Los expertos reclaman una estrategia global y la industria pone el foco en inversión pública y capacidad científica

El director general de la OMS, Tedros Ghebreyesus.


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El resurgimiento de brotes de ébola fuera de los focos tradicionales en África ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la preparación internacional frente a enfermedades potencialmente pandémicas y el papel de la industria farmacéutica en el desarrollo de vacunas para patologías de baja prevalencia global.

Aunque existen investigaciones abiertas y plataformas tecnológicas capaces de acelerar respuestas, desde el sector reconocen que el principal desafío sigue siendo económico. Fuentes de la industria farmacéutica consultadas por Redacción Médica explican que el ébola continúa siendo una amenaza "preocupante", aunque matizan que el riesgo de expansión masiva en Europa debido a sus variantes "tiene una capacidad de transmisión relativamente limitada entre humanos porque la enfermedad está muy autolimitada por su elevada mortalidad”.


El ébola, entre las amenazas prioritarias de la OMS desde 2018


Pese a ello, el riesgo no desaparece. Los expertos recuerdan que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya elaboró en 2018 un listado de enfermedades infecciosas con potencial pandémico (entre ellas ébola, virus de Marburg o Nipah) sobre las que recomendaba priorizar investigación en vacunas, antivirales y sistemas de diagnóstico. "Eso está identificado desde hace muchos años. La cuestión es qué capacidad real tienen esas alertas para movilizar inversión pública y privada antes de que exista una emergencia global", apuntan.

El recuerdo de la pandemia de Covid-19 sigue muy presente en el análisis del sector. Según estas mismas fuentes, la respuesta frente al coronavirus demostró que, cuando existe percepción de amenaza global, "se ponen los recursos, la cooperación y el dinero necesarios y al final funciona". Sin embargo, admiten que replicar ese modelo preventivo para todas las enfermedades consideradas potencialmente pandémicas resulta extremadamente complejo desde el punto de vista financiero.

"Una empresa privada no va a invertir de manera masiva en fabricar una vacuna de ébola si no existe una demanda clara y sostenida", resumen. El desarrollo de este tipo de vacunas requiere largos procesos de investigación, ensayos clínicos y capacidad industrial, con costes muy elevados y mercados potencialmente reducidos.

Aunque durante años se han desarrollado candidatos vacunales frente al ébola (incluidas investigaciones apoyadas en plataformas de ARN mensajero), la aparición de nuevas variantes del virus añade incertidumbre sobre su eficacia futura. "Estamos ante un escenario parecido al que vimos con el Covid: si aparecen variantes, la eficacia de las vacunas puede verse comprometida y obliga a adaptar continuamente las estrategias", explican.


Incentivos para investigar enfermedades emergentes


Desde el sector también recuerdan que buena parte de la investigación básica sobre enfermedades emergentes se desarrolla inicialmente en universidades, centros públicos y pequeños grupos científicos financiados con fondos estatales o supranacionales. La industria, sostienen, actúa muchas veces en fases posteriores, cuando existe ya una viabilidad tecnológica o comercial más definida.

Por ello, las fuentes consultadas defienden que la preparación frente a futuras pandemias debería entenderse como una inversión estratégica global y no únicamente como una cuestión de rentabilidad inmediata. "El problema no desaparece porque esté geográficamente lejos. La experiencia del Covid demostró que las enfermedades infecciosas pueden convertirse rápidamente en un desafío internacional", inciden.

En cualquier caso, el consenso dentro del sector es que el principal reto sigue siendo anticiparse antes de que la emergencia llegue a los países occidentales. "Seguimos reaccionando cuando el problema ya está encima de la mesa", concluyen.
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