Jaime Jesús Pérez Martín, presidente de la AEV.
España se desmarca de las muertes de EEUU por sarampión con "brotes autolimitados"
Mientras Pensilvania registra un repunte de casos y fallecidos, la Asociación Española de Vacunología (AEV) pide mantener la sospecha clínica ante una enfermedad controlada en nuestro país pero que puede pasar desapercibida
Y además: La nueva política vacunal de Trump deja a Estados Unidos al borde de perder el estatus de país libre de sarampión
El sarampión no entiende de sistemas sanitarios: cuando la vacunación pierde terreno, el virus vuelve a encontrar espacio para circular. Así lo advierte el presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), Jaime Jesús Pérez Martín, que analiza en Redacción Médica los últimos brotes de Estados Unidos y pide no relajarse ante una enfermedad que España mantiene bajo control, pero que sigue teniendo capacidad para provocar brotes, hospitalizaciones y, en los casos más graves, muertes.
El aviso llega mientras Pensilvania se acerca al millar de infecciones. Y es que el Departamento de Salud estatal contabiliza ya 977 casos confirmados en 39 condados, 195 hospitalizaciones y cinco muertes asociadas al sarampión. Solo cuatro de los casos correspondían a personas vacunadas, menos del 1 por ciento del total.
Y es que el sarampión se encuentra entre las enfermedades infecciosas más transmisibles y necesita niveles de inmunización especialmente elevados para evitar que vuelva a circular de forma sostenida. La referencia se sitúa por encima del 95 por ciento de cobertura con la segunda dosis. Cuando se desciende de ese umbral, comienzan a acumularse personas susceptibles y aumenta la posibilidad de que una introducción del virus desencadene un brote.
España mantiene una buena protección
Ante este escenario, es cierto que el presidente de la AEV considera que los datos españoles reflejan un escenario completamente diferente al estadounidense. En los últimos dos años se han producido brotes en nuestro país, pero "en general han sido autolimitados" y no se han convertido en episodios grandes. Algunos han rondado los 30 casos, una evolución que, a su juicio, refleja que existe "un estado de protección de grupo bastante bueno".
Pero eso no significa que el riesgo haya desaparecido. "No hay que relajarse", subraya Pérez Martín. La cobertura oficial de la segunda dosis de la vacuna triple vírica todavía no alcanza el 95 por ciento recomendado para impedir la circulación del virus. Además, pueden existir bolsas de población que no hayan recibido todas las dosis necesarias.
El presidente de la AEV apunta, no obstante, que las cifras oficiales "podrían estar infraestimando" ligeramente la cobertura real. Existen personas vacunadas cuya información no queda correctamente registrada, por ejemplo, debido a cambios de comunidad autónoma o a problemas en la actualización de los registros.
Así, matiza que si durante varios años se van acumulando pequeños porcentajes de niños que no reciben la vacuna, la población susceptible aumenta progresivamente. Una situación que puede pasar inadvertida hasta que aparece un caso importado y el virus encuentra suficientes personas sin protección para propagarse.
Vacunar a los niños y recuperar a los adultos sin inmunización
En definitiva, el presidente de la AEV asegura que la vacunación continúa siendo la principal herramienta para controlar y eliminar la enfermedad. "La vacuna funciona muy bien y es segura", señala. Aunque la protección no debe limitarse solo a la población infantil. El experto recuerda que también es necesario identificar y vacunar a aquellos adultos que no recibieron la pauta correspondiente durante su infancia.
Además, el riesgo de complicaciones no es igual para todos los pacientes. De hecho, tal y como apunta Pérez Martín, nadie está completamente exento. Los menores de un año y las personas de mayor edad presentan un mayor riesgo, mientras que en otros grupos cobran especial importancia enfermedades previas y situaciones de inmunosupresión.
En torno al 10 por ciento de los casos pueden presentar complicaciones que requieran atención hospitalaria, entre ellas neumonía. El fallecimiento es menos frecuente que estas complicaciones, pero puede producirse incluso en personas jóvenes y previamente sanas.
El otro riesgo: dejar de sospechar del sarampión
Junto a la vacunación existe otro punto débil: la vigilancia clínica. El sarampión se ha convertido en una enfermedad poco habitual en España y eso puede hacer que algunos profesionales sanitarios no la tengan entre sus primeras sospechas ante determinados síntomas.
"Si no lo intuyes, puede ser que se escape", advierte. Y si un caso no se identifica rápidamente, también puede retrasarse la realización de las pruebas específicas, la notificación y las medidas destinadas a evitar nuevos contagios.
En este escenario, la sospecha clínica es especialmente relevante porque existen signos característicos de la enfermedad. El presidente de la AEV destaca las manchas de Koplik, lesiones que aparecen en el interior de la boca y que considera un signo "patognomónico" del sarampión. El problema, explica, aparece cuando el profesional interpreta el cuadro simplemente como otro exantema y no contempla el sarampión entre las posibilidades diagnósticas.
De hecho, España ya ha experimentado las consecuencias de una menor sospecha clínica. El país perdió temporalmente su condición de eliminación del sarampión ante la Organización Mundial de la Salud (OMS), en un contexto en el que la vigilancia no estaba detectando suficientes casos sospechosos.