Rafael Ojeda, presidente del Sindicato Médico Andaluz (SMA).
Rafael Ojeda (SMA): “Conocemos perfectamente las consecuencias de una huelga médica para la población y las lamentamos profundamente”
El presidente del Sindicato Médico Andaluz, una de las organizaciones que tienen voz y voto en el Comité de Huelga a nivel estatal, relata en una entrevista la situación actual del conflicto
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La sanidad se prepara para hacer frente a los efectos de una nueva huelga médica indefinida si en el próximo mes no se alcanza un acuerdo que permita desconvocar los paros previstos a partir del próximo 28 de octubre. El primer paso ya lo ha dado el Foro de la Profesión Médica con el impulso de un intergrupo parlamentario que debatirá sus reivindicaciones en plena tramitación del Estatuto Marco en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, el balón continúa en el tejado del conjunto de los sindicatos de facultativos.
En una entrevista con Redacción Médica, Rafael Ojeda, presidente del Sindicato Médico Andaluz (SMA), reflexiona sobre la situación actual del conflicto laboral. El líder sindical es una de las voces que conforman el Comité de Huelga, junto con otras centrales autonómicas y la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). A su parecer, los paros constituyen el “último recurso” ante una negociación que solo puede pasar por una “regulación laboral específica” para su profesión.
El presidente del SMA también ha abordado las consecuencias de una huelga, que en el primer tramo del año ya se saldó con tres millones de actos médicos suspendidos en todo el conjunto del país. “No cabe duda de que la repercusión será enorme”, ha anticipado.
¿Por qué no se pudo llegar a un acuerdo con el Ministerio de Sanidad por el nuevo Estatuto Marco, como sí alcanzaron los representantes sindicales del Ámbito?
El Estatuto Marco acordado en la mesa del Ámbito perpetúa el modelo sanitario actual, que menosprecia los derechos laborales más básicos de médicos y facultativos. Somos los únicos trabajadores obligados a trabajar por encima de la jornada ordinaria recibiendo por esas horas extra una retribución inferior a la de la jornada ordinaria. Ningún otro colectivo de trabajadores públicos o privados puede ser obligado a nada semejante.
Si hemos llegado a esta situación es porque la negociación laboral en la sanidad pública se lleva a cabo en mesas generales donde nuestra presencia es minoritaria a causa de la dimensión reducida de nuestra plantilla. Esto nos deja en una posición de debilidad negociadora evidente. Este modelo ha destruido la medicina pública.
En la mesa del ámbito, el resto de los sindicatos ha acordado con el ministerio sacar adelante una norma que perpetúa este modelo porque a ellos les beneficia. Es así de sencillo.
¿En qué cedieron los sindicatos médicos durante las negociaciones de Sanidad y qué puntos los plantearon como innegociables?
Nuestra voluntad negociadora siempre fue absoluta. Solo le pedíamos al Ministerio que aceptase negociar con nosotros el futuro de nuestras condiciones de trabajo. Esa era nuestra única condición irrenunciable: contar con una mesa de negociación específica en la que tratar, entre otras cosas, la voluntariedad de las guardias o su retribución, junto con el resto de nuestras demandas. Si el Ministerio hubiera aceptado crear una mesa de negociación específica para tratar estas y otras cuestiones, hubiera abierto la posibilidad de suspender la huelga hasta ver el resultado de la negociación. Pero el Ministerio siempre sostuvo que la competencia para crear una mesa de negociación específica para nuestro colectivo corresponde a las autonomías, algo que es falso. Las autonomías tienen la posibilidad y la obligación de dialogar con nosotros y alcanzar acuerdos, pero no pueden crear una mesa específica con capacidad negociadora al margen de la mesa sectorial a menos que el Ministerio habilite esa posibilidad a través de la legislación básica que solo el Estado puede promulgar.
¿Qué justifica una huelga indefinida?
La desesperación. Nuestro colectivo no puede más. Soportamos jornadas extenuantes y obligatorias, pagadas por debajo de la hora ordinaria, y carecemos de la posibilidad de negociar de manera efectiva la mejora de esas condiciones de trabajo, dado que la negociación se produce en mesas generales donde nuestra voz siempre queda en minoría.
Llevamos décadas denunciando esta situación sin que ninguna administración central o autonómica nos escuche. De hecho, nuestras condiciones de trabajo no dejan de empeorar. La huelga indefinida es el último recurso que nos ha quedado tras ser menospreciados e ignorados durante décadas por todos los partidos y las administraciones públicas
¿Qué se debería conseguir para desconvocarla?
La clave es que la administración acepte que es imprescindible que se nos proporcione una capacidad real de negociar tanto a nivel central como autonómico una mejora efectiva de nuestras condiciones de trabajo. Se debe aceptar que nuestro colectivo debe tener una regulación laboral específica y una mesa de negociación propia, y que ese futuro debe ser negociado con nosotros, no en una mesa general donde se sientan unos sindicatos que representan a trabajadores cuyas condiciones de trabajo no tienen nada que ver con las nuestras.
Además, hay reivindicaciones que no pueden esperar: por ejemplo, la guardia no puede seguir abonándose por debajo de la hora ordinaria y su obligatoriedad debe terminar cuanto antes.
Una huelga como la ya vivida meses atrás, y ahora la convocatoria de una indefinida, ¿no desgasta la imagen del profesional médico a ojos del paciente?
