16 nov 2018 | Actualizado: 00:00

Manel Sabaté destaca “la seguridad” del stent farmacoactivo con polímero biodegradable

El dispositivo está destinado a personas con riesgo de reestenosis, como diabéticos, pacientes con oclusiones completas, lesiones largas o arterias de tamaño pequeño

Lunes, 15 de abril de 2013, a las 12:22

Eva Fariña
El Hospital Clínic de Barcelona ha implantado el stent Synergy, comercializado por Boston Scientific, a unos 40 pacientes en los últimos tres meses, y “el balance es positivo”, según ha explicado Manel Sabaté, jefe del Servicio de Cardiología del centro catalán. Synergy es un stent farmacoactivo que libera el medicamento a través de un polímero biodegradable. Los stents de primera generación tenían un polímero que quedaba permanente, y podía causar una inflamación de la pared del vaso y oclusión del stent. A largo plazo, esa inflamación podía inducir a que el stent se trombosara. Con esta nueva tecnología, el polímero y el fármaco desaparecen. El nuevo dispositivo farmacoactivo está destinado a personas con riesgo de reestenosis, como los diabéticos, pacientes con oclusiones completas, lesiones largas o arterias de tamaño pequeño.

Manel Sabaté, jefe de Servicio
de Cardiología del Hospital Clínic
de Barcelona.

“Se trata de una evolución dentro de los stents farmacoactivos, que se emplean para intentar disminuir la tasa de reestenosis (obstrucción de una arteria). El fármaco se puede aplicar sobre el stent y liberarse de tres maneras. La primera sería aplicándolo directamente sobre el metal del stent. La segunda sería aplicándolo sobre un polímero que controla su liberación, pero que queda de forma permanente, para siempre. Y el tercer desarrollo sería el que realiza Synergy, que tras la liberación del fármaco, el polímero desaparece. La ventaja de esta última posibilidad es que, cuando desaparece el fármaco, diluido, también desaparece el polímero y queda el stent como si fuera convencional. Por tanto, podría tener menos tendencia a que se pudiera trombosar”, ha explicado Sabaté.

La experiencia del Clínic todavía es corta, si bien la valoración que hace el responsable del Servicio de Cardiología es positiva: “Desde el punto de vista técnico es un dispositivo bueno, un stent con buena flexibilidad, con buena capacidad de cruce de la obstrucción y que se adapta bien al vaso. Además, previene la reestenosis por efecto del fármaco, y por el momento funciona bien. Nuestros datos son favorables, no hemos observado ninguna complicación ni aguda ni a largo plazo, aunque llevamos pocos meses usándolo”.

Sabaté también ha recordado los resultados del estudio Evolve I, realizado con casi 300 pacientes, y que comparaba el nuevo stent Synergy con el Promus Element. En la actualidad se está realizando el estudio Evolve II, que todavía está en una fase inicial, y que ampliará la investigación con unos 1.600 pacientes. “Este segundo estudio es el que va a demostrar los verdaderos beneficios del Synergy”, ha indicado este especialista, que calcula que los primeros resultados se conocerán a finales del año 2014.

Hasta el momento, la seguridad es uno de los factores que ha destacado Manel Sabaté: “Ningún paciente se ha trombosado de manera aguda durante el procedimiento ni en los primeros días. A largo plazo todavía no podemos valorar los datos. Hemos utilizado este dispositivo en todo tipo de pacientes, especialmente aquellos que tienen un mayor riesgo de reestenosis, con infarto agudo de miocardio, lesiones complejas, diabéticos, con oclusiones totales, etc., y no ha habido ninguna complicación aguda, ni tampoco ningún problema de implantación”.

Synergy es un stent farmacoactivo que libera el medicamento a través de un polímero biodegradable.

Los profesionales que implantan este nuevo dispositivo no han necesitado ningún tipo de formación adicional. En cuanto al paciente, Sabaté ha asegurado que no se pueden adelantar conclusiones, ya que no hay estudios, pero “es posible que al desaparecer el fármaco y el polímero, se podría reducir el tiempo que requiere el paciente de recibir tratamiento antiagregante”. “Todavía no hay ensayos que lo demuestren, pero potencialmente tendría la capacidad de suspender alguna de las medicaciones con más seguridad. La medicación antitrombótica o antiagregante ya no sería necesaria durante un año, como ocurre con los dispositivos farmacoactivos de primera generación. Es posible que sea suficiente un plazo de seis meses, o incluso menor, pero esto hay que demostrarlo. Si esta posibilidad se hace realidad, podría ser beneficioso en pacientes de edad avanzada que tienen mayor riesgo de sangrado”.