Javier Crespo, hepatólogo.
Una especialidad, demasiadas sociedades
Javier Crespo es hepatólogo, profesor de Medicina y director de la Cohorte Cantabria
Comenzaré por una felicitación. Un amplio grupo cooperativo internacional, desarrollado en buena medida desde el Grupo de Oncología Gastrointestinal de la Asociación Española de Gastroenterología (AEG) y encabezado por Rodrigo Jover, acaba de publicar en el New England Journal of Medicine los primeros resultados del ensayo europeo EPoS II. En 10.799 pacientes de ocho países con adenomas de alto riesgo completamente resecados, iniciar la vigilancia colonoscópica a los cinco años fue no inferior a hacerlo a los tres en términos de incidencia de cáncer colorrectal a cinco años, y evitó más de cuatro mil colonoscopias durante ese periodo. Se trata de un ensayo con implicaciones directas para la práctica clínica y la organización de las unidades de endoscopia, cuyos resultados obligan a reconsiderar la periodicidad de la vigilancia pospolipectomía (1,2).
La especialidad de Aparato Digestivo en España ha alcanzado un desarrollo científico y técnico extraordinario. La hepatología, la endoscopia, la enfermedad inflamatoria intestinal, la neurogastroenterología y la motilidad, la pancreatología, la ecografía digestiva, la enfermedad celíaca o el trasplante hepático son hoy áreas suficientemente complejas para exigir profesionales altamente especializados. Esa especialización ha ampliado nuestro conocimiento, ha impulsado la investigación y ha mejorado la atención. El problema aparece cuando la especialización científica se convierte también en fragmentación institucional.
Escribo desde una posición que inevitablemente condiciona mi mirada. He tenido el privilegio de presidir la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y, anteriormente, de ser secretario de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH). Conozco desde dentro ambas sociedades: su capacidad para generar conocimiento y formación, el trabajo desinteresado de quienes las sostienen y el papel decisivo que han desempeñado en nuestra especialidad. Buena parte de mi vida profesional está vinculada a ellas. Sin embargo, fue durante mi etapa al frente de la Comisión Nacional de la Especialidad de Aparato Digestivo cuando adquirí una conciencia más nítida de la necesidad de preservar una identidad común. En la Comisión Nacional no se contempla al hepatólogo, al endoscopista, al experto en enfermedad inflamatoria intestinal o al especialista en motilidad como profesionales independientes. Allí hay que pensar qué significa ser especialista en Aparato Digestivo, qué conocimientos y competencias debe poseer, cómo debe formarse y cuál debe ser su papel dentro del sistema sanitario. Esa perspectiva obliga a levantar la mirada por encima de cada parcela y conduce a una constatación sencilla: somos una única especialidad, aunque nuestra organización científica pueda sugerir a veces lo contrario.
En torno a esa única especialidad conviven hoy numerosas organizaciones nacionales: la SEPD, la AEG, la AEEH, la Sociedad Española de Endoscopia Digestiva (SEED), el Grupo Español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa (GETECCU), la Sociedad Española de Trasplante Hepático (SETH), la Asociación Española de Ecografía Digestiva (AEED), la Asociación Española de Neurogastroenterología y Motilidad (ASENEM), la Asociación Española de Pancreatología (AESPANC) y la Sociedad Española de Enfermedad Celíaca (SEEC), entre otras (3-12). A ellas se suman sociedades autonómicas y entidades multidisciplinares vinculadas a enfermedades o técnicas concretas. Muchas cuentan con órganos de gobierno, reuniones científicas, formación, becas, proyectos y estructuras administrativas propias. Al mismo tiempo, las sociedades más transversales mantienen grupos de trabajo dedicados a varias de esas mismas áreas (3,4). La superposición es, por tanto, considerable. No cuestiono la legitimidad ni el valor de estas organizaciones. Muchas han sido determinantes para el progreso de sus áreas y han generado comunidades científicas de enorme calidad. La pregunta es otra: ¿necesitamos que cada área de conocimiento se traduzca en una estructura institucional independiente para representar a especialistas que pertenecen a una misma especialidad médica? La multiplicación de estructuras no es, sin embargo, inocua. Puede diluir la identidad común del especialista en aparato digestivo, multiplicar los interlocutores y dificultar la construcción de posiciones compartidas ante problemas que afectan al conjunto. Podemos ser muy fuertes científicamente en hepatología, endoscopia, enfermedad inflamatoria intestinal o motilidad y, al mismo tiempo, resultar menos reconocibles institucionalmente como especialidad.
