Jordi Gascón, jefe de la Unidad de Memoria del Hospital de Bellvitge.
La
Expedición Tahina‑Can es un proyecto académico anual organizado desde la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en el que participan estudiantes universitarios, periodistas y un grupo de diferentes profesionales para
explorar culturas y sumar experiencias en lugares con una profundidad que difícilmente se consigue en viajes turísticos convencionales. En este contexto, Jordi Gascón, jefe de la Unidad de Memoria del Hospital de Bellvitge, ha contado en
Redacción Médica cómo desde hace tres años acompaña a cada grupo como
médico responsable de la salud de los expedicionarios.
Sobre la principal motivación personal para formar parte de esta experiencia, comenta que influyó el hecho de "
viajar por el mundo y a conocer cosas diferentes", aparte de poder hacerlo con un amigo que le propuso unirse al equipo. Así, el trabajo de Gascón combina la observación del itinerario del grupo con la
vigilancia sanitaria constante. Como él mismo describe, "es un mix entre seguir el itinerario de los expedicionarios", lo que conlleva "
estar pendiente de que a alguien le pase algo y resolverlo sobre la marcha, incluso en un autobús", y "disfrutar del acercamiento más profundo a la cultura y a las cosas que se visitan".
Preparación médica: una mochila de 15 kilos
Antes de cada expedición, la preparación médica es clave. Gascón estudia el
sistema sanitario del país de destino y los recursos disponibles, además de recabar información sobre la salud de los expedicionarios: "Me interesa saber qué centros médicos o qué recursos tendré cerca,
qué disponibilidad tengo de ellos y qué nivel asistencial tienen, por si los necesito nada más". "Luego hay un interés previo también en preguntarle a los expedicionarios sobre q
ué enfermedades tienen y especialmente me interesa saber
si hay algún diabético, epiléptico, asmático o alérgico, alguna cosa concreta", añade.
Después, se prepara la mochila y el material, llevado un equipamiento amplio y detallado: "
Voy con una mochila y llevo 15 kilos de material porque voy preparado para la mayoría de eventualidades que me pueda encontrar por el camino". Entre las situaciones que se pueden dar, destaca "suturar o coser, desinfectar y lavar heridas", así como "resolver algún tipo de traumatismo".
En cuanto a medicamentos, lleva aquellos destinados a
"tratar infecciones, alergias, diarreas, problemas oculares y problemas otológicos". También "test para diagnosticar el Covid-19 o la malaria" en determinadas zonas e incluso "equipos de infusión e inhaladores para los asmáticos". "Llevo también material para
tomar tensión arterial, para la determinación de la saturación de oxígeno, pinzas especiales...", enumera el neurólogo.
Emergencias y toma de decisiones
Y es que durante las expediciones surgen
situaciones que requieren decisiones rápidas y precisas. Gascón recuerda un episodio crítico en Kirguistán: "A una cierta altura tuvimos que bajar a un compañero, porque entre cuestiones físicas y que tenía una enteritis, se puso
muy hipertenso y muy taquicárdico durante varias horas. Al ser un compañero con cierta edad y en una situación de riesgo, hubo que actuar: "Si te quedas allí, pasan demasiadas horas en esta situación hemodinámica, pero la solución es fácil, bajas. Lo bajas a una altura donde el oxígeno esté mucho más disponible y su cuerpo entonces responde y se desestresa y deja de estar hipertenso y de estar taquicárdico. El problema de tener a alguien de cierta edad a tensiones altas y frecuencias cardíacas altas es que pueda tener algún evento cardiovascular".
Gascón explica que la
prevención de problemas sanitarios comienza antes del viaje mediante reuniones online con los expedicionarios y el staff. Allí se explican desde medidas de higiene hasta recomendaciones básicas de viaje. "En esas videoconferencias, yo explico
aspectos médicos, desde cómo prevenir la diarrea del viajero lavándote las manos y comiendo lo que tienes que comer hasta que tienes que llevar agua y ponerte protector solar y buen repelente de insectos", cuenta.
Cultura y aprendizaje personal
Sobre las habilidades necesarias para un
médico de expediciones, el neurólogo asegura que debes "ser una persona con paciencia y con
tolerancia a las interrupciones y a los imprevistos porque estás allí y es como estar en Urgencias, los pacientes van llegando, no están programados". Eso en la parte médica, mientras que, además, tienes que tener un "aspecto humano en concordancia o compatilidad con el hecho de estar viajando y con las incomodidades que un viaje puede comportar y la capacidad de resiliencia y paciencia y saber disfrutar de viajar con equipo de personas que van a hacer un trabajo".
En este caso, afirma que debes tener claro que
el papel de médico es "en un segundo plano": "El eje del viaje es ese trabajo periodístico y ese componente académico, pero eso no quita que no tengas que integrarte con el equipo, que no tengas que participar con los chavales si tienen alguna necesidad, con los monitores o con el staff". En definiitva, a su juicio, al médico de expediciones debe "gustarle su trabajo y ser un buen viajero a quien le resulte fácil adaptarse a todo".
Finalmente, sobre lo que la experiencia le ha enseñado, resume que este tipo de intervenciones "han sido fáciles" desde su punto de vista. Lo que ha aprendido, continúa, es a saber por un lado que puede hacerlo y que le resulta "cómodo y divertido
" juntar su "formación, su trabajo profesional como médico y su afición por viajar". Por otro, afirma que "es un lujazo viajar con amigos con los que te entiendes perfectamente, cada uno con su rol e independencia", aunque también interaccionar "con gente mucho más joven". Así, el
contacto con distintas culturas y personas ha marcado su experiencia. "La verdad es que todo ha sido espectacular", concluye.
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