La nueva pirámide alimentaria de Estados Unidos, incluida en las guías dietéticas 2025–2030 presentadas en enero de 2026, introduce un giro claro respecto a la recomendada entre 2020 y 2025. El cambio no es solo gráfico o comunicativo: altera prioridades nutricionales históricas y redefine varios mensajes clave que habían marcado la política alimentaria federal en la última década.
Un cambio llamativo es el giro en los lácteos. Frente a la guía anterior, que recomendaba de forma explícita productos desnatados o bajos en grasa, la nueva pirámide apuesta por lácteos enteros, siempre que no contengan azúcaresañadidos. Además, fija un objetivo concreto de tres raciones diarias en un patrón estándar de 2.000 kilocalorías, algo que no aparecía formulado así en el documento previo.
El segundo gran cambio afecta al papel de la proteína. La guía 2025–2030 refuerza su protagonismo en la dieta diaria, menciona de forma explícita la carne roja como opción válida y, por primera vez, introduce una recomendación cuantitativa: entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día. La guía 2020–2025 hablaba de carnes magras y de variedad de fuentes proteicas, pero sin establecer objetivos numéricos por peso.
También supone una ruptura el endurecimiento del mensaje sobre los azúcares añadidos. Mientras que la guía anterior fijaba un límite máximo del 10 % de la energía diaria, la nueva afirma que no se recomienda ninguna cantidad de azúcares añadidos y añade una regla práctica: una sola comida no debería superar los 10 gramos. El enfoque pasa de un techo diario flexible a una recomendación mucho más restrictiva y operativa.
Otro cambio relevante es la ofensiva explícita contra los ultraprocesados y ciertos aditivos. La nueva pirámide no se limita a aconsejar moderación, sino que pide evitar productos con aromas artificiales, colorantes derivados del petróleo, conservantes artificiales y edulcorantes no calóricos. En la guía 2020–2025 el énfasis estaba en reducir azúcares, grasas saturadas y sodio, pero sin detallar este tipo de ingredientes.
El quinto gran giro tiene que ver con los cereales. La recomendación anterior se centraba en que al menos la mitad fueran integrales. La nueva guía va más lejos: pide reducir de forma significativa los cereales refinados y muy procesados, cita ejemplos concretos como el pan blanco o los desayunos listos para consumir y fija un rango diario de dos a cuatro raciones de cereales integrales.
A partir de ahí, el documento introduce otros cambios de menor impacto mediático, pero relevantes en el conjunto del modelo. En primer lugar, recupera la pirámide alimentaria como símbolo, algo que había quedado diluido en la guía 2020–2025, más centrada en el concepto de patrón dietético saludable y en mensajes como “que cada bocado cuente”. La nueva guía se presenta como un “reinicio” y sitúa los alimentos poco procesados en el centro del discurso.
En cuanto a las grasas, el enfoque también se matiza. Frente a la mención genérica a aceites vegetales de la guía anterior, la nueva pirámide prioriza el aceite de oliva, pero incluye como opciones la mantequilla y la grasa de vacuno. Mantiene el límite general de que las grasas saturadas no superen el 10 % de la energía diaria, aunque lo vincula directamente a la reducción de ultraprocesados.
Estados Unidos y una apuesta por frutas y verduras
La fruta y la verdura siguen siendo pilares del modelo, pero ahora se concretan objetivos claros de consumo: tres raciones diarias de verduras y dos de fruta. Además, se introduce una norma práctica sobre el zumo: incluso cuando es 100 %, debe tomarse en cantidades limitadas o diluido con agua, un matiz que no aparecía formulado así en la guía anterior.
Por último, en sodio y alcohol se mantienen cifras similares, pero con nuevos matices. El límite general de sodio continúa en torno a los 2.300 miligramos diarios, aunque la nueva guía reconoce que personas muy activas pueden necesitar más para compensar pérdidas por sudor. En alcohol, se abandona el esquema clásico de “moderación” con cantidades diferenciadas y se refuerza el mensaje de reducir el consumo, identificando además grupos de población que deberían evitarlo por completo.
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