La sedación en endoscopia constituye un buen ejemplo. Desde hace años ha requerido documentos, debates y sesiones de consenso específicamente dedicados a quién debe realizarla, en qué pacientes y bajo qué condiciones (13). No es necesario que las sociedades mantengan posiciones contradictorias para que exista un problema de representación; basta con que administraciones, otras especialidades, gestores o pacientes no identifiquen con facilidad una voz común de Aparato Digestivo. Lo ocurrido con la sedación puede reproducirse con la ecografía, la organización de las unidades de endoscopia, la incorporación de nuevas tecnologías, las carteras de servicios o la planificación de recursos humanos.
Existe, además, una contradicción de mayor calado. Desde hace años denunciamos la fragmentación de la atención sanitaria y defendemos continuidad, integración, multidisciplinariedad y atención centrada en la persona. La Organización Mundial de la Salud ha formulado de manera explícita la necesidad de desplazar los sistemas diseñados alrededor de enfermedades e instituciones hacia modelos organizados alrededor de las necesidades de las personas y coordinados a lo largo del continuo asistencial (14). Si esa es la dirección que reclamamos para el sistema sanitario, conviene preguntarnos si nuestra propia organización profesional avanza en la misma dirección. El paciente es transversal, y cada vez lo es más. La persona con enfermedad hepática metabólica puede necesitar al hepatólogo, al endocrinólogo, al cardiólogo y al médico de atención primaria. Un paciente con enfermedad inflamatoria intestinal puede desarrollar enfermedad hepática, necesitar procedimientos endoscópicos complejos, apoyo nutricional o cirugía. El paciente con cáncer digestivo atraviesa gastroenterología, endoscopia, anatomía patológica, radiología, oncología y cirugía. La multimorbilidad hace todavía menos útiles las fronteras rígidas. Resultaría paradójico reclamar integración entre especialidades mientras aceptamos sin discusión una creciente fragmentación dentro de la nuestra. Durante décadas organizamos el conocimiento por órganos, técnicas y enfermedades. Esa taxonomía ha sido extraordinariamente fecunda para la ciencia y sigue siendo necesaria. Pero un mapa útil para investigar no siempre coincide con el territorio clínico. La enfermedad hepática metabólica no respeta las fronteras administrativas entre hepatología, endocrinología y medicina cardiovascular; tampoco lo hace el paciente pluripatológico. El problema comienza cuando convertimos categorías útiles para producir conocimiento en fronteras institucionales que después condicionan la representación profesional o la organización asistencial.
También conviene reconocer la objeción contraria. Las organizaciones monográficas pueden ser ágiles, cohesionadas y extraordinariamente eficaces. La respuesta española frente a la hepatitis C ofrece un buen ejemplo de la capacidad de movilización de comunidades especializadas. Sin embargo, el Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C se construyó precisamente como una estrategia del Sistema Nacional de Salud que integraba asistencia, salud pública, administración y múltiples ámbitos profesionales (15). Su enseñanza no es que debamos renunciar a los grupos especializados, sino que los grandes objetivos se alcanzan cuando esos grupos convergen.
Debemos distinguir tres planos. En el plano científico, la especialización no solo es legítima: es imprescindible. EPoS II muestra el valor de una comunidad experta capaz de sostener durante años una pregunta compleja (1,2). En el plano competencial, en cambio, cuestiones como la sedación, la ecografía o la definición de determinadas carteras de servicios afectan al conjunto de la especialidad y requieren posiciones compartidas. En el plano de la implementación ocurre algo similar. Trasladar EPoS II a la práctica no dependerá solo de sus investigadores: exigirá revisar protocolos, reorganizar agendas de endoscopia, coordinar los programas de cribado con la gestión sanitaria y la atención primaria, y decidir cómo se utiliza la capacidad liberada. La ciencia puede producirse en comunidades muy especializadas; su implementación suele exigir una especialidad capaz de actuar como conjunto.
