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Day todavía recuerda como si hubiera sido ayer el match que sintió con la Medicina. "Es curioso porque nunca había tenido interés en la carrera, tenía más en mente Biología. Pero, por consejo de mi madre, acabé entrando y desde el primer día sentí que ese era mi sitio", relata a Redacción Médica. Aunque su idea inicial era especializarse en el área quirúrgica, de la cual asegura que se enamoró desde las prácticas, el control que ejercía el Gobierno cubano a nivel hospitalario le llevó a optar por la Atención Primaria.

"Acabé como médica de Familia, que me parece una especialidad brillante porque lo cubre todo", añade sobre una etapa en la que llegó a dirigir incluso un centro de aislamiento durante la pandemia. Pero "el horror" que vivió durante esa crisis la llevó a dar un giro a su vida y emigrar a España en busca de nuevas oportunidades. Al llegar, Day se topó con el interminable laberinto burocrático de la homologación de su título. Aunque, lejos de rendirse, decidió matricularse en el grado de TCAE para poder trabajar en una residencia mientras aguarda la resolución del Ministerio.

"He descubierto una profesión también hermosa y que me ha hecho afianzar muchos conocimientos", asegura. No obstante, la cubana espera con paciencia el día en el que pueda volver a ponerse el fonendoscopio y ejercer como médica en la sanidad española.

De la vocación en Cuba al impacto de la pandemia

Pese a que en sus planes iniciales figuraba la Biología Marina, el consejo de su madre la llevó a matricularse en Medicina y el flechazo con la profesión fue instantáneo. "La primera semana ya hacíamos guardias en urgencias; en Cuba la formación es muy práctica y dinámica", recuerda. La fascinación llegó, sin embargo, cuando al ser operada de urgencia por una apendicitis descubrió el mundo de la Cirugía.

"Aunque las fuertes restricciones que el Gobierno tenía sobre los médicos especialistas en el hospital me hicieron optar mejor por la Primaria", recuerda. Estuvo varios años trabajando, especialmente durante la pandemia. De aquella época cuenta que al frente de un centro de aislamiento en La Habana durante los momentos más duros de la emergencia sanitaria, la severa escasez de recursos y la presión constante terminaron por pasarle factura.

"Lo que se vivió allí fue horriblemente monstruoso y lo sufrí en primera línea; quedé tan bloqueada que al terminar pedí una excedencia porque necesitaba sanar y alejarme un tiempo de la medicina", relata.

"La primera semana ya hacíamos guardias en urgencias; en Cuba la formación es muy práctica y dinámica"

Emigrar a España y trabajar como TCAE siendo médica

Buscando una forma rehacer su vida y sanar esas heridas emocionales, Day cruzó el Atlántico para instalarse en España junto a su pareja. Sus abuelos eran españoles, pero emigraron a Cuba durante la Guerra Civil. "Siempre sentí esas raíces. La idea de venirme me acompañó prácticamente desde que nací", afirma. Pero, pese esa conexión con el país europeo, ambos llegaron solos, sin familiares directos ni amigos que los recibieran en el país. "Tuve que trabajar como camarera y luego aposté por el marketing digital como autónoma, ya que lo había comenzado a hacer en Cuba", explica.

Sin embargo, la espina de la sanidad seguía todavía muy presente. Esto la llevó a matricularse en el grado de Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCE) como una vía para reincorporarse al entorno sanitario español. "Lo necesitaba para poder acceder a una oferta en una residencia y porque no tenía aún la homologación del título", señala la sanitaria. Day relata cómo la experiencia de volver a las aulas para formarse en un perfil técnico le dio un prisma completamente renovado del sistema de salud.

"En los exámenes teóricos me chocaba porque tenía que responder desde la perspectiva del TCAE y no como médica", confiesa entre risas. Pese a ello, asegura que la convivencia con sus compañeras —muchas de ellas también enfermeras o profesionales en sus países de origen— fue un aprendizaje mutuo que le permitió enriquecer su perfil. "Te cambia la empatía con los compañeros y con el paciente, por eso creo que todos los médicos deberían pasar uno o dos meses por ahí", reflexiona. Ahora es supervisora en una residencia de mayores. Es un puesto administrativo, aunque la médica asegura que "siempre que puede ayuda en el apoyo asistencial".

"Te cambia la empatía con los compañeros y con el paciente, por eso creo que todos los médicos deberían pasar uno o dos meses por ahí"

Un año en el limbo de la homologación del título de Medicina

A pesar de haber completado la costosa tramitación burocrática en su país natal —donde legalizar la documentación puede costar hasta doce veces el sueldo de un médico— y presentar "un programa de estudios idéntico al español", la burocracia ha frenado en seco sus aspiraciones. Según relata, su expediente de homologación lleva un año entero atascado en estado "en revisión" en la sede electrónica del Ministerio.

La sanitaria no entiende cómo, en un contexto de acuciante falta de profesionales y protestas en la sanidad pública, el proceso se demore tanto. "Durante la pandemia demostraron que podían resolver expedientes en tres meses. Tienen médicos con buena preparación y listos para trabajar, pero lo hacen muy lento", cuestiona.

Sin embargo, a la espera de una resolución favorable que le permita volver a dar diagnósticos y sopesar la vía del MIR para especializarse en Cirugía o Psiquiatría, la médica mantiene intacta su vocación y la esperanza de volver a los hospitales. "He probado otros caminos como los negocios o el marketing y me fue bien, pero siento que me falta algo; la medicina forma parte de mí, es como ese apéndice que siempre tiene que estar ahí conmigo", concluye.

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