Fotografía cedida por Rafael.

Fotografía cedida por Rafael.

MIR

Se planta y emigra para ser MIR en Alemania: "Se pueden superar los 100.000 euros al año"

Rafael defiende que emigrar merece la pena profesionalmente, pero lanza una advertencia a quienes se plantean dar el paso: "A nivel personal es muy duro"

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Emigrar nunca consiste únicamente en cambiar de país. Es aprender a vivir en un idioma que todavía no sientes tuyo, aceptar que las conversaciones ya no fluyen igual, echar de menos a la familia en los días importantes y descubrir que construir una nueva vida también implica renunciar a otra. Rafael conoce bien esa sensación. Hace dos años dejó España para desarrollar su carrera como médico en Alemania. Durante ese tiempo trabajó de camarero mientras aprendía alemán desde cero y esperaba la homologación de su título.

Hoy, este jiennense es residente de Anestesiología en un hospital universitario de Berlín y reconoce que profesionalmente volvería a tomar la misma decisión. Sin embargo, cuando habla de emigrar, el primer mensaje que quiere transmitir no tiene que ver con el salario ni con las oportunidades: "A nivel profesional merece muchísimo la pena; a nivel personal es muy duro", asegura a Redacción Médica.

Rafael acabó agotado del sistema español

El primer paso para empezar a plantearse un futuro fuera de España llegó durante su Erasmus en Polonia. Allí coincidió con estudiantes de Suiza, Austria, Alemania, Suecia y Dinamarca, cuyas experiencias le hicieron replantearse la realidad de la profesión en España. "Hablando con ellos me di cuenta de que las condiciones laborales de los médicos españoles eran mucho peores", recuerda.

A ese cambio de perspectiva se sumó un factor personal. Su pareja también quería desarrollar su carrera profesional en el extranjero y conocía bien Alemania, donde había estudiado. "Hablaba alemán con fluidez y conocía el sistema, así que decidimos apostar por ese país", explica el médico.

Sin embargo, el detonante definitivo llegó durante el rotatorio de sexto, cuando Rafael se estaba preparando el MIR. "Ahí me di cuenta de que el sistema estaba mal en España", asegura. La sensación de que un único examen tipo test podía decidir toda su trayectoria profesional terminó por convencerle. "No llegué ni siquiera a presentarme al MIR. Decidí irme antes", resume. A la mañana siguiente, cogió el primer autobús y se presentó en la facultad para informarse sobre cómo podía solicitar un Erasmus de prácticas en Alemania antes de finalizar los seis años de carrera.

Empezar de cero en Alemania

Pero todo lo que el jiennense había imaginado pronto chocó con la realidad cultural y lingüística. Rafael llegó con apenas un nivel A2 de alemán, que él consideraba suficiente para desenvolverse. "Me di cuenta de que tenía que ponerme las pilas y de que el proceso iba a durar mucho más de lo que esperaba", recuerda. Día tras día, pasó meses estudiando por su cuenta, rodeado de tarjetas de gramática y un amplio vocabulario, al que se añadía el técnico relacionado con la Medicina para sacarse el examen de homologación.

Al mismo tiempo, mientras estudiaba, tenía que mantenerse de alguna forma y comenzó a encadenar pequeños trabajos que le iban saliendo de camarero o en una planta de reciclaje. Experiencias que, lejos de vivirlas como un fracaso, las recuerda con profundo cariño: "Fue el mejor año de mi vida, además podía poner en práctica mi alemán".

"Por primera vez tenía ingresos propios y no dependía del dinero que pudiera enviarme mi madre", subraya también orgulloso el médico, quien siempre había tenido que depender de becas estatales. Gracias a esos trabajos logró financiar un proceso formativo que, entre traducciones juradas, tasas administrativas, exámenes y cursos de formación, terminó suponiendo un desembolso de entre 3.500 y 4.000 euros.

Rafael relata cómo la incertidumbre siempre fue una constante, incluso tras superar lo que asegura que fue "un examen muy exigente". Tuvo que esperar varias semanas hasta recibir la carta que lo cambiaría todo. "Cuando abrí el buzón de casa y encontré un sobre con mi licencia médica alemana me puse a llorar de la felicidad. Fue una sensación de decir: 'Por fin'", recuerda emocionado.

"Por primera vez tenía ingresos propios y no dependía del dinero que pudiera enviarme mi madre"

Envió más de 100 solicitudes para conseguir la residencia

Poco a poco, las puertas se fueron abriendo para el joven médico, que ahora debía de enfrentarse a un nuevo reto: encontrar una plaza de residencia. "Mucha gente cree que llegas a Alemania y tienes una plaza esperándote, pero no es así", asegura Rafael. Envió más de 100 solicitudes a hospitales de toda Alemania solicitando acceso.