Otros modelos muestran que la subespecialización no obliga necesariamente a multiplicar instituciones independientes. La Sociedad Española de Cardiología integra asociaciones, secciones, redes y grupos de trabajo dentro de una estructura común; la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor articula secciones y grupos científicos; y la Asociación Española de Cirugía mantiene numerosas secciones altamente especializadas dentro de una misma organización (16-18). Ninguno de estos modelos es perfecto ni tiene por qué ser reproducido literalmente, pero muestran que es posible preservar autonomía científica y, al mismo tiempo, una representación profesional reconocible.
Los precedentes más próximos están, además, dentro de nuestra propia disciplina. En Estados Unidos, cuatro sociedades soberanas —AASLD, AGA, ASGE y SSAT— comparten la Digestive Disease Week, un gran espacio científico común, sin renunciar a su identidad (19). En Europa, United European Gastroenterology actúa como organización paraguas de sociedades nacionales y de subespecialidad y se define expresamente como una voz unida de la gastroenterología europea (20). La solución, por tanto, no exige necesariamente fusionar ni hacer desaparecer organizaciones; exige construir un techo común suficientemente sólido. No sé cómo debiera articularse esa estructura ni cómo debiera llamarse. El nombre es secundario. Tampoco propongo que una sociedad absorba a las demás. La historia, la identidad y el capital científico de cada una deben preservarse. Lo relevante es definir qué funciones merece la pena compartir. Podría comenzarse con algo modesto: un foro permanente de las sociedades de aparato digestivo. Primero: una representación institucional común ante las administraciones sanitarias cuando estén en juego competencias de la especialidad. Segundo, elaboración de posiciones comunes sobre cuestiones profesionales y asistenciales que trasciendan a una subespecialidad. Tercero, coordinación progresiva de calendarios científicos y formativos y evaluación de posibles infraestructuras compartidas. Nada de ello obligaría a renunciar a la autonomía científica. Sí permitiría comprobar si somos capaces de hablar como especialidad cuando la situación lo exige.
Una estructura de este tipo exigiría generosidad y, probablemente, algunas renuncias. Las instituciones desarrollan inevitablemente una identidad, una cultura y mecanismos propios de continuidad; es natural. También convendría evaluar de forma explícita el coste de oportunidad de agendas, congresos, cuotas y estructuras administrativas parcialmente superpuestas, sobre todo para residentes y especialistas jóvenes. Pero la pregunta decisiva no debería ser qué perdería cada sociedad, sino qué ganaría la especialidad y, finalmente, qué ganaría el paciente.
Las sociedades científicas no existen únicamente para organizar congresos, publicar documentos o facilitar investigación. También tienen responsabilidad en la calidad de la asistencia y en la interlocución con el sistema sanitario. Nuestros pacientes no recorren su enfermedad siguiendo las fronteras que nosotros hemos creado. A lo largo de su trayectoria no son simplemente pacientes de hepatología, endoscopia, motilidad o enfermedad inflamatoria intestinal; son personas con problemas digestivos que, en momentos diferentes, requieren competencias distintas y, con frecuencia, profesionales de varias disciplinas.
Quienes hemos dedicado una parte importante de nuestra trayectoria a estas instituciones tenemos, a mi juicio, una razón añadida para plantear este debate. No porque hayan fracasado, sino precisamente porque han alcanzado una madurez que permite preguntarnos si el siguiente paso debe consistir en seguir multiplicando estructuras o en comenzar a conectarlas mejor. La especialización del conocimiento ha sido uno de los motores del progreso de Aparato Digestivo y debe protegerse. La fragmentación institucional, en cambio, no es inevitable. Después de décadas creando sociedades, asociaciones, grupos y subgrupos, quizá haya llegado el momento de explorar el camino complementario: conservar la diversidad científica y construir una identidad común más fuerte. Tenemos la obligación de cooperar, pero probablemente también la de encontrar fórmulas estables para unir nuestra representación cuando sea necesario: por nuestra especialidad, por quienes vienen detrás y, sobre todo, por nuestros pacientes. Si realmente creemos que el paciente debe ocupar el centro del sistema, nuestra organización profesional debería ser capaz de contemplarlo como un todo y no únicamente desde cada una de las parcelas en las que hemos organizado nuestro conocimiento.
