Ola de calor Europa Press
El verano de 2026 deja la mayor cifra de muertes atribuibles al calor de la última década
El Sistema de Monitorización de la Mortalidad del Instituto de Salud Carlos III ha contabilizado 5.807 fallecimientos en el verano más caluroso desde que hay registros
Y además: Los trenes de ola de calor tensionan los hospitales y disparan las visitas a las urgencias
Este último verano ha pasado a la historia como el más caluroso desde que hay registros a nivel nacional, según el balance climático de la Asociación Española de Meteorología (Aemet). Estas temperaturas de récord también han dejado un trágico balance para la sanidad española, que sitúa a este último periodo estival como el que más fallecimientos registra en la última década. Según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria por todas las causas (MoMo), dependiente del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), entre el 15 de mayo y el 30 de septiembre se contabilizaron en España 5.807 muertes por causas atribuibles al calor.
El pasado verano estuvo marcado por una conjunción de factores climáticos adversos: cuatro olas de calor oficiales, un episodio adicional de altas temperaturas a comienzos de septiembre, una sequía persistente, grandes incendios forestales y una intensa ola de calor marina en las aguas del Mediterráneo occidental. Todos estos factores dieron lugar a una tormenta perfecta que, desgraciadamente, ha tenido su traslación en la mortalidad. Según destacan desde el ISCIII, estos datos se producen en un "contexto climático excepcional" que reafirma la importancia de adoptar medidas preventivas y de adaptación de la población frente a los efectos del calor extremo sobre la salud de la población.
Perfil de los fallecimientos
El análisis epidemiológico de estas cifras revela que los efectos fatales del calor extremo se concentran sobre la población más vulnerable. Los datos de MoMo revelan que el 97% de las defunciones estimadas correspondieron a personas de 65 años o más, concentrándose el 62% de la mortalidad total en el grupo de mayores de 85 años. En cuanto al sexo, las mujeres fueron las más golpeadas, representando el 60% de los fallecimientos atribuibles al exceso térmico.
En cuanto a la distribución geográfica de estas defunciones, las provincias más al norte, las acostumbradas a temperaturas más bajas, son las que más han sufrido los estragos de este verano inédito en cotas de calor. Los datos del ISCIII refleja una marcada brecha territorial: las mayores tasas de mortalidad por cada 100.000 habitantes se concentraron en el norte, noreste y centro peninsular, alcanzando sus niveles más críticos (superiores a 20) en el País Vasco, Navarra, La Rioja, la Comunidad de Madrid y las provincias de Huesca, Zaragoza, Lleida y Girona. En un segundo escalón de alto impacto, con valores entre 10 y 20, se situaron áreas de Galicia (como Lugo y Ourense), Asturias, Cantabria y diversas provincias de Castilla y León y Castilla-La Mancha. Por el contrario, la mitad sur y los archipiélagos registraron las tasas más contenidas, destacando los niveles más bajos (por debajo de 10) en la mayor parte de Andalucía —con Cádiz a la cabeza del menor impacto—, Extremadura, la Región de Murcia, las Islas Baleares y Canarias.
Para realizar estas estimaciones, el MoMo emplea series históricas de mortalidad diaria y registros meteorológicos de la AEMET a los que aplica modelos matemáticos y estadísticos avanzados que permiten aislar y calcular la mortalidad atribuible de forma específica a los factores térmicos. Para ello, el ISCIII emplea el denominado Índice Kairós, un sistema de alerta diaria diseñado para anticipar el riesgo de mortalidad asociado a las temperaturas extremas. Este indicador evalúa la probabilidad de que se produzca un incremento igual o superior al 10% en la tasa de mortalidad atribuible al frío o al calor.
Con estos datos y la creciente evidencia sobre la relación directa de las temperaturas extremas en la morbimortalidad general, los expertos del Instituto inciden en la importancia de la monitorización continua de estos fenómenos. Estas nuevas cifras evidencian la amenaza creciente del cambio climático sobre la salud pública, por lo que desde este organismo subrayan la urgencia de fortalecer los planes de adaptación frente a la proliferación de episodios climáticos extremos.