El balance fue de siete entrevistas y tres ofertas de trabajo. La elección de Anestesia como especialidad llegó casi por casualidad. "Como estaba de Erasmus, se me pasó el plazo para elegir la rotación y el sistema me asignó automáticamente Anestesia. Estuve allí un mes y pensé: 'Aquí me quedo'", recuerda Rafael sobre su último año de carrera. Acaba de comenzar hace apenas unos días en una residencia de doble formación en Anestesiología y Urgencias en uno de los mejores hospitales universitarios de Berlín. "También tengo una subespecialización en rescate sanitario en helicóptero con la policía militar y el ejército alemán, además de varias horas a la semana como docente", detalla.

Aunque no llegó a hacer la residencia en España, por experiencias de su hermana, también médico, y compañeros, Rafael sí que observa grandes diferencias entre ambos sistemas. "Aquí vienes a trabajar desde el primer día. Creo que en España el inicio de la residencia es algo más progresivo. Aquí te sueltan muy pronto", señala el futuro anestesiólogo. En este sentido, destaca que, frente a la percepción que se tiene de que venir a Alemania "es el camino "fácil", la realidad es mucho más cruda: "La residencia es mucho más exigente".

Explica que en su hospital de Alemania las guardias son de 17 horas, no de 24, además de que no comienzan a realizarlas propiamente hasta el tercer año y estas computan como parte de la jornada laboral semanal.

"La residencia es mucho más exigente"

"Y, por supuesto, está la diferencia salarial, que es probablemente lo que más llama la atención", apunta el médico, quien detalla cómo a partir del segundo año, en hospitales universitarios o de máxima categoría, haciendo unas cuatro guardias al mes puedes superar los 100.000 euros brutos anuales. Sin embargo, el médico destaca que los salarios, como ocurre también en España, son muy variables y dependen mucho del hospital donde te haya tocado.

La sanidad alemana funciona bien, aunque tiene una filosofía distinta

Para Rafael, la sanidad alemana funciona bien, aunque responde a una filosofía distinta a la española. "En España somos más cercanos y más paternalistas. Aquí existe mucha más libertad de elección", explica. El paciente asume un papel más activo y el profesional dispone de mayores oportunidades para desarrollar su carrera.

Sin embargo, reconoce que hay aspectos de España que echa de menos: "Echo muchísimo de menos la piña que se hace entre los profesionales sanitarios en España". Aunque está satisfecho con su decisión, insiste en que emigrar implica renunciar a una forma distinta de entender las relaciones personales y laborales. "No todo es el dinero. Cada uno tiene que decidir qué valora más", reconoce.

A su juicio, España necesita algo más que mejores salarios para frenar la fuga de médicos. "Llega un momento en el que el salario deja de ser lo más importante. Lo que realmente marca la diferencia son las condiciones de trabajo y el reconocimiento profesional", afirma. También reclama un mayor respaldo institucional y social hacia los profesionales sanitarios.

"Llega un momento en el que el salario deja de ser lo más importante. Lo que realmente marca la diferencia son las condiciones de trabajo y el reconocimiento profesional"

Trabajar en otro país siempre tiene un precio

Aunque Berlín le ha proporcionado la estabilidad económica que durante años le faltó, Rafael no olvida una infancia marcada por las dificultades. "Muchas veces iba al instituto con los alimentos envueltos en papel para que no se viera la etiqueta de Cáritas", recuerda. Sí asegura que el cambio ha significado mucho más que una mejora salarial.

La distancia con su familia es una de las renuncias más difíciles de asumir para él hoy en día. "Mi madre se hace mayor, mi hermano también. Estoy viendo crecer a mis sobrinos a través de una pantalla", lamenta. Aunque no descarta volver algún día, admite que, por ahora, las oportunidades profesionales que tiene en Alemania hacen difícil plantearse el regreso.

Tampoco oculta el desgaste que supone vivir y trabajar en otro idioma. "Hay una frase de Sofía Vergara de 'Modern Family' que me encanta: 'Ellos no saben lo inteligente que soy en español'. A mí me pasa exactamente eso", confiesa. Por eso, quiere poner el foco en la otra cara de trabajar en el extranjero, más allá de la imagen viral y positiva que suele mostrarse. "A nivel profesional y económico, marcharme a Alemania ha merecido muchísimo la pena. Pero, a nivel personal, es muy duro", concluye.