Jesús Linares, psicólogo.

Jesús Linares, psicólogo.

Psicología

Psicología desmiente el mito de la inmunidad: del trauma vicario a la fatiga por compasión

Jesús Linares, secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, asegura que los propios compañeros de profesión tratan de ayudarse con terapias para proteger su propia salud mental

Y además: "Los psicólogos necesitarán vacunas cognitivas para proteger a la sociedad"

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Trabajar cara a cara con el dolor humano, el trauma, el duelo o la ideación suicida durante horas alimenta una narrativa muy extendida: la idea de que los psicólogos, por el mero hecho de escuchar el trauma ajeno, son inmunes a sufrir psicológicamente. Sin embargo, Jesús Linares, director del Máster en Psicología de Emergencias de la Universidad Europea de Madrid y secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, asegura en el Día Mundial de la Salud Mental que no hay “evidencia científica” que lo demuestre. “Es un mito”. Factores como el trauma vicario pueden afectar al profesional de la salud mental.

Linares insiste en que este planteamiento es una teoría tan infundada como suponer que un oncólogo no puede desarrollar cáncer. Las probabilidades de sufrir un problema de salud mental pueden aumentar, pero no es una conclusión segura. Para evitar los problemas, el psicólogo analiza a fondo los retos, riesgos y realidades de la salud mental en el gremio. Lejos de la imagen del terapeuta infalible, la profesión se enfrenta a desafíos estructurales, emocionales y sociales que exigen replantear el cuidado de quienes se dedican a cuidar.

El falso mito de la inmunidad y el estigma profesional

El conocimiento técnico no actúa como un escudo protector. Los psicólogos comparten exactamente los mismos factores de vulnerabilidad que cualquier otra persona ante las adversidades de la vida. Si bien su formación les otorga una mayor capacidad para identificar procesos, emplear estrategias de regulación o detectar señales de alarma, este mismo dominio de la psicopatología genera a menudo una paradoja perniciosa. "Conocer muy bien la psicopatología puede generar la expectativa de que uno debería ser capaz de manejar siempre su propio malestar", explica Linares.

Este fenómeno alimenta el estigma profesional: la presión interna y social de pensar "soy psicólogo, debería saber gestionar esto". Esta autoexigencia retrasa en numerosas ocasiones la petición de ayuda. No obstante, el experto matiza que, a diferencia de lo que la gente puede pensar con respecto a una posible reticencia a revelar problemas de salud mental en el entorno laboral por miedo a perder credibilidad, acudir a terapia individual es una práctica históricamente muy extendida y normalizada entre los terapeutas.

Más allá de la consulta: el peso de las condiciones laborales

Para entender qué hace vulnerables a los profesionales, es imprescindible separar dos planos: la carga emocional propia de la práctica clínica y las condiciones materiales en las que se ejerce. La actividad diaria exige una atención sostenida, una profunda regulación emocional, altas dosis de empatía y una exposición continuada a problemáticas complejas (ansiedad crónica, depresión severa, abusos o violencia).

Sin embargo, la investigación científica apunta a que los mayores predictores del desgaste no son puramente psicológicos, sino organizacionales. La sobrecarga asistencial, el elevado número y la complejidad de los casos, el escaso control sobre el propio trabajo y la falta de trabajo son algunos de los factores más frecuentes y tampoco difieren con lo vivido por otros trabajadores sanitarios.

Además, los estudios señalan que los profesionales más jóvenes —con menor recorrido en la práctica clínica— presentan habitualmente una mayor vulnerabilidad al agotamiento y a la sobreimplicación con los problemas de los pacientes. Por ello, Linares advierte contra un discurso que responsabilice de forma exclusiva al individuo: “El autocuidado es necesario, fenomenal, pero las condiciones laborales que permiten cuidarse adecuadamente son igual de importantes o más”.

Descifrando conceptos: burnout, fatiga por compasión y trauma vicario

En el debate sobre la salud mental del terapeuta se suele recurrir a términos que, aunque estrechamente relacionados, responden a realidades clínicas diferenciadas: el burnout, el estrés traumático secundario, el trauma vicario y la fatiga por compasión. El agotamiento laboral “es” fundamentalmente un fenómeno de índole ocupacional asociado al estrés laboral crónico. Se manifiesta a través del agotamiento emocional, el distanciamiento o desrealización, actitudes de cinismo hacia el trabajo y un claro deterioro de la sensación de eficacia profesional”.

