La enfermera considera que el 50% del resultado es parte de sus familiares más cercanos

Carmen Marcos, graduada en Enfermería en la Universidad de Salamanca.


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POR SANDRA MARTÍN
Este era el segundo año que Carmen Marcos se presentaba al examen EIR con una idea clara desde el principio: ser matrona. Y lo ha logrado. Esta salmantina de 24 años ha alcanzado el quinto mejor resultado del EIR 2026 tras meses de estudio que ha compaginado con contratos parciales en el hospital de su ciudad castellano leonesa. "Mi mayor prioridad era sacarme mi plaza", asegura a Redacción Médica. 

Justo tras graduarse en Enfermería comenzó a trabajar y fue ahí cuando se empezó a "notar el gusanillo del EIR". Ese mismo mes  porque quería ser especialista". En septiembre se matriculó en una academia con la vista puesta en el examen, aunque decidió presentarse también en 2025 para ganar experiencia. "No iba con la intención de sacar plaza, sino de saber lo que me iba a encontrar el día del examen".

Ahora, la noticia de su magnífico resultado le llegó totalmente por sorpresa, tanto por el momento -Sanidad publicó los listados provisionales del EIR a última hora del viernes 28 de febrero- como por el contexto. Estaba en Extremadura, en casa de un amigo, porque al día siguiente tenía un examen de oposición y lo primero que hizo fue llamar a su madre. "Para mí este número de orden es 50 por ciento mío y 50 por ciento de mi madre, mi hermano y mi pareja (y mi padre, que me envía siempre fuerza)", destaca. 

El esfuerzo de un buen EIR


Aunque las estimaciones de las academias ya apuntaban alto, reconoce que no terminó de creérselo hasta verlo publicado. Recuerda con especial emoción el momento de introducir la plantilla en la plataforma de corrección: "Al mirar la pantalla del móvil y ver el resultado fue una de las mayores alegrías que recuerdo. Solo podía pensar que todo el esfuerzo había valido la pena", apunta.

"Desde pequeña me han dicho que soy una persona muy autoexigente y lograr buenos resultados nunca ha sido algo que yo me haya reconocido lo suficiente", explica. Incluso días antes del examen se escribió una carta a sí misma para recordarse el camino recorrido pasara lo que pasara. "De lo que más orgullosa estoy es del esfuerzo y del trabajo que ha habido detrás", añade. 

Preparar el EIR y trabajar a la vez


Y es para estarlo porque Carmen no ha dejado de trabajar durante la preparación del examen. "Ha habido días de agotamiento al intentar coordinarlo todo, pero muchas veces ir a trabajar ha sido mi forma de desconexión del estudio y conexión con el mundo y con mi profesión". De hecho, ella siempre tuvo claro que no quería centrarse exclusivamente en el EIR: "Siempre escuchaba que la gente dejaba de trabajar para dedicarse en cuerpo completo a estudiar, pero creo que depende muchísimo de la persona y, en mi caso, me ha venido hasta bien".

Divide su preparación en tres fases. De marzo a agosto, una primera etapa de contacto con el temario y mejora de técnica test. De septiembre a diciembre, la fase intensiva - "la más dura" -, estudiando mañana y tarde y adaptando cada mes el planning a sus turnos. Enero lo dedicó por completo a repasar y priorizar contenidos.

Si algo destaca de su dura preparación son las clases y los simulacros. "Desde el primero me los tomé como si fuera el examen real, con sus cuatro horas y media, arriesgándome a contestar. Cuando me senté el 24 de enero sentía que estaba en un simulacro más". También subraya el peso de la docencia: "Las clases son muchísimo más importantes de lo que imaginaba. Son la base sobre la que se construye todo".

Eso sí, los descansos fueron "sagrados". Normalmente los domingos, aunque adaptados a los turnos, especialmente tras noches en el hospital. "Esto es una carrera de fondo y me tenía que quedar energía hasta el final".

Elegir plaza de matrona en el EIR

El objetivo de su esfuerzo lo tiene claro: Enfermería Obstétrico-Ginecológica. "Cuidar a la mujer en todas las fases de la vida, dar más voz a la sexualidad femenina y ayudar en momentos tan humanos como el parto o la lactancia me parece precioso". Y añade una motivación de fondo: "La mujer y su salud han sufrido mucha invisibilización. Ser matrona es estar un poco del lado que lucha por cambiar esto".


"La mujer y su salud han sufrido mucha invisibilización. Ser matrona es estar un poco del lado que lucha por cambiar esto"





A pesar de ser una persona "muy de su tierra", Carmen planea hacer la residencia fuera de Salamanca. "Quiero ganar experiencia en otros sitios y conocer otras formas de hacer las cosas", asegura, aunque añade que buscará, eso sí, una buena comunicación con su tierra -Salamanca y su pueblo, Moralina de Sayago, en Zamora -. "A lo que más importancia le doy es a la opinión de la gente que está haciendo allí la residencia porque al final todas vamos a pasar por lo mismo. Sobre todo en cuanto a satisfacción con la formación y la docencia, y también con el trato recibido por parte del equipo

A las futuras aspirantes les lanza un mensaje claro: "Escuchaos a vosotras mismas. Cada una tiene una forma distinta de estudiar". Y añade una reflexión final: "La motivación no siempre va a estar ahí. Lo que importa de verdad es la disciplina y cuánto seáis capaces de tirar de vosotras mismas incluso cuando parece que no queda ni una rayita de batería más", asegura. 
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