18 de octubre de 2017 | Actualizado: Martes a las 19:20

¿Falta valor para acabar con el 'efecto fin de semana' en el hospital?

¿Falta valor para acabar con el 'efecto fin de semana' en el hospital?
Gonzalo Toca
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Sábado, 04 de junio de 2016, a las 20:00
El fin de semana es un territorio ambiguo, desafiante y, a veces, hasta polémico para todos los centros sanitarios. Los gestores y jefes de equipo saben o intuyen que los riesgos para la vida de los pacientes que ingresan aumentan considerablemente, que el servicio de Urgencias y su motivación se vuelven cruciales y que  las necesidades de los enfermos, aunque levemente, también se transforman. Las duras medidas que tendrían que tomar para hacer frente a esta realidad exigen transparencia, determinación, profundos sacrificios, un gran debate social que no busque culpables fáciles y unas enormes dosis de valentía y coraje. No hay muchos voluntarios. 

Empecemos por el principio. La diferencia esencial entre lo que ocurre un miércoles  en un hospital y lo que pasa en el período que va desde el viernes a las tres de la tarde y el lunes a las ocho de la mañana es lo que los expertos llaman ‘el efecto fin de semana’, es decir, el aumento de las probabilidades de fallecimiento de los ingresados debido a la reducción de los medios técnicos y humanos que pueden atenderlos. Según Antonio Zapatero, que lo ha documentado con el equipo de gestión clínica de la Sociedad Española de Medicina Interna, de la que es vicepresidente primero, ha dejado de ser una intuición informada para convertirse en una evidencia científica.

Antonio Zapatero, vicepresidente primero de la SEMI.

En países como España y Estados Unidos, advierte, “la mortalidad aumenta entre un 10% y un 30% en los pacientes que ingresan los sábados y los domingos en casi todos los ámbitos menos en Neonatología y Cuidados Intensivos, donde los efectivos son prácticamente los mismos un miércoles o un domingo”.Los estudios que soportan su tesis son abundantes y rigurosos: uno de ellos, de la Universidad de Tufts (Boston, EEUU), puso bajo el microscopio el ingreso hospitalario de casi 30 millones pacientes antes de sacar conclusiones.

Otro problema adicional es que los médicos que tienen 55 años o más y que son muchas veces los más experimentados y prestigiosos, no tienen por qué hacer guardias. Esto se traduce en que no sólo es diferente el número de los medios humanos durante el sábado y el domingo, sino también su perfil.   

Empezar a documentar el ‘efecto fin de semana’ ni fue fácil ni es una tarea concluida en España. El contexto es tan perverso que penaliza la investigación de los hospitales, que temen aparecer señalados ante la opinión pública si los resultados de sus análisis internos salen a la luz. Eso ocurre, además, en un contexto político muy marcado por la indignación que desataron los recortes en sanidad y el miedo de los políticos a ser acusados del desmantelamiento del estado del bienestar. Les preocupa que los ajustes y la falta de medios durante el fin de semana, aunque no están directamente relacionados, queden indisolublemente unidos en el inconsciente del electorado.

Opciones tóxicas

Por eso, las tres opciones a las que se enfrentan muchas veces los gestores hospitalarios y los políticos son o ignorar y negar la existencia del problema, o no investigarlo a fondo, o estudiarlo y no revelar las conclusiones a los medios de comunicación. Se han dado incluso casos en los que directivos de hospital han hecho firmar cláusulas de confidencialidad a los autores de un estudio.

Las dos primeras opciones incrementan la vulnerabilidad del sistema de salud, porque los centros no saben con seguridad a qué se enfrentan y la tercera impide que se abra un debate nacional sobre qué medidas tienen que tomarse, qué modelos funcionan mejor dentro y fuera de España y hasta qué punto existen medios económicos suficientes para resolver la situación. En esta opacidad, los días, los meses y los años transcurren como barcos en la noche y se acumulan, trágicamente, cientos o miles de muertes que podrían haberse evitado. 

Pero que el diagnóstico sea relativamente sencillo no significa, como plantea Antonio Zapatero, que  también lo sea el tratamiento. Ni mucho menos. Al fin y al cabo, hablamos de imponer un nivel similar de servicios el sábado y el domingo que en los días de labor o, al menos, de acortar distancias todo lo posible.

Las medidas para limar las diferencias parecen claras. Para empezar, habría que identificar el problema concreto en cada clínica rasgando este velo de opacidad. También habría que contratar más personal, reorganizar y alargar los horarios y los turnos de algunos profesionales sanitarios y, finalmente, habría que educar y seducir a los pacientes para que utilicen las emergencias durante los fines de semana sólo si verdaderamente no pueden esperar al lunes. La falta de transparencia es la mejor amiga de la polarización política que vivimos, la fragilidad de las arcas públicas hace muy difíciles las nuevas contrataciones y la educación y seducción de los pacientes llevarán años si no décadas.