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Referencias
1. Jover R, Bretthauer M, Cubiella J, Barry SJE, Macios A, Barnett L, Erichsen R, et al; EPoS Study Group. Colonoscopy intervals and colorectal cancer incidence after adenoma removal. N Engl J Med. 2026; 395(11): 1051-1061. doi:10.1056/NEJMoa2603816.
2. Asociación Española de Gastroenterología. Oncología gastrointestinal. Madrid: AEG. Disponible en: https://www.aegastro.es/gt/oncologia-gastrointestinal/
3. Sociedad Española de Patología Digestiva. Estatutos SEPD. Madrid: SEPD. Disponible en: https://www.sepd.es/estatutos
4. Asociación Española de Gastroenterología. Sobre la Asociación Española de Gastroenterología. Madrid: AEG. Disponible en: https://www.aegastro.es/p/sobre-la-aeg/
5. Asociación Española para el Estudio del Hígado. Estatutos y Reglamento. Madrid: AEEH. Disponible en: https://aeeh.es/asociacion-espanola-estudio-higado/estatutos-y-reglamento/
6. Sociedad Española de Endoscopia Digestiva. La Sociedad. Madrid: SEED. Disponible en: https://wseed.es/index.php/quienes-somos/la-sociedad
7. Grupo Español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa. Quiénes somos. GETECCU; (citado 20 septiembre 2026). Disponible en: https://geteccu.org/sobre-geteccu/quienes-somos
8. Sociedad Española de Trasplante Hepático. SETH. Madrid: SETH. Disponible en: https://sethepatico.org/index.php
9. Asociación Española de Ecografía Digestiva. AEED. Madrid: AEED. Disponible en: https://www.ecodigest.net/
10. Asociación Española de Neurogastroenterología y Motilidad. Presentación [Internet]. Barcelona: ASENEM. Disponible en: https://www.asenem.org/asenem/presentacion/
11. Asociación Española de Pancreatología. AESPAN. Bilbao: AESPANC. Disponible en: https://aespanc.es/
12. Sociedad Española de Enfermedad Celíaca. La Sociedad Española de Enfermedad Celíaca SEEC. Disponible en: https://seec.es/la-sociedad-espanola-de-enfermedad-celiaca/
13. Fundación Española de Endoscopia Digestiva. Sedación en Endoscopia Digestiva: Sesión de Consenso SEED/SEPD. Madrid: FEED. Disponible en: https://www.aeed.org/miembros/sedacion.htm
14. World Health Organization. Integrated people-centred care. Geneva: WHO. Disponible en: https://www.who.int/health-topics/integrated-people-centered-care
15. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C en el Sistema Nacional de Salud. Madrid: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; 2015.
16. Sociedad Española de Cardiología. Estatutos y Reglamentos: estructuras científicas. Madrid: SEC. Disponible en: https://secardiologia.es/institucional/quienes-somos/quienes-somos/estatutos
17. Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Estatutos de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Madrid: SEDAR; 2023. Disponible en: https://www.sedar.es/images/images/site/Estatutos_SEDAR_2023.pdf
18. Asociación Española de Cirugía. Coordinadores de secciones y grupos de trabajo AEC. Madrid: AEC. Disponible en: https://www.aecirujanos.es/Consejo-Editorial_es_304.html
19. Digestive Disease Week. Home Page. Bethesda (MD): DDW. Disponible en: https://ddw.org/
20. United European Gastroenterology. Who we are. Vienna: UEG. Disponible en: https://ueg.eu/about