El Hospital Germans Trias establece criterios estrictos de seguridad para su selección en una cirugía experimental

'Operar' el alzhéimer: los límites de este hito quirúrgico
Álex Menéndez, especialista del Servicio de Neurología del Hospital Germans Trias i Pujol.


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La puesta en marcha del estudio Alcea en el Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona ha situado a Cataluña en la primera línea europea de una nueva vía de investigación contra el alzhéimer. La técnica, basada en una derivación linfático-venosa cervical para mejorar el drenaje de residuos cerebrales, ha despertado interés por su carácter innovador y por los prometedores resultados preliminares observados en algunos estudios asiáticos. Sin embargo, Álex Menéndez, especialista del Servicio de Neurología de este centro, insiste en Redacción Médica que se trata de una estrategia todavía experimental, con importantes limitaciones y dirigida únicamente a un perfil muy concreto de pacientes.

El neurólogo subraya que se trata de un estudio en fase I, por lo que el objetivo principal es "comprobar es que la cirugía es segura, que no haya efectos secundarios, que la técnica pueda realizarse sin incidencias y que no aparezca ningún problema relevante para la salud de los pacientes", explica. 

Y es que el ensayo incluye únicamente a diez personas con alzhéimer en fase inicial. Se trata de una muestra reducida precisamente porque el propósito inicial es evaluar la seguridad antes de plantear estudios más amplios que permitan analizar con mayor solidez su posible eficacia.

Un perfil de paciente muy específico


Una de las principales limitaciones de esta aproximación es que no cualquier persona con alzhéimer puede optar a ella. Los investigadores han establecido criterios de selección "similares a los que actualmente se utilizan para administrar los nuevos tratamientos con anticuerpos monoclonales" aprobados en algunos países. Los candidatos deben tener un diagnóstico de enfermedad confirmado biológicamente, ya sea mediante biomarcadores en sangre, análisis de líquido cefalorraquídeo o pruebas de imagen como el PET amiloide.

Además, deben presentar un buen estado general de salud y no padecer determinadas condiciones médicas que incrementen el riesgo quirúrgico. "No pueden tener comorbilidades importantes ni estar utilizando anticoagulantes", señala Menéndez.

A ello se añade una restricción específica derivada de la propia naturaleza de la intervención. Los pacientes "tampoco pueden haberse sometido previamente a cirugías relevantes en la región cervical o en el área orofacial", ya que estas podrían alterar la anatomía necesaria para realizar la anastomosis entre los vasos linfáticos y las venas del cuello.

La edad también actúa como criterio de selección. Aunque no existe evidencia de que la técnica sea necesariamente menos útil en personas mayores, el estudio ha decidido incluir únicamente a "pacientes menores de 80 años". Según explica el neurólogo, esta decisión responde a motivos metodológicos más que biológicos. El objetivo es trabajar con una muestra homogénea y evitar que factores asociados al envejecimiento influyan en la interpretación de los resultados.

¿Por qué se empieza con pacientes leves?


Otra de las cuestiones que más llama la atención es que el ensayo se centre exclusivamente en personas con enfermedad leve cuando algunos estudios previos realizados en Asia habían incluido pacientes en fases moderadas o incluso avanzadas. La razón, según Menéndez, es que desde el ⁠Hospital Germans Trias i Pujol se ha preferido "comenzar con pacientes leves porque el objetivo principal del ensayo es evaluar la seguridad del procedimiento".

Los participantes presentan grados 3 o 4 en la Escala Global de Deterioro (GDS), una clasificación utilizada habitualmente para medir la progresión de la enfermedad. Esta elección no significa necesariamente que la técnica vaya a ser ineficaz en fases más avanzadas. De hecho, los investigadores consideran que, si se confirma la hipótesis biológica que sustenta el procedimiento, los resultados "podrían ser extrapolables a otros estadios de la enfermedad".

La lógica detrás de esta estrategia es intervenir cuando el daño cerebral todavía es limitado y existe una mayor posibilidad de preservar funciones cognitivas.

Una expectativa modesta: frenar, no curar


Las expectativas terapéuticas constituyen otra de las limitaciones fundamentales del proyecto. Aunque la noticia del inicio del ensayo ha generado expectación, los responsables del estudio insisten en que el objetivo no es lograr mejoras espectaculares ni recuperar capacidades perdidas. "Lo que buscamos no es en ningún caso una mejoría cognitiva, sino una estabilización de la progresión de la enfermedad", afirma Menéndez.

Esta aclaración resulta especialmente relevante en un contexto en el que muchas familias buscan tratamientos capaces de revertir el deterioro asociado al alzhéimer. Incluso si la cirugía demostrara ser eficaz, el escenario más optimista sería ralentizar el avance de la enfermedad o mantener durante más tiempo las capacidades cognitivas existentes.

Tampoco está claro cuánto podría durar ese posible efecto. "Para saber durante cuánto tiempo podría ralentizarse la progresión harán falta estudios posteriores", reconoce el especialista.

Señales prometedoras, pero insuficientes


Hasta el momento ya se ha intervenido a dos pacientes en el Hospital Germans Trias. Uno de ellos ha mostrado algunos cambios que los investigadores consideran interesantes, aunque recalcan que no permiten extraer conclusiones. "Son resultados preliminares y corresponden a un único paciente. No tienen validez clínica como para hacer recomendaciones", advierte Menéndez.

Aun así, los médicos han observado una mejoría conductual y una reducción de algunos problemas de escritura compatibles con rasgos de agrafia que presentaba antes de la intervención. Para determinar si estos cambios tienen relación con la cirugía será necesario completar el seguimiento y analizar un número mucho mayor de casos.

Con ese objetivo, el equipo está utilizando herramientas objetivas de evaluación. Entre ellas figura un PET amiloide semicuantitativo realizado antes de la operación y repetido seis meses después, con medición de cuantiloides para analizar posibles cambios en la carga de amiloide cerebral. Además, se realizan evaluaciones cognitivas periódicas para comprobar si los pacientes mantienen sus capacidades o experimentan un deterioro más lento de lo esperado.

Por ahora, sin embargo, los investigadores prefieren la prudencia. La cirugía representa una hipótesis científica prometedora y respaldada por nuevos conocimientos sobre el sistema linfático cerebral, pero todavía queda un largo recorrido para demostrar si puede convertirse en una herramienta real contra una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo.
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