MIR en un hospital.

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MIR

El fin de las guardias de 24 horas recortará hasta 300 euros al mes el sueldo MIR

Para un residente promedio que haga 80 horas de guardia mensuales, teniendo en cuenta las variaciones autonómicas y la distribución de los turnos, los cálculos de Vicente Matas oscilan en torno a esta cifra

Y además: El Gobierno actualiza el Real Decreto MIR para "reforzar las garantías en jornada, descansos y retribuciones"

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La aprobación en el Consejo de Ministros del Real Decreto 1146/2006, que regula las condiciones laborales de los residentes de Formación Sanitaria Especializada (FSE), ha sido recibida entre la celebración y el escepticismo por el colectivo. La postura más crítica con esta norma la han expresado desde la Asociación MIR España (AME), en base a la merma salarial a la que aboca la norma al colectivo por las nuevas limitaciones a la realización de guardias.

El RD pone fin a los turnos de 24 horas para los residentes y fija una limitación por norma general a cuatro guardias al mes de un máximo de 17 horas. De esta forma, los residentes pasarían a tener un tope de 68 horas de guardia al mes, con la posibilidad de añadir un quinto módulo “de forma excepcional y por razones docentes justificadas”, excluyendo expresamente las necesidades asistenciales del servicio.

En base a estas nuevas limitaciones, el impacto sobre el bolsillo de los MIR podría oscilar entre los 200 y los 300 euros, en función de la comunidad y la distribución de estas guardias, según los cálculos de Vicente Matas del Centro de Estudios del Sindicato Médico de Granada. En su último informe sobre el salario de los médicos residentes, el médico analizaba las diferencias por comunidades y por año de residencia en el precio al que se paga la hora de guardia.

En base a este análisis, partiendo del caso promedio de un MIR que realiza unas 80 horas de guardia al mes, el doctor estima el impacto en torno a unos 200 euros al mes para los residentes de primer año, a quienes se les retribuye la hora de guardia a 16 euros de media en España. La cifra asciende progresivamente con los años MIR, situándose en torno a los 300 euros al mes para los facultativos de cuatro y quinto año de residencia. Entre estos, la guardia se paga a una media de 23 euros la hora en jornada ordinaria.

Matas subraya en este sentido las palpables diferencias entre comunidades y que estas cantidades se basan en las remuneraciones en días laborables, por lo que podrían ser aún mayores incluyendo la realización de guardias en fines de semana y festivos.

El RD reduce además el máximo de jornada semanal en cómputo trimestral, dejándolo en 45 horas. Del mismo modo, establece nuevas garantías en descansos entre turnos, de forma que se garantice el descanso entre jornadas de al menos 12 horas.

La realización de estas guardias, por el complemento salarial que suponen, es fruto de debate entre los residentes. Para AME, el problema radica en que esta limitación de las guardias no vaya acompañada de un incremento retributivo suficiente. También desde los sindicatos han expresado sus recelos por el establecimiento de unas mejoras salariales que perciben insuficientes. La normativa establece las cuantías mínimas que debe suponer este complemento de residencia sobre el salario base, estableciendo una subida progresiva para los residentes según su año de formación.

La propia Memoria de Análisis de Impacto Normativo del Ministerio de Sanidad para la consulta pública del anteproyecto de este RD fija que el ahorro presupuestario para los servicios de salud autonómicos con la reducción de las jornadas de guardias es “mayor que el incremento del gasto” por el aumento retributivo contemplado en el RD. “En todas las comunidades autónomas y en la Administración General del Estado la reducción de gasto asociada a las guardias supera el incremento de gasto derivado de la subida del complemento de grado, por ello se considera que el incremento de gasto puede financiarse con la reducción”.

El presidente de AME, Jesús Arzúa, señalaba a este medio que esta merma salarial teme que se traduzca en unas mayores dificultades para vivir en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, favoreciendo que, en la práctica, la elección de la plaza esté determinada por las capacidades económicas de los residentes.