdota en relación con la sanidad en Cataluña o aquí en Madrid.
 
Siempre empatizo mucho con los médicos del hospital de Blanes, porque en Blanes tenemos por vecinos a Lloret de Mar, mundialmente conocido por esos veranos tan locos y actividades tales como el balconing. Algún verano me ha tocado pasar por urgencias. Yo nunca he sido muy liante, pero alguna noche he terminado teniendo que acompañar a algún amigo al hospital y ver el panorama de un hospital de la Costa Brava en verano, en urgencias, de madrugada, la verdad es que es para ir y grabarlo. Porque el caos que hay de nacionalidades, idiomas distintos y problemas que cada uno trae de sus respectivas discotecas, es para ponerle un monumento a toda la gente que trabaja ahí. Siempre he tenido un respeto muy grande por los profesionales de ese hospital. De hecho, ahí trabajaba como enfermera Marta Sibina, que a día de hoy es diputada en el Congreso de los Diputados por En Comú-Podem. Es alguien que, de tanto que quería a la sanidad pública, empezó unas investigaciones en la revista Cafè amb llet y acabó destapando un escándalo de corrupción masiva.
 
¿Desconecta alguna vez de Twitter?
 
Yo creo que se va a diagnosticar tarde o temprano, si no lo está ya, la adicción ya no solo a los móviles, sino a la información. Me levanto y lo primero que pienso es: "¡¿qué habrá pasado durante toda esta mañana, que no me he enterado. Seguro que ahora abro los periódicos y flipo!" Yo sé que tengo un problema. Realmente el único rato que desconecto es cuando grabo. Ahora estamos grabando muchas cosas para esta segunda temporada del programa y eso me obliga a dejar el teléfono apagado en una sala e irme, que para mí es difícil. La última vez que grabamos, hace un par de viernes, en cuanto cogí el móvil de nuevo para ver qué había pasado, el Parlament había declarado la independencia de Cataluña. Pensé, “ostras, esto acaba de pasar y yo no lo he visto en directo”.
 
Y cuando no está ni grabando ni con el teléfono, ¿qué hace con su tiempo libre?
 
Sigo tocando la batería. Cuando tengo una tarde entera libre me gusta meterme en un local a aporrear un poco la batería, pero por lo general llevo una vida muy de señor mayor. Me gusta salir a comer o a tomar copas. El otro día me propusieron un viaje que no tenía que ver con trabajo y dije: "me quiero quedar en Madrid, quiero ver a mis amigos y quiero tomarme una cerveza con ellos"; porque cada vez tengo menos tiempo para eso y al final es con lo que me lo paso mejor. 
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