Jesús Sánz, presidente de ANDE.

Por otra parte, los cambios drásticos en horarios y turnos tropiezan con el poder de los sindicatos, que para terror de los políticos pueden vincular fácilmente en sus campañas –reforzadas ahora por el megáfono de las mareas blancas–los recortes y el ‘efecto fin de semana’. También tropiezan con la posibilidad de quemar aún más a unas plantillas que, precisamente porque hay puestos que se han amortizado y se han producido despidos, llevan años haciendo lo mismo con menos y están cada vez más agotadas y peor retribuidas.

Concretamente, un informe de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) publicado en 2014 asegura que el 30% de los médicos están quemados y que eso multiplica por siete las probabilidades de equivocarse con su paciente durante un turno largo. Otro análisis muestra Jesús Sanz, director académico del Máster en Gestión y Planificación Sanitaria para Directivos de la Salud de la Universidad Europea de Madrid y presidente de la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (ANDE), que se apoya en estudio publicado por la revista The Lancet, para alertar de los “los riesgos de sobrecargar aún más a los enfermeros y enfermeras”. Así, apunta que por cada paciente extra que se añade, las posibilidades de que un paciente muera en el mes posterior a la cirugía se incrementan un siete por ciento.

Fuentes médicas aseguran que, por todo eso, paliar sustancialmente el ‘efecto fin de semana’ sin nuevas contrataciones o un profundo cambio de mentalidad en los pacientes provocaría el deterioro del servicio de lunes a viernes. Los profesionales se desmotivarían aún más y dejarían de dar lo mejor de sí mismos. Sólo habríamos conseguido reducir los fallecimientos del sábado aumentando los del martes. 

Medidas a media luz

De todos modos, la mayoría de los hospitales, aunque no siempre se atrevan a investigar los detalles del ‘efecto fin de semana’ o a revelar las conclusiones de los estudios, son conscientes de que existen más riesgos para los pacientes en los festivos y han implementado medidas para reducirlos que no exigen las grandes contrataciones o reformas drásticas en los turnos que no se pueden permitir.

La primera medida, como recuerda Sanz es “garantizar que la actividad planificada se lleve a cabo, intentar que los niveles de calidad en la atención sean los mismos y mantener o reforzar áreas como Urgencias”. Otros elementos esenciales son “definir los procesos, protocolizar la actividad, planificar adecuadamente los cuidados, la informatización de la historia médica y la disponibilidad de toda la información en tiempo real”.

José Javier Varo, jefe de Urgencias de la Clínica Universidad de Navarra.

Es necesario también, como recuerda José Javier Varo Cenarruzabeitia, jefe de Urgencias de la Clínica de la Universidad de Navarra, “tener datos históricos sobre las fechas y las horas” en las ha habido picos de demanda en los años anteriores. Es lo que los centros médicos utilizan para prever y calcular el volumen de urgencias de cualquier fin de semana y también la base sobre la que deciden cuántas guardias harán falta o cuántas infraestructuras, quirófanos por ejemplo, deben permanecer abiertas.

Es verdad que esos datos tienen  limitaciones a la hora de luchar contra el ‘efecto de fin de semana’. La más obvia es que los hospitales y clínicas relativamente nuevos tardarán años en acumular esa información. Además, si no se cruzan los datos de ese históricocon su impacto sobre ‘efecto fin de semana’ será muy difícil saber hasta qué punto los medios técnicos y humanos fueron eficaces y suficientes.

Otras herramientas esenciales, afirma Varo, son “disponer de un servicio de Urgencias bien dotado, que es lo habitual, y lo más motivado posible”. Para él, es fundamental “gestionar bien al personal para que no se queme y animarlo a seguir formándose y a participar en proyectos de investigación”. Uno de los motivos de esa quemazón, advierte, es que hay muchas personas que acuden a urgencias sin necesidad, y por eso identifica “el triaje” como un elemento básico para minimizar el impacto y mejorar así la calidad de la atención de todos.

Que el ‘efecto fin de semana’ en el hospital es mucho más que una leyenda urbana que recorre sus pasillos está cada vez más claro. Así lo atestiguan numerosas investigaciones, pero ni siquiera eso ha hecho que combatirlo se haya convertido en una prioridad dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS).  El equipo de la SEMI que encabeza Antonio Zapatero o la apuesta por la transparencia de la Universidad de Navarra al reconocer que están intentando darle solución suponen un paso adelante. Sin embargo, aún quedan muchos para que acudir a un hospital ofrezca las mismas garantías, ya sea lunes o sábado.