Pablo Lapunzina

Pablo Lapunzina

Opinión

Los nuevos profesionales que necesitan los hospitales

Prof. Dr. Pablo Lapunzina. Médico Genetista- Doctor en Medicina, Máster en Genética Molecular y Máster Universitario en Gestión y Planificación Sanitaria, UE- Catedrático de Universidad (ANECA)-INGEMM-IdiPAZ-Instituto de Genética Médica y Molecular- Hospital Universitario La Paz- CIBERER-Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras- ISCIII- ERN-ITHACA-Departamento de Genética-CUHMED- Centro Universitario HM de Ciencias de la Salud-UCJC, Madrid.

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Durante gran parte del siglo XX resultaba relativamente sencillo describir quién trabajaba en un hospital: médicos, enfermeras, farmacéuticos, técnicos, auxiliares y personal administrativo. En 2026 esa descripción empieza a quedarse corta. Un hospital moderno ya no gestiona solamente pacientes: gestiona también imágenes digitales, millones de datos, algoritmos, dispositivos conectados, genomas, y sistemas de inteligencia artificial. Y para hacerlo bien necesita profesionales que hasta hace pocos años apenas aparecían en sus organigramas.

La genómica constituye uno de los ejemplos más claros. Secuenciar un genoma no equivale a interpretarlo ni, mucho menos, a explicar sus implicaciones a un paciente y su familia. El National Health Service británico reconoce dentro de su ecosistema genómico perfiles como científicos genómicos, bioinformáticos clínicos y consejeros genéticos, integrados en equipos multidisciplinares. El bioinformático transforma grandes volúmenes de variantes genómicas en información interpretable; el consejero genético ayuda a comprender riesgos, incertidumbres y consecuencias familiares. [1]

En centros como la Cleveland Clinic, estos perfiles ya forman parte estable de la atención en cáncer hereditario, enfermedades cardiovasculares, neurología o diagnóstico prenatal. [2] No sustituyen al médico; permiten repartir mejor funciones que se han vuelto demasiado complejas para concentrarlas en una sola profesión. En España, hay ejemplos, pero no están integrados totalmente en el organigrama hospitalario.

Algo similar sucede con bioinformáticos, matemáticos, bioestadísticos y científicos de datos. Un algoritmo que predice una complicación o clasifica una imagen necesita mucho más que programación o el uso de un software enlatado. Alguien debe seleccionar los datos, comprobar su calidad, detectar sesgos, validar el modelo y vigilar que continúe funcionando cuando cambia la población o el contexto clínico. Aquí aparecen también los ingenieros de datos, cuya tarea resulta esencial para conectar historias clínicas, laboratorios, imagen, biobancos y plataformas de investigación. Sin buena arquitectura de datos, disponer de millones de registros puede significar simplemente disponer de millones de datos difíciles de utilizar.

Esta transformación ya se observa también en España, sobre todo en entornos con mayor flexibilidad organizativa. La Clínica Universidad de Navarra y el Cima, por ejemplo, desarrollan programas donde convergen ingeniería, medicina, biología, bioinformática e inteligencia artificial. [3] En el sector privado existen asimismo unidades de asesoramiento genético, análisis genómico avanzado y medicina personalizada. Son todavía experiencias heterogéneas, pero indican hacia dónde se dirige el hospital complejo.

La inteligencia artificial añadirá nuevos perfiles. Se habla mucho del ingeniero de prompts, aunque probablemente convenga no convertir demasiado pronto una competencia emergente en una profesión definitiva. Parece más razonable pensar en especialistas en IA clínica capaces de diseñar y evaluar instrucciones, integrar modelos en los flujos asistenciales, detectar errores, monitorizar seguridad y establecer cuándo una decisión debe permanecer en manos humanas. El prompt engineering sería una capacidad dentro de ese perfil más amplio.

A estos profesionales se suman especialistas en ciberseguridad, interoperabilidad, ingeniería biomédica, regulación de dispositivos y gobernanza del dato. Cuando una historia clínica contiene información genómica permanente y un algoritmo puede influir en una decisión diagnóstica, proteger el dato deja de ser sólo un problema informático: se convierte en una cuestión clínica y legal. Y es aquí donde aparece otra profesión que probablemente necesitará mucho más espacio dentro del hospital: el jurista especializado. La medicina contemporánea plantea problemas que van mucho más allá del consentimiento informado clásico: uso secundario de datos clínicos, investigación con genomas, transferencia internacional de información, inteligencia artificial, propiedad intelectual, dispositivos digitales o colaboración con empresas tecnológicas. En Europa, el Reglamento General de Protección de Datos, el AI Act y el Espacio Europeo de Datos Sanitarios están transformando rápidamente este entorno. El hospital necesitará, por tanto, más expertos en derecho sanitario, protección de datos, investigación biomédica y regulación tecnológica. Su función no debería ser añadir burocracia, sino precisamente lo contrario: convertir una normativa compleja en decisiones ágiles, seguras y comprensibles para clínicos, investigadores y gestores.

Éste es un cambio importante de cultura organizativa. Incorporar a estos profesionales como servicios periféricos sería probablemente insuficiente. El bioinformático debe participar en un centro de Genética/Genómica y/o el comité molecular; el científico de datos necesita comprender cómo se genera el dato que analiza; el ingeniero debe conocer el flujo asistencial que pretende modificar; el jurista debe intervenir antes de que el proyecto esté bloqueado; y el consejero genético debe formar parte del proceso clínico, no aparecer sólo al final.

Mayo Clinic ofrece un buen ejemplo de esta interdisciplinariedad en sus programas de genómica de precisión, donde trabajan conjuntamente médicos genetistas, científicos, consejeros genéticos, enfermería y otros especialistas. [4] El valor no reside únicamente en disponer de cada profesional, sino en conseguir que compartan un mismo proceso dentro del hospital para resolver un problema clínico.

España dispone de excelentes ingenieros, matemáticos, bioinformáticos, juristas y científicos de datos. La cuestión es si nuestro sistema sanitario ha diseñado suficientemente cómo incorporarlos, acreditarlos y ofrecerles una carrera profesional dentro del hospital. Con frecuencia acceden mediante proyectos de investigación o contratos temporales, cuando algunas de sus funciones ya son claramente asistenciales y estructurales.

Quizá el cambio conceptual sea sencillo: el hospital del siglo XXI no debería preguntarse solamente cuántos médicos y enfermeras necesita, sino qué combinación de competencias necesita para atender a un paciente cuya enfermedad se expresa simultáneamente en síntomas, imágenes, estudios moleculares, datos y decisiones regulatorias. La medicina seguirá necesitando médicos. Pero precisamente porque será cada vez más compleja, los médicos necesitarán trabajar con profesionales que hasta ahora apenas tenían una puerta de entrada al hospital.

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Referencias

(1) NHS Genomics Education Programme. Careers in genomics.

(2) Cleveland Clinic. Center for Personalized Genetic Healthcare.

(3) Cima-Clínica Universidad de Navarra. Programa de Ingeniería Biomédica.

(4) Mayo Clinic. Program in Precision Genomics.