La Escuela de ictus para pacientes y cuidadores incide en la importancia de la prevención y la rehabilitación

Tensión arterial, azúcar y colesterol: claves para prevenir el ictus
Unidad de Ictus de Quirónsalud en Madrid.


21 oct 2021. 15.15H
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Cada año en España más de 110.000 personas sufren un ictus. Una cifra que podría aumentar entre el 25 y 35 por ciento para 2035 debido al aumento de la esperanza de vida. Para atender a estos pacientes, así como dotar de las claves a sus cuidadores, la red de hospitales públicos de Madrid, a los que se suman los cuatro Hospitales de Quirónsalud, han retomado la celebración periódica de la Escuela de ictus para pacientes y cuidadores, en esta ocasión en formato online.

Esta Escuela tiene el objetivo de concienciar a la sociedad de la importancia del diagnóstico precoz. Así, tal y como señala  señala Araceli García Torres, médico adjunto del Servicio de Neurología en la Fundación Jiménez Díaz “es necesario que se conozcan los principales síntomas de alarma de un ictus y así favorecer que se avise a los servicios de emergencia con la mayor rapidez posible”.

A la detección precoz se suma la prevención, clave en la gestión de esta patología pues “se debe saber que la mayoría de los ictus pueden prevenirse controlando unos pocos factores -añade-, principalmente la tensión arterial, los niveles de azúcar y colesterol y el peso, realizando actividad física y evitando el consumo de tabaco y alcohol”, señala García Torres.

¿Qué se debe hacer tras un ictus?


Desde la Escuela de ictus para pacientes y cuidadores se ofrecen las herramientas necesarias para tratar los casos de ictus. De forma personalizada, los profesionales que componen esta escuela atiende las posibles complicaciones, haciendo hincapié en la importancia de un tratamiento holístico e integral de esta patología, centrado en el paciente y en su entorno. 

Según expone la enfermera Carmen Pajuelo, tras el ictus es importante atender algunas de las complicaciones más frecuentes, como pueden ser “tratar correctamente la disfagia para evitar broncoaspiraciones e infecciones tipo neumonía, promover la movilización temprana para evitar rigideces, favorecer los cuidados del lado parético, etc.”

La rehabilitación es otro de los puntos clave en la recuperación del ictus. Así, desde la Fundación Jiménez Díaz, semanalmente se reune al equipo de rehabilitación para revisar la situación de los pacientes, pues “es fundamental que el tratamiento de las distintas terapias se coordine y dirija a alcanzar objetivos muy individualizados para cada uno de los pacientes”, subraya Raquel Cutillas, jefa asociada del Servicio de Rehabilitación de la Fundación Jiménez Díaz.

Para llevar a cabo esta rehabilitación individualizada, desde la Fundación Jiménez Díaz ”analizamos la evolución de cada caso, cómo se van adquiriendo los objetivos, individuales y globales (intentamos que todas las terapias vayan dirigidas a obtener los mismos objetivos), si existe alguna dificultad durante el tratamiento… y también temas más personales como la motivación, el apoyo familiar o la circunstancia social del paciente que, sin duda, influyen su evolución”, expone Cutillas.

¿Cómo debe ser el tratamiento del ictus desde casa?


Tras el alta hospitalaria, la vuelta a casa debe estar acompañada por los profesionales sanitarios. Así, los centros pertenecientes a la Escuela de ictus facilitan los ejercicios y el material didáctico necesario para realizar el tratamiento continuado en el domicilio, adaptados a cada paciente.

Como comenta la terapeuta ocupacional, Blanca Jiménez, “los familiares pueden acceder en todo momento a las sesiones de tratamiento con los terapeutas para conocer las pautas a continuar en domicilio. También tienen el teléfono de las salas de tratamiento y pueden ponerse en contacto con nosotros para resolver cualquier duda. Además, para los pacientes que lo requieran, se abre un Diálogo Web a través del Portal del Paciente [aplicación de desarrollo propio de esta red hospitalaria] para solventar en línea incertidumbres urgentes con el terapeuta”.

Otro punto donde más apoyo necesitan las familias es en la comunicación con el paciente. Así, Aitor Belandia, logopeda del Servicio de Rehabilitación de la Fundación Jiménez Díaz, señala que, en su ámbito, tras el ictus es fundamental valorar cuál es la afectación a nivel del lenguaje expresivo y comprensivo, ya que estas áreas pueden estar afectadas de forma individual o simultánea, y así poder establecer los objetivos a trabajar durante las terapias: “Esto nos permitirá dar pautas individualizadas al paciente y a sus familiares para complementar el tratamiento en el domicilio”. Una comunicación ante la cual los familiares deben aprender a adaptarse, contando con las herramientas para que esta sea más positiva e incluya al paciente con naturalidad.
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