El estrés traumático secundario agrupa síntomas de carácter postraumático derivados de la exposición indirecta al trauma de otras personas. Esto puede generar pensamientos intrusivos, activación fisiológica o hipervigilancia. El trauma vicario define modificaciones más profundas y progresivas en los esquemas cognitivos del profesional —como la percepción de seguridad, confianza o la propia visión del ser humano y del mundo— tras una exposición repetida al sufrimiento ajeno. Finalmente, la fatiga por compasión es un concepto más amplio y transversal que describe el desgaste emocional global asociado al coste de cuidar.

Pese a estos riesgos, el experto recuerda que no toda exposición al sufrimiento desencadena patología. De hecho, la mayor parte de los profesionales que trabajan en contacto con el dolor no desarrollan sintomatología clínicamente significativa. La práctica clínica también reporta efectos profundamente positivos, como el crecimiento personal y profesional, una mayor valoración de la propia vida y la atestación de la enorme capacidad humana de recuperación.

El 'wounded healer': experiencia frente a los traumas

Uno de los conceptos dentro de la profesión que habla de la salud mental de los psicólogos es el de wounded healer o curador herido. La teoría dice que aquel que aplica la terapia se guía también a través de sus propias experiencias con los traumas y sufrimiento. Linares cree que “bien elaborado puede incluso en un momento dado convertirse en una fuente, yo diría que de sensibilidad clínica, empatía y comprensión”. Sin embargo, haber pasado por estos episodios no es obligatorio para ejercer la profesión. “Yo no tengo que tener hijos para poder ayudar a personas que tengan hijos porque lo que yo conozco, si tengo hijos, puede ayudarme un poco a empatizar, a comprender o a saber realmente qué es lo que le estamos pidiendo al paciente que haga o deje de hacer para resolver sus problemas”.

Estrategias para una práctica sostenible: el cuidado en tres niveles

Garantizar la salud mental del terapeuta no es solo una cuestión de bienestar individual, sino una condición indispensable para asegurar la calidad asistencial y la seguridad del paciente. Para sostener la profesión a largo plazo, el abordaje debe estructurarse en varios frentes, según Linares. Desde el punto de vista individual, una buena calidad de sueño y descanso, actividad física, establecimiento de límites claros entre la vida personal y profesional, y la preservación de relaciones significativas fuera del ámbito de la psicología son claves.

A nivel profesional, una de las prácticas que más puede ayudar es la supervisión entre compañeros, la creación de espacios de contraste clínico y una distribución equilibrada de la carga asistencial, combinando casos de gran complejidad con otras tareas complementarias como la docencia. Todo esto se debe combinar con un cuidado mayor por parte de las Instituciones y centros de trabajo. Su papel es asegurar ratios razonables, autonomía, claridad de roles y una cultura empresarial que destierre el estigma y normalice la búsqueda de apoyo.

En definitiva, ejercer la psicología no significa sufrir por sistema, sino disponer de herramientas rigurosas para comprender el sufrimiento ajeno y propio. Y una de las herramientas más valiosas de las que dispone el terapeuta es, precisamente, reconocer cuándo necesita detenerse y dejar que otro profesional le cuide a él.

El papel de las Administraciones

Las administraciones públicas en España han puesto el foco durante los últimos años en la necesidad de blindar el bienestar emocional de los profesionales sanitarios, con especial atención a los especialistas en psicología y salud mental. En el marco de las estrategias de salud mental impulsadas por el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, se están diseñando programas específicos de apoyo clínico y prevención dirigidos a este colectivo. El objetivo principal es mitigar el impacto del estrés asistencial, la fatiga por compasión y el riesgo de burnout que padecen de forma recurrente debido a la presión en las consultas públicas.

Estas medidas pretenden dar respuesta a una demanda histórica de los colegios profesionales y sindicatos, que advierten de que "cuidar al que cuida" es una condición indispensable para garantizar la calidad asistencial de los pacientes. Para ello, la Estrategia de Salud Mental del SNS cuenta con capítulos específicos que mencionan la carga psicológica de los trabajos sanitarios, mientras que el Plan de Acción de Salud Mental incluye estrategias sobre el refuerzo en materia de recursos humanos y condiciones laborales.