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Trabajar de noche, asistir a la universidad y dormir por la tarde. Esta ha sido la "dura" rutina que ha seguido Esther Criado durante los últimos cuatro años, un periodo en el que ha sacrificado descanso y vida social para lograr su objetivo: convertirse en enfermera. Tras conseguirlo, ha dejado atrás siete "bonitos" años siendo Técnica de Cuidados de Enfermería (TCE) para mirar a la sanidad desde otra perspectiva, incorporando la experiencia adquirida a su nuevo rol como enfermera. Eso sí, sin olvidar el lema que ha llevado por bandera todo este tiempo: tener más competencias en beneficio del paciente.

La meta de Criado, desde su época en el instituto, ha sido entrar en la Enfermería. Sin embargo, cuando en cuarto de ESO tuvo que elegir entre un grado medio o cursar Bachillerato, optó por la primera. "En ese momento pensé que me abriría las puertas antes al sector sanitario", ha afirmado a Redacción Médica, indicando que, gracias a convertirse en TCE, pudo 'pisar' el hospital por primera vez con 18 años.

Su formación como TCE le encantó y reconoce que fue totalmente enriquecedora. No obstante, como los grados superiores duran dos años, consideró que era el momento para comprobar si realmente su vocación era la sanidad o, por el contrario, la educación. "Era otro sector que también me llamaba la atención", ha reconocido. De esta forma, se matriculó en el ciclo superior de Educación Infantil y, mientras lo cursaba, trabajó en un hospital.

Vocación por el sector sanitario

Aunque la formación en docencia le gustó, entendió que no se veía dando clase durante toda su vida en una escuela. Una opinión que no compartía en cuanto al hospital, donde reafirmó su vocación por el sector sanitario. Con las ideas aclaradas, su siguiente paso era encontrar el modo de ingresar en Enfermería. Nunca se planteó quedarse como TCE, aunque reconoce que si no hubiera entrado en la carrera, habría sido feliz en ese puesto. "Me llenaba mucho", ha admitido. Sin embargo, como enfermera, quería ampliar sus conocimientos en el sector sanitario "por y para el paciente".

Entró en Enfermería por la privada. La nota de corte no era tan alta como en la universidad pública y, en este caso, pedían una nota media superior al 8 y Criado había logrado un 9 en su ciclo superior. Por tanto, pudo ingresar a la facultad sin necesidad de enfrentarse a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU).

Ser TCAE y compaginarlo con la universidad

Si Criado hace un balance general de los cuatro años de carrera, afirma que le gustó "muchísimo", aunque considera que no aprovechó "al máximo" lo que le ofrecía la vida universitaria. A fin de cuentas, su día a día era complicado. No dejó de trabajar como TCE una vez que ingresó en la universidad, y eso la obligaba a organizar su tiempo minuciosamente. "Trabajaba de noche, me duchaba, iba a la universidad y por la tarde dormía", ha apuntado.

Con esa rutina tan exigente, a nadie le sorprende que le fuese inviable vivir la experiencia universitaria a "tope" a causa del cansancio diario. Es más, había días en los que podía estar más de 17 horas seguidas en el hospital si se le juntaban las prácticas de la carrera con su trabajo como TCE. "Terminaba reventada", ha incidido, y recuerda que en la época en la que se juntaban los exámenes y las prácticas, podía dormir como máximo unas 3 o 4 horas diarias.

En la actualidad, con el título universitario en sus manos, ha comenzado a trabajar como enfermera. Lo ha hecho en el mismo hospital y servicio en el que estuvo como TCE y su equipo de trabajo sigue siendo el mismo. La diferencia es que ya no solo se centra en el material, la higiene y las dietas, sino en la medicación, las valoraciones de los pacientes, la colocación de vías o las analíticas, entre otras funciones. Sin embargo, no olvida sus inicios, y considera que el trabajo en equipo entre ambos roles es fundamental para garantizar una correcta atención del paciente.