Nuestra imagen ha sido destrozada por las condiciones de trabajo que nos han impuesto. Las plantillas insuficientes, la falta de tiempo para prestar una asistencia de calidad, la burocratización y politización del sistema sanitario, el agotamiento por jornadas interminables, la falta de descanso, el desprecio a nuestra formación y nuestra responsabilidad: estas son las cosas que deterioran la imagen del profesional médico. Que la administración diga que nuestra huelga va a deteriorar nuestra imagen sin reconocer el daño que sus políticas han hecho a esa imagen es un ejercicio de mera hipocresía.
Los paros que ya se han venido realizando hasta el momento han supuesto la suspensión de 3 millones de actos sanitarios. ¿han calculado los convocantes cuál puede ser la repercusión de una huelga indefinida?
La información necesaria para hacer estos cálculos solo está disponible para la administración. En cualquier caso, no cabe duda de que la repercusión será enorme. Pero el riesgo principal es el que venimos anunciando desde hace meses: una huelga indefinida prolongada de manera permanente en el tiempo, es decir, una cronificación del conflicto de meses o años de duración del que salir sea muy difícil, si no imposible. Creo que ningún partido, tanto del gobierno como de la oposición, ni ninguna administración central o autonómica se está tomando en serio esta posibilidad, y las consecuencias de esta actitud negligente pueden ser terribles para el sistema.
¿Han hablado con las asociaciones de pacientes de qué supone para ellos una huelga indefinida?
El SMA no ha tenido contactos formales por este asunto con organizaciones de pacientes. Lo cierto es que ninguna asociación nos lo ha pedido. No obstante, nosotros y nuestras familias y amigos también somos pacientes. Conocemos perfectamente las consecuencias de una huelga para la población y las lamentamos profundamente. Para nosotros, hacer huelga también es muy duro. Si vamos a la huelga es porque no se nos ha dejado otra opción.
Pero la cuestión clave es determinar quién es el responsable de la huelga. Para nosotros, la responsable es la ministra Mónica García y su negativa radical e irresponsable a abrir un diálogo franco y leal con nuestro colectivo
¿Puede el bolsillo del profesional médico soportar la merma económica que supone una huelga indefinida? ¿Qué respaldo espera por parte de los médicos?
Una huelga indefinida es muy dura económicamente. Es probable que la mayoría no pueda hacer huelga todos los días, pero estoy seguro de que el promedio de seguimiento será muy alto. La precariedad laboral que, desgraciadamente, soportamos constituye un potente motor de movilización.
¿Cree que la vía parlamentaria, tal y como está la situación política en este país, servirá para aprobar un nuevo Estatuto Marco?
No me atrevo a hacer predicciones en este ámbito. Por desgracia, los políticos a menudo dicen una cosa y hacen la contraria. No sería la primera vez que las alianzas partidistas y los intereses espurios de unos y otros permiten que salgan adelante normas inaceptables. Nuestra estrategia se basa en lo que depende de nosotros.
¿El grupo interparlamentario propuesto por el Foro de la Profesión Médica, es una salida real, a su juicio, para alcanzar otro redactado del Estatuto Marco?
A mi juicio, no lo es. Las condiciones para alcanzar un acuerdo son las que he expresado anteriormente y el grupo interparlamentario del que se ha hablado últimamente carece de capacidad para poner en marcha ninguna de esas medidas.
Si no se llega a un consenso en torno a un nuevo Estatuto Marco, habrá que seguir con el de hace 20 años, cuando la realidad del sistema y del profesional eran muy diferentes. ¿Eso no es peor?
Para nosotros, la diferencia entre seguir con el anterior Estatuto o aceptar el propuesto por el Ministerio es prácticamente nula. En lo sustancial, el nuevo Estatuto no cambia nada. El nuevo Estatuto no es una norma de calidad que permita adaptar el sistema sanitario a la nueva realidad de la sociedad y de los profesionales, sino una tosca y torpe labor de parcheo del actual. De hecho, aceptar su aprobación sobre la base de las supuestas mejoras que, según el Ministerio, introduce, equivaldría a aceptar 20 años más de explotación laboral para nuestro colectivo y de perpetuación de un modelo que ha entrado en una grave crisis.
¿Tiene algo que ver la situación actual de conflictividad sindical con la fase de atomización que atraviesa el sindicalismo médico desde hace unos años?
Al contrario. Este conflicto ha conseguido poner de acuerdo a todos los sindicatos médicos de España. De hecho, ese es el único mérito que cabe atribuir a Mónica García: conseguir la unanimidad médica en torno a su incompetencia.
No voy a negar que existen diferencias organizativas entre los sindicatos médicos. Actualmente existen dos federaciones médicas (CESM y UMYF) y, por otra parte, estamos el SMA y el Sindicato Médico de Euskadi, que no pertenecemos a ninguna de las dos. Estas diferentes situaciones responden a las preferencias organizativas de cada sindicato. No obstante, todos estamos en permanente contacto, coordinamos todas nuestras acciones y el acuerdo en torno a las cuestiones sustanciales es total.
¿Hacia dónde tiene que ir la representación sindical del médico en España en los próximos años?
El desafío futuro para nuestro colectivo no se encuentra en nuestra representación sindical. Los sindicatos médicos somos hoy más fuertes que nunca y concentramos el voto y la representatividad del colectivo médico y facultativo de una forma más clara y contundente que en ningún momento anterior de nuestra historia. La cuestión que me planteo, en realidad, es a qué esperan los partidos y las administraciones para atender nuestras demandas, y cuánto están dispuestos a tensionar el sistema antes de actuar.