Un hombre nada en una piscina.
Muertes y secuelas graves por ahogamientos, ¿son una cuestión de Salud Pública?
La OMS y la sociedad científica Sespas piden medidas en el Día Mundial
El cambio climático incrementa los riesgos de ahogamiento. Fenómenos meteorológicos extremos como inundaciones, tormentas y olas de calor son cada vez más frecuentes y contribuyen a un mayor riesgo de ahogamiento. Los estudios revelan una fuerte asociación entre las olas de calor y los ahogamientos. En el Reino Unido, por ejemplo, una investigación reveló que las muertes por ahogamiento se incrementan en un 7,2 % por cada 1 ºC de aumento en la temperatura. El riesgo es también casi cinco veces superior en días con temperaturas superiores a 25 °C en comparación con los días por debajo de los 10 °C.
Con ocasión del Día Mundial para la Prevención de los Ahogamientos, que se conmemora el 25 de julio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado un nuevo paquete técnico para ayudar a los gobiernos y las comunidades a poner en marcha siete medidas de eficacia probada para reducir las muertes por ahogamiento.
Casi 300 000 personas mueren cada año en todo el mundo por ahogamiento, que sigue siendo una de las 10 causas principales de mortalidad entre niños de 5 a 14 años. Muchas de estas muertes ocurren en ríos, lagos, pozos, depósitos de almacenamiento de agua doméstica y piscinas. Más del 90 % de las muertes por ahogamiento se producen en los países de ingreso bajo y mediano.
"La mayoría pueden evitarse", advierte Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.
Las siete estrategias, recogidas en el acrónimo 'Protect' (por los conceptos en inglés), traducen la aspiración de la primera Estrategia Mundial de Prevención de los Ahogamientos en orientaciones normativas prácticas y aplicables. La Alianza Mundial para la Prevención de los Ahogamientos, una entidad acogida por la OMS, publicó la Estrategia en 2025. El paquete 'Protect' ofrece a las instancias normativas recomendaciones concretas y orientadas por la evidencia en siete ámbitos interconectados para reforzar la seguridad en torno al agua:
- P- Infraestructura física que promueva la interacción segura con el agua;
- R- Capacidad de rescate y reanimación para las personas del entorno y los socorristas profesionales;
- O- Seguridad ocupacional en los trabajos en torno al agua;
- T- Normas de seguridad del transporte en viajes acuáticos;
- E- Educación en natación básica y seguridad acuática;
- C- Sistemas de cuidado infantil y presencia de socorristas; y
- T - Preparación ante amenazas de inundaciones y otras emergencias multipeligro.
"Las siete estrategias 'Protect' ofrecen a los países enfoques prácticos de base empírica para prevenir estas tragedias, por ejemplo: mejorar la seguridad del transporte fluvial, enseñar a los escolares a nadar y prepararse para inundaciones. La prevención de los ahogamientos no es tarea de un solo ministerio; es tarea de todos", recuerda Ghebreyesus.
¿Cuál es la situación de los ahogamientos en España?
"España continúa registrando cada año centenares de fallecimientos evitables por ahogamiento" afirman desde la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), que ha publicado un documento en el que reclama la elaboración de una Estrategia Nacional de Seguridad Acuática que permita coordinar las políticas preventivas, mejorar la vigilancia epidemiológica y reducir de forma sostenida tanto las muertes como las secuelas asociadas a estos episodios.
Los últimos datos del Informe Nacional de Ahogamientos de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo muestran una evolución preocupante. En 2025 fallecieron en España 472 personas por ahogamiento no intencional, el segundo peor registro de la serie histórica homogénea del Informe Nacional de Ahogamientos. Durante los seis primeros meses de 2026 se produjeron otros 217 fallecimientos. Solo en junio de este año se contabilizaron 92 muertes, 19 más que en el mismo mes de 2025 y el peor registro para un mes de junio desde el inicio de la serie.
Para Sespas, "estas cifras muestran que no se trata de sucesos aislados o excepcionales, sino de un problema persistente que requiere una respuesta estructural, coordinada y mantenida durante todo el año".
El perfil de las víctimas apenas ha cambiado en la última década: la mayoría son hombres adultos y el riesgo aumenta entre las personas mayores, debido, entre otros factores, a la mayor presencia de enfermedades crónicas, fragilidad y multimorbilidad. Una parte relevante de los fallecimientos se produce, además, en playas y otros espacios naturales sin servicio de socorrismo.
La sociedad científica considera necesario desarrollar intervenciones adaptadas a las características y circunstancias de los grupos con mayor exposición o vulnerabilidad, entre ellos las personas mayores, la infancia, turistas, pescadores y pescadoras, deportistas y quienes realizan actividades recreativas en espacios acuáticos naturales.
Además, considera que la prevención debe abordarse como una “auténtica política de salud pública”, basada en la evidencia científica, la coordinación institucional y la evaluación continua, "frente a la actual heterogeneidad de las actuaciones entre territorios".
Una estrategia liderada por el Ministerio de Sanidad
Sespas propone que la Estrategia Nacional de Seguridad Acuática esté liderada por el Ministerio de Sanidad y coordinada con las comunidades autónomas, las entidades locales y los sectores implicados en la educación, el turismo, la protección civil, el deporte y la seguridad marítima.
Entre sus principales medidas plantea extender la educación en seguridad acuática desde edades tempranas, promover el aprendizaje universal de la natación y las competencias básicas de autoprotección, desarrollar programas para los grupos de mayor riesgo y adaptar los servicios de vigilancia, señalización y socorrismo a las características de cada espacio.
El documento también plantea incorporar la seguridad acuática a las políticas de adaptación al cambio climático. El aumento de las temperaturas y la prolongación de los periodos cálidos pueden intensificar el uso de playas, piscinas, ríos y embalses, mientras que las lluvias torrenciales, las inundaciones y las crecidas repentinas generan nuevos riesgos. Por ello, propone incluir la prevención de los ahogamientos en los planes de protección civil, adaptación climática y gestión de emergencias, con especial atención a las zonas inundables y a las poblaciones más vulnerables.
Otro de los principales ejes de la estrategia sería crear un Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de las Lesiones por Ahogamiento, que incluya también los episodios no mortales, que pueden causar secuelas neurológicas y discapacidad permanente.
La sociedad científica propone integrar la información de herramientas ya existentes, como 'Aquaticus', del Ministerio de Sanidad, y el Informe Nacional de Ahogamientos, con los registros de mortalidad, hospitales, urgencias, Salvamento Marítimo, Protección Civil y servicios extrahospitalarios. Esto permitiría conocer mejor los factores de riesgo, los tiempos de rescate, la asistencia recibida y las secuelas, además de evaluar la eficacia de las medidas